sábado, 31 de enero de 2015

Las cuentas del Emperador

Baptiste Antoine Marcellin de Marbot debe su fama a las fascinantes memorias que escribió de sus vivencias durante las campañas de Napoleón, con un lenguaje sencillo, directo, humano y no exento de graciosos toques de humor. Relata sus primeras vivencias de juventud, al lado de su padre, el general Jean Antoine Marbot que murió en el asedio de Génova, las heridas recibidas en Eylau y otras famosas batallas, así como su paso por las diferentes campañas primero como edecán y posteriormente como mando y comandante del 20º de cazadores a caballo. Participó también en Waterloo y ampliaría sus dilatadas memorias para defenderse de lo que aconteció dicha jornada en su flanco con la ausencia de las tropas de Grouchy. Os transcribo este simpático párrafo del original en inglés (0).



El barón de Marbot. (1)



"Napoleón trataba usualmente a sus oficiales con amabilidad, pero había un punto en el cual quizás era demasiado estricto, porque responsabilizaba a los coroneles de mantener a sus unidades al completo de sus efectivos, lo cual a veces era muy complicado de conseguir durante una campaña...

... Sucedió que el Emperador en el curso de uno de sus interminables viajes que hacía para visitar varios cuerpos del ejército, vio a los Cazadores (Chasseurs) a caballo de su Guardia, que se estaban desplazando hacia otra posición. Él estaba particularmente orgulloso de este regimiento, del cual formaban su núcleo los "guías" (guides) de Italia y Egipto. El emperador, cuyo experimentado ojo podía estimar muy exactamente los efectivos de una columna, notando que su número se había reducido mucho, sacó de su bolsillo una libreta y, llamando al Coronel Morland (*), el comandante de los Cazadores a caballo, le dijo con voz severa:

- "Su regimento consta en mis notas como teniendo 1.200 hombres, y aunque usted no ha entrado en acción, no tiene más que 800; ¿qué ha pasado con los otros?"

El Coronel Morland
El Coronel Morland era un buen y bravo soldado, pero no tenía una lengua rápida, y quedándose bastante perplejo, dijo en su dialecto franco-alsaciano, que sólo tenía una pequeña reducción de hombres. El Emperador mantuvo que tenía unas bajas de 400 hombres, y que para llegar al fondo del asunto quería tener un recuento inmediato; pero sabiendo que el Coronel Morland era muy apreciado por los oficiales del cuartel general imperial, se temió que lo encubrieran y pensó que estaría mejor conocer la verdad escogiendo a un oficial que no perteneciera al entorno de los Cazadores; así que, viéndome, me ordenó contar a los Cazadores y entregarle a él personalmente un registro de su número; habiendo dicho esto, se alejó al galope. Yo empecé mi tarea, que fue facilitada por el hecho de que pasaban en filas de cuatro y a ritmo de paseo.

Pobre General Morland, que conocía cuan cerca estaba Napoleón de la realidad, estaba en un estado de gran agitación, porque previó que mi reporte podría hacer caer sobre su cabeza una buena reprimenda. Él apenas me conocíay no se atrevió a sugerir que podría ponerme en peligro a mí mismo para sacarlo del apuro. Estaba sentado silenciosamente en su caballo a mi lado, cuando afortunadamente para él, su ayudante [Fournier] se acercó a mi lado (**)...

...El General Morland, viendo el placer que habíamos tenido en rencontrarnos, pensó que podría sacar provecho de nuestra mutua amistad para persuadirme que no revelara al Emperador el número de hombres del que carecía. Tomó a su ayudante a un lado y hablaron durante un tiempo; entonces Fournier vino, y en nombre de nuestra formal amistad me pidió que librara al General Morland de una situación desagradable ocultando al emperador el número de efectivos de los que el regimiento estaba disminuido. Yo lo rechacé firmemente y continué contando. La estimación del Emperador era bastante cercana porque sólo habían poco más de ochocientos Cazadores presentes, cuatrocientos estaban desaparecidos.

