domingo, 14 de diciembre de 2014

El disfraz del Emperador



Con ésta simpática anécdota esperamos dar comienzo a una serie de entradas basadas en narraciones biográficas y libros de memorias -algunas curiosas, otras valerosas, las más francamente divertidas- de personajes de la época napoleónica, al objeto de tener una visión diferente a través del rico prisma que nos proporcionan las mismas . La primera, como no, del propio Napoleón:

 "Mientras que todo París comentaba esta aventura con una malignidad sarnosa [las pullas entre dos damas de la alta sociedad], Napoleón, deseando reposar tras el prodigioso esfuerzo que había desplegado en Boulogne y Austerlitz, pensó en divertirse algo. Pero no estaba hecho para las distracciones mundanas. Constant nos lo prueba:

 «Una mañana, el emperador me llamo y dijo:
 »-Constant, he decidido ir a bailar esta noche en casa del embajador italiano. Trasladaréis hoy diez trajes completos hasta el apartamento que ha dispuesto para mí.
 »Obedecí, y por la noche, me dirigí, con Su Majestad, hasta la casa de Monsieur de Mareschalchi. Lo arreglé lo mejor que pude, con un disfraz negro, y me esforcé en dejarlo completamente irreconocible. Todo iba perfectamente, a pesar de las numerosas observaciones formuladas por el emperador sobre la ridiculez del disfraz y la mala facha que da un dominó. Pero cuando se trató de cambiar el vestido, se negó radicalmente, a pesar de todo lo que dije al respecto. Por ello fue reconocido así que entró en el baile. Se dirigió directamente hacia una máscara con las manos en la espalda, según su costumbre. Quiere iniciar una intriga, pero a la primera pregunta que formula, se le responde tratándolo de sire.

 
http://all-that-is-interesting.com/masquerade-ball-history (Source: The Dreamstress)

 »Entonces, decepcionado, da la vuelta bruscamente y regresa junto a mí.
 »-Teníais razón, Constant. Me han reconocido … Traedme zapatos y otro traje.
 »Le calcé de los zapatos y vestí nuevamente, recomendándole mantener los brazos colgando, si no deseaba ser reconocido nuevamente de buenas a primeras. Su Majestad me prometió seguir fielmente lo que él llamaba mis instrucciones. Pero, recién entrado con su traje nuevo, si le apróxima a una dama quien, viéndole aún con las manos cruzadas tras la espalda, le dice:
 »-Alteza, estáis reconocido.
 »El emperador dejó caer inmediatamente sus brazos, pero era demasiado tarde y todos se alejaban respetuosamente para dejarle sitio. 
»Una vez más regresó a su apartamento para tomar un tercer traje, prometiéndome firmemente prestar atención a sus gestos, a su postura y ofreciéndose a apostar que no sería desenmascarado.
 »Esta vez, en efecto, entró en la sala como en un cuartel, empujándolo y codeándolo todo alrededor suyo. A pesar de ello, vinieron también a decirle a la oreja:
 »Vuestra Majestad está reconocido.» (13) 
 Humillado, Napoleón regresó a cambiar su traje y a tomar el de un pachá turco.
 Pero, así que apareció en la sala, todos los asistentes se levantaron exclamando:
 -¡Viva el Emperador! 
 Derrotado, el soberano fue a ponerse su uniforme y regreso a casa, furioso por no haber sabido disfrazarse como todo el mundo.
 Felizmente, existían, por otro lado, diferentes satisfacciones …"

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(13) Constant, Memorias




Fuente: "Historias de Amor de la Historia de Francia" (VII) Napoleón y Las Mujeres - Guy Breton -  Ed. Bruguera, Libro Amigo, Barcelona, 1970

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