sábado, 29 de noviembre de 2014

Swords around a Throne, de John R. Elting


"Este autorizado, completo y apasionante libro describe y analiza el arma más poderosa de Napoleón, la Grande Armée, que en su apogeo contaba con más de un millón de soldados. Elting examina todas las facetas de esta increíblemente compleja maquinaria humana: su organización, sistema de mando, la logística, las armas, las tácticas, la disciplina, la el entrenamiento, los hospitales móviles, todos los que seguían a los campamento, y más. Desde la formación del ejército a través de la agitación de la Francia revolucionaria hasta sus rápidas conquistas de vastos territorios en toda Europa a su muerte legendaria en Waterloo, este libro utiliza extractos de las cartas de los soldados, testimonios, y numerosos detalles de primera mano para situar al lector en las botas de los reclutas y los generales de Napoleón. En las manos maestras de Elting la experiencia es inolvidable."

http://www.barnesandnoble.com/w/swords-around-a-throne-john-r-elting/1100624204?ean=9780029095010







EL LIBRO:

La reseña de Barnes y Noble sintetiza claramente las bondades de este gran libro que junto a "Las Campañas de Napoleón",  de D. Chandler constituyen en mi opinión un binomio imprescindible y el vademecum definitivo para todos aquellos amantes de la temática militar de la época. Desde los entresijos del Cuartel General Imperial y su Estado Mayor hasta las penalidades que sufrían los soldados, vivandieres y cantinieres, merodeadores y todos aquellos que seguían la estela de la Grand Armée de Napoleón.

Que yo conozca no existe de momento traducción al castellano/español para sus 784 páginas, y su lectura necesita de cierto nivel de inglés y conocimiento de la temática, pero os dejo con una traducción del prólogo, exquisito entrante para el resto de la obra:


PROLOGO

"He enseñado al Emperador, Monsieur General Pino, el informe que me envió. Es esencial que escriba sus informes más claramente, en especial mostrando claramente la fecha; lo que ha escrito no está claro; uno no puede decir si es el 11º, el 21º o el 22º. Además de la fecha, siempre es necesario reseñar la hora a la cual usted escribe, y el lugar.

-Berthier- 



El 12 de octubre de 1806, la caballería francesa irrumpió bruscamente a traves de la villa sajona de Zeitz, 25 millas al sur de Leipzig. Chasseurs à cheval, de verde obscuro, garbosos húsares de marrón- azul, de blanco-azul, y de verde-rojo-amarillo, eran los escuadrones de vanguardia de la pantalla de caballería que encubría el rápido avance hacia el norte de la Grande Armée del Emperador Napoleón. 

Detrás de la brigada de vanguardia, con su deslumbrante uniforme blanco con galones y cordones de oro, cabalgaba el Mariscal Joachim Murat, el comandante de caballería del ejército. Probablemente se paró con impaciencia en el mercado cuadrado de Zietz mientras su personal de Estado Mayor interrogaba al administrador de correos local, al sacerdote y al alcalde en cuanto al paradero de los ejércitos prusiano y sajón que eran los objetos de la búsqueda de los soldados de caballería. En algún sitio en Zeitz, en algún momento, un civil discreto se destacó del resto de ciudadanos, se identificó como un espía francés, e informó que el principal ejército enemigo se encontraba al oeste y sur de los alrededores de Erfurt. 

Un oficial de Estado Mayor cogió pluma, papel y el tintero portátil de las bolsas de su montura, se acomodó en una silla y mesa en la terraza de una cervecería cercana, y rápidamente convirtió el informe del espía en varias copias de un mensaje al Emperador. Murat dio una copia a un edecán ("aide-de-camp"), quien lo introdujo con cuidado y abrochó al portadocumentos que colgaba del cinto de su espada, luego puso a su impaciente caballo de galope hacia el sur. Una segunda copia fue enviada al general de brigada, con la cara desfigurada por las cicatrices, de los guías de Murat. Un caballo fue encontrado para el espía, y el espía y el general de brigada espolearon sus monturas y salieron juntos siguiendo la estela del ayudante. 

Diez minutos más tarde otro edecán galopó lejos con órdenes siguiendo un camino diferente del tomado por sus camaradas. Una copia final entró en la carpeta de registros del Estado Mayor, con el nombre de cada mensajero y la fecha y la hora de su salida. Los caminos hacia el sur estaban atestados con la infantería del Mariscal Jean Bernadotte del I Cuerpo de Ejército, apresurándose hacia adelante a través de una turbia nube de polvo y el asfixiante olor a sudor, cebollas y tabaco francés. A lo largo de la carretera principal esperaban una serie de pequeños destacamentos de caballería, que servían como estafetas ("estafettes"); cuando los caballos de los mensajeros se cansaban, ellos los substituían por las monturas de los soldados de caballería de aquellos puestos -los uniformes distintivos de color pardo claro, amaranto y blanco de los edecanes y guías de Murat eran autoridad suficiente para tal intercambio.

Galoparon adentrándose en la noche más profunda hasta ser detenidos en las afueras de la ciudad de Gera por un control de una patrulla ("vedettes") del 1er Regimiento de Húsares, sirviendo temporalmente como escolta de Napoleón, con sus descoloridos uniformes celestes casi invisibles en la penumbra. Dirigidos hacia un castillo cercano, fueron pasando por los centinelas de los granaderos de la Guardia Imperial, veteranos y altos, con feroces miradas coronadas por sus altos gorros de piel de oso. Y así llegaron a una tranquila habitación donde junto a un crepitante fuego su Emperador trabajaba en las órdenes para el día siguiente. A su lado se encontraba un oficial más viejo achaparrado en un uniforme igualmente simple, el Mariscal Louis-Alexandre Berthier, el jefe de Estado Mayor de Napoleón. Alrededor de ellos los tranquilos oficiales del escalafón más alto del Cuartel General Imperial salían y entraban.

Incluso mientras Napoleón interrogaba minuciosamente al espía y a los edecanes, sus mensajes entraron en el rutinario proceso del Estado Mayor. En la siguiente estancia, donde se encontraba un mapa de situación del Emperador extendido sobre una mesa de banquete y alumbrado por velas en cada esquina, el Jefe de Escuadron Louis Bacler d'Albe, de los Ingenieros Topográficos, desplazaba alfileres con cabezas de varios colores para indicar las últimas posiciones reportadas del enemigo y la pantalla de caballería de Murat. Dieron a cada mensajero un recibo mostrando al tiempo y el lugar en el que habían hecho la entrega. Otros mensajeros llegaban a grandes zancadas, informando con un choque de espuelas y fundas de espadas: un jinete del VII Cuerpo del Mariscal Pierre Augereau, 20 millas al sudoeste; el otro del III Cuerpo del Mariscal Louis Davout, 20 millas al noroeste. Todos llevaban la misma frase - el enemigo se concentraba hacia el oeste alrededor de Erfurt y Weimar. 

Finalmente, finalizado el interrogatorio, el Emperador se volvió hacia Berthier y empezó una rápida -y con áspero acento- sucesión de órdenes, que parecían demasiado rápidas para ser rescritas con la pluma. Impasible, Berthier hizo unas rápidas anotaciones en una libreta de cubiertas verdes. Acabado el dictado, se volvió hacia el Estado Mayor que esperaba. Estrujando la orden general de operaciones de Napoleón, Berthier elaboró órdenes específicas por cada una de las unidades principales implicadas. 

Las versiones terminadas fueron presentadas al Emperador para cualquier corrección necesaria o adiciones y su aprobación. Acabado el proceso, se escribieron copias adicionales y edecanes y oficiales de Estado Mayor fueron convocados para entregarlos. Mientras tanto, Berthier siguió adelante con órdenes suplementarias para asegurar que los trenes de suministro y las unidades de apoyo fueran correctamente redirigidas para seguir la rueda de la Grande Armée hacia el oeste.

Una orden similar, que trataba del reabastecimiento de zapatos y abrigos, fue enviada a través del escalafón más bajo del Cuartel General Imperial, dos días de marcha ordinaria (aproximadamente 60 millas) hacia el lejano el sur, y luego al sudoeste a los cuarteles administrativos de la Grande Armée, donde el Intendente General Pierre Daru luchaba con una situación logística caótica. Daru ordenaba los productos que habían podido recogerse de vagones requisados y envió otra petición urgente al Ministerio de la Administración de la Guerra. Alcanzando la ciudad-fortaleza de Estrasburgo, su mensajero dio este mensaje al Director local del Servicio de Telégrafo, que lo envió a lo largo de la línea de torres semáforo de señales a París. 

En el Ministerio, de algún modo, las cosas siempre iban más despacio de lo que deberían, pero tarde o temprano un aburrido Commissaire des guerres tomó nota del mensaje y convocó a un funcionario igualmente aburrido."
 



CONCLUSIONES:

:-) : Es una lectura indispensable en la biblioteca de cualquier aficionado o experto en la época napoleónica. Pocos libros alcanzan el grado de rigor y profundidad que Elting logra al tratar de prácticamente casi todos los aspectos del ejército francés de la época.

:-( : Que no esté traducido aún al castellano.
 


Nuestra clasificación:





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Fuente:

"Swords around a throne"- John R. Elting, Da Capo Press, U.S.A., 1997


viernes, 28 de noviembre de 2014

Dragones de Granada 1808-1813

Breve cronología de la unidad:


Septiembre 1808
 ...Más tarde, en Septiembre de 1808, el Escuadrón de [dragones]"NUMANCIA" que participó en este
glorioso triunfo de las fuerzas españolas es destinado a Granada, siendo la base posterior de la
formación del Regimiento de Granada. (1)
IV.15.- Tras la victoria de Bailén el escuadrón de Numancia se encuentra en Granada y aislado del resto
del regimiento, que se encuentra en Valencia, sirviendo de base para la creación del regimiento de
Dragones de Granada. Quedando constituido el 29 de septiembre de 1808, junto con un centenar de
soldados procedentes de distintos regimientos de Infantería que se encontraban en la plaza. Quedó
organizado con tres escuadrones al mando del coronel don Manuel de la Cruz y Sosas. Al finalizar la
contienda volverá a ser absorbido en parte por el regimiento Numancia. (5)
En septiembre, el Escuadrón [Dragones de Numancia] se encuentra en Granada y aislado de su
Regimiento, siendo disuelto e integrado en el Regimiento de “Dragones de Granada”, de nueva
creación, con una fuerza de 600 hombres al mando del coronel D. Manuel de la Cruz y Losas. (6)

Enero 1809
El 27/01/1809 en Écija, el contingente español se encuentra con la vanguardia del Mariscal Soult. Los
regimientos españoles de los que hay noticias que intervienen en este primer encuentro son el de
Dragones de Granada y el de Línea de Calatrava. (3)

Junio 1809
El 14 de junio avanzó todo el ejército por las llanuras de la Mancha (En un encuentro tenido con el
enemigo en Alcubillas, se distinguió el capitán D. Miguel Rosales, abriéndose paso a la cabeza de su
tropa por entre fuerzas muy superiores, que trataban de envolver la suya del regimiento de dragones de
Granada
….) (13)

Agosto 1809
Participaron en la batalla de Almonacid (11/08/1809) : “[...] Atacada primero la izquierda española por el
general Lewal con las divisiones polaca y alemana después de un fuego muy violento de artillería, bien
contestado por la española, lograron los batallones de Bailén y Jaén, de la 3ª División, rechazar dos
veces a los polacos. Pero animados éstos por los alemanes que marchaban a su izquierda y no llegando a
tiempo algunas tropas de la reserva para sostener a aquellas escasas fuerzas que peleaban, pudo el
ejército francés arrebatar a paso de carga las importantes posiciones de los Cerrojones, si bien a costa
de pérdidas enormes (los tres regimientos polacos que constituían la división, tuvieron 47 bajas de jefes
y oficiales), apoyada su derecha en un gran cuadro que avanzaba por el llano al pie de aquel cerro,
efectuando un movimiento envolvente sobre la extrema izquierda, sin que pudiera impedirlo una carga de los jinetes de Fernando VII y Granada, dirigidos por el coronel D. Antonio Zea y comandante D. Nicolás Chacón (murió en dicha carga el capitán D. Francisco Soto). [...] Las pérdidas de los españoles no pasaron de 4.000 hombres, entre muertos, heridos y prisioneros, contando entre los primeros al coronel del regimiento de infantería de España, de la 1ª división, Don Vicente Martínez, y entre los segundos, el coronel de dragones de Granada Don Diego Ballesteros, que quedó prisionero (para conmemorar este hecho de armas se creó por Real Orden de 30 de mayo de 1816, una condecoración con la inscripción siguiente en el centro: "Por Fernando VII", y en su contorno: "En Almonacid, 11 de agosto de 1809").”(2)

Octubre 1809

Animada por las victorias de Talavera y Tamames, la Junta Central decidió conquistar Madrid en octubre de 1809. Para ello, dotó de importantes medios al ejército de La Mancha, que pasó a estar compuesto por más de 50.000 hombres, 5.000 de ellos pertenecientes al arma de caballería, y 55 piezas de artillería. En un primer momento se encomendó su dirección al general Eguía, pero la poca decisión que
demostró éste originó que el mando recayera, finalmente, en el general Areizaga. Una de las divisiones montadas del ejército manchego era dirigida por el coronel Vicente Ossorio. Había ascendido a ese empleo dos meses antes y era el coronel titular del regimiento de dragones de Granada. La escasez de mandos de caballería originó que tuviera ahora bajo su mando 1.700 hombres de los regimientos de dragones de Granada, España, Granaderos de Fernando VII, Lusitania y Farnesio, así como de
los escuadrones de Cazadores Francos de Castilla y Lanceros de Utrera. (7)

Noviembre 1809
Participaron en la batalla de Ocaña. Testimonio de Zayas del 04/12/1809:
“Mi izquierda estaba apoyada y sostenida por la caballería de vanguardia, al mando del brigadier D. Josef de Rivas, la infantería se movía majestuosamente, y cada veinte o treinta pasos se detenía para hacer frente a los enemigos. Por la derecha casi nada debía temer. Osorio, con los cuerpos de dragones de Granada, Granaderos de Fernando 7º, Lusitania y Farnesio, me cubría; no obstante viendo que el enemigo formaba ya algunos caballos a la inmediación de la ermita de San Sebastián, comisioné a mi ayudante de campo D. Juan Laera, capitán de dragones de la Reina, para que previniese a Osorio los cargase con la mayor firmeza, este jefe no se hallaba a mis órdenes, y no creyó deber dar cumplimiento a ellas, igual prevención hice hacer al sargento mayor de dragones de Lusitania D. Santiago Vigal el que a pesar de la mejor voluntad me manifestó no tener sino de sesenta a setenta caballos, por cuya razón y para asegurar mas y mas la marcha de mi división y la de las tropas de la 1ª, 3ª y 4ª que entraban en el Olivar, mandé a Rivas destacase los escuadrones del regimiento Cazadores Imperiales que el mismo Laera fue a situar.”(8)

Enero-Febrero 1810
ORDEN DE BATALLA DEL EJÉRCITO ESPAÑOL DEL DUQUE DE ALBURQUERQUE (ENERO-FEBRERO DE 1810): Tropas que participaron en la marcha hacia Cádiz
CABALLERÍA
- Carabineros Reales
- Regimiento de Línea Rey
- Regimiento de Dragones de Granada
- Regimiento de Línea Calatrava
- Regimiento de Dragones de Villaviciosa
- Perseguidores de Andalucía
- Cazadores de España (4º de Húsares) (4)

El 19-20 de febrero en Vic (Cataluña), se cita un destacamento de caballería de “Granada”, junto con el Numancia, Santiago y 2º Alcántara y asimismo participando en el el combate de Margalef el 23/04/1810. (9).
COMENTARIO: No queda claro que sea de los DRAGONES DE GRANADA si estaba (todo el regimiento?) en Cádiz con Albuquerque.

Enero 1811
En el “Diario de la parte del Exercito del Centro que cubre el Reyno de Murcia” (12) se relacionan los movimientos del contingente día a día.
“Día 1.
La 3ª de Dragones tenía su Quartel Gral. en Albacete con el Regimiento de Dragones de Granada y Provisional de Dragones Nº 2º.
Día 12
La 3ª División de Dragones salió en este día de Albacete con dirección á la Roda y el Esquadrón de Dragones de Granada pasó á Chinchilla.
Día 23
El Esquadrón de Dragones de Granada que se hallava en Chinchilla pasó á Barrax distante siete leguas de aquel Pueblo.
Día 30
Regresaron á Huescar los Enemigos que el día anterior havian hido á Cúllar. La División de Dragones se puso en marcha á las 12 de la noche con dirección á Albacete en cuyo punto se reunió el Esquadrón de Dragones de Granada, este movimiento retrogrado fue motivado de haverse tenido noticias de que quinientos Infantes y quatrocientos cavallos Enemigos con dos piezas de Artillería se habían avanzado hacia Balazote por la Izquierda del Camino Rl. y distante cinco leguas de Albacete.”

Septiembre 1811
Dos escuadrones de Dragones de Granada participan en la invasión de Valencia formando parte del ala izquierda del cuerpo de Blake. (10)

Octubre 1811
Participan en la batalla de Sagunto el 25 de octubre de 1811:
Raised in 1808, campaigned in La Mancha in 1809 and fought at Sagantum in 1811. (15)

Septiembre 1813
Dragones de Granada absorbed September 1813 by Dragones de Reina & Sagunto. (14)






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Relación fuentes utilizadas:
(1) http://regimiento-numancia.es/histor.htm
(2) http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Almonacid)
(3) RHM Número extraordinario 2011. El duque de Albuquerque y la retirada del ejército español a la Isla de León.
(4) RHM Número extraordinario 2011. El duque de Albuquerque y la retirada del ejército español a la Isla de León.
(5) http://regimiento-numancia.es/Libro/f.-capitulo%20IV%20Guerra%20contra%20la%20convencion%20e%20independencia.pdf
(6) http://regimiento-numancia.es/Resena.htm
(7) http://www.dosdemayofundacion.com/File/RELATO_FAMILIAR_5.pdf
(8) http://1808-1814escenarios.blogspot.com.es/2009/04/batalla-de-ocana-19-de-noviembre-de.html
(9) The Peninsular War Atlas – Col. Lipscombe, Ed. Osprey, 2010
(10)The Peninsular War Atlas – Col. Lipscombe, Ed. Osprey, 2010
(11) http://veteranosdelusitania.blogspot.com.es/p/efemerides.html
(12) Miscelánea - Jumillana, de Pedro Abarca López. http://elpeliciego.es/documentos/guerra_indp_diario_ejercito_enero_1811.pdf
(13) http://www.1808-1814.org/efem/junio.html
(14) http://www.twcenter.net/forums/showthread.php?t=460616
(15) http://www.thelordz.org/forum/viewtopic.php?f=138&t=13560
















martes, 25 de noviembre de 2014

La batalla de Aboukir (1,2/08/1798), según Jacques Benoist-Méchin

"A fines del mes de abril, el gobierno británico, alarmado por la amplitud de los preparativos a que se entregaba la República Francesa en la región de Toulon, ordenó a Nelson "buscar las fuerzas francesas antes de que se adentrasen en el mar y, una vez frente a ellas, atacarlas, hundirlas y quemarlas".
Sir Horacio Nelson (1), que había perdido un ojo en Calvi y un brazo en Cádiz (2), ambos del lado derecho, era el marino más famoso de su época. Tenía una confianza inquebrantable en su buena estrella. "La Providencia me guía siempre adonde necesitan de mi", acostumbraba a decir. Pero en aquellos meses de junio y julio de 1798 la Providencia, al parecer, debía de estar pensando en otra cosa, pues la mala suerte no había cesado de encarnizarse en él.
Cuando Bonaparte saliera de Toulon, la mañana del 19 de mayo, Nelson se encontraba al norte de Cerdeña. El 11 de junio, en el momento en que Malta capitulaba, la flota británica costeaba Italia.
El 21 de junio, cuando las fuerzas del almirante Brueys se hallaban a tres días de La Valetta, Nelson zarpaba de Mesina para Alejandría. Cuando llegó allí, al atardecer del 28 de junio, no encontró a nadie. Decepcionado, se dirigió a Rodas, y de allí a Creta.
Este papel de lebrel de los mares comenzaba a exasperarle. Le habían dado orden de echar a pique a la flota francesa antes de que abandonase Toulon, y la había dejado salir. Le habían conminado a que la interceptase en el Mediterráneo, y la había dejado escabullirse. Si no la destruía antes de que llegase a su destino su carrera se habría malogrado para siempre.
Después de volver a Siracusa para repostar de víveres y agua la flota se dedicó a cruzar el mar Jónico. Allí, por primera vez, le sonrió la suerte. A la altura del litoral griego Nelson capturó un barco francés, por el que se enteró de que el ejército de Bonaparte había desembarcado en Egipto. Esta vez sabía a qué atenerse y dio orden de hacerse a la vela rumbo sur.
Ya avanzada la tarde del 31 de julio de 1798 un vigía francés vio aparecer en el horizonte, destacándose en un cielo rojo, las altas siluetas de los navíos ingleses; casi al mismo tiempo Nelson divisó delante de él una masa oscura agrupada en la bahía de Abukir. Era al fin la presa que buscaba afanosamente desde hacía tanto tiempo.
La posición de Brueys era muy fuerte. Sus buques anclados formaban un semicírculo bajo la protección de la ribera y de un banco de arena impracticable para los navíos de alto bordo. Podía pues, muy justificadamente, creerse al abrigo de cualquier ataque: salvo por su flanco derecho, que era el que se volvía hacia alta mar.
Pero Nelson estaba decidido a mostrar audacia. Al atardecer del 1º de agosto de 1798 numerosas banderas fueron izadas al mástil del Vanguard, buque almirante que enarbolaba la insignia de Nelson. Las banderas ordenaban: "Atacad el centro y la vanguardia del enemigo".
Al ordenar esta maniobra, Nelson quería concentrar la acción de los catorce buques ingleses sobre los siete primeros navíos franceses, de suerte que cada uno de ellos tuviese que enfrentarse con dos adversarios a la vez. El ataque debía dirigirse contra el costado de los franceses que daba cara al mar a fin de no encallar en los bajíos.


Wikipedia Commons. Esquema táctico de la Batalla del Nilo. Se reflejan las posiciones
y los movimientos de los barcos en esta batalla. Los buques ingleses están en rojo y los
franceses en azul. Basándose en un mapa de inteligencia de John Keegan, 2003,
ISBN 0091802296.

"¡Libertad de maniobra!", ordenó el Vanguard. El Goliath, mandado por el capitán Foley, se precipitó a toda vela hacia adelante. A las seis y media, en el momento en que el sol se hundía en las aguas, sus cañones dispararon la primera andanada.En aquel preciso instante el capitán Foley vio algo que le dejó estupefacto. La boya del ancla del navío francés que se hallaba la cabeza -el Guerrier- no se encontraba del lado del mar, sino que flotaba entre el buque y el bajío. Había pues aún profundidad suficiente entre la flota francesa y el banco de arena, ¡y allí donde un navío francés podía estar fondeado, uno inglés podía pasar! Comprendiendo inmediatamente lo que aquello significaba, Foley, obrando por propia iniciativa, desvió el rumbo del Goliath y lo dirigió hacia el interior de la línea francesa. Dos buques ingleses le siguieron y se introdujeron entre la flota francesa y el banco de arena. Como los otros barcos ingleses atacaban por el exterior, la vanguardia y el centro franceses se encontraron cogidos en una pinza.
Entonces estalló el trueno de mil cañones disparando a la vez. En los navíos ingleses se escobillonaban, se cargaban los cañones, se atacaba la carga, se ponían las mechas, y los cañonazos retumbaban a un ritmo rápido y regular. También desde los barcos franceses disparaban. Pero su fuego parecía más lento y más intermitente. Por el costado