Ya estaba dispuesto para hacer mi reporte, cuando el General Morland y el Capitán Fournier renovaron sus ruegos puntualizando que la gran parte de los hombres que se habían quedado en el camino por varias razones se unirían a ellos en poco tiempo y que no era probable que Napoleón comenzara la batalla antes de la llegada de las divisiones de Friant y Gudin, que estaban aún a las puertas de Viena, treinta y seis leguas (***) y les llevaría varios dias alcanzarnos. Añadieron que el Emperador estaría muy ocupado para comprobar mi reporte...

[Ante tanto ruego y la presencia de su amigo, Marbot al final se compromete a disimular los números ante el Emperador. Cuando se encuentra sólo otra vez, se da cuenta de la enormidad de su error al comprometerse.]

... Astutamente, no volví a los cuarteles imperiales hasta que no se hizo de noche y Napoleón, habiendo desmontado, estaba en su apartamento. Llevado ante su presencia para hacer mi reporte, le encontré estirado encima de un inmenso mapa que estaba en el suelo. Tan pronto como me vió, gritó:

- "¡Y bien! Marbot cuántos Cazadores hay en mi Guardia? ¿Hay mil doscientos como sostiene Morland?"

- "No, Sire", repliqué. "Conté sólo mil ciento veinte, hay un desajuste de ochenta"

- "Estaba seguro que habían muchísimos más perdidos", dijo el Emperador en un tono de voz que dejaba claro que esperaba una diferencia más grande.

Para ser sinceros, si no habían más que ochenta hombres perdidos de un regimiento de mil doscientos, que habían atravesado quinientas leguas en invierno y pernoctando cada noche en un vivac, se podía considerar una pérdida muy pequeña.

Así que, a la hora de la cena, el Emperador pasó a través de la estancia donde los oficiales superiores estaban reunidos, todo lo que dijo a Morland fue:

- "Ya ve, le faltan ochenta soldados; esto es por lo menos un escuadrón. ¡Con ochenta de esos hombres uno puede parar a un regimiento ruso! Debe tener cuidado que los hombres no se queden rezagados."

Entonces dirigiéndose al comandante de los Guardias a pié, cuyos números aún eran más reducidos, Napoleón le dió una sonora reprimenda"...

[Morland le agradeció el gesto y le informó que el resto de efectivos en cuarenta y ocho horas llegarían, pero...]

... No pude dormir aquella noche por temor a la justificable ira del Emperador, si descubría que le había mentido. Incluso casi me desmayé el día siguiente cuando Napoleón, en la usual visita a las tropas, comenzó en dirección al vivac de los Cazadores...

[En ese instante. gracias al sonido de los rusos en las alturas de Pratzen, la revista terminó de inmediato y los temores de Marbot se disiparon totalmente.]






(*) Morland moriría en Brünn (5/XII/1805), de las heridas recibidas en la batalla de Austerlitz. Como curioso y negro detalle destacar que el cuerpo del coronel no se introdujo en un barril de ron para su conservación como rezaba la leyenda, sino que fué momificado por el cirujano Larrey. Para más información ver:

http://www.lepoint.fr/c-est-arrive-aujourd-hui/2-decembre-1805-tombe-a-austerlitz-le-colonel-morland-est-embaume-sur-ordre-de-napoleon-recette-01-12-2012-1536579_494.php

(**) Fournier y Marbot se conocieron con anterioridad del asedio de Génova por los Austriacos cuando las tropas de Massena defendían la plaza y el padre de Marbot, fue atendido por Fournier, a la sazón en el cuerpo médico, antes de su fallecimiento.

(***) Una legua equivale a 5.556 m, por lo tanto la distancia era de unos 200 km aproximadamente.

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Fuentes:

(0) - The Project Gutenberg Etext of The Memoirs of General the Baron de Marbot, Translated by Oliver C. Colt, November, 2000

(1) - "General Marbot" by Archives - Archives. Licensed under Public Domain via Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:General_Marbot.jpg#mediaviewer/File:General_Marbot.jpg

(2) - http://fr.wikipedia.org/wiki/Fran%C3%A7ois-Louis_de_Morlan#mediaviewer/File:Jean_Pierre_Morland.jpg

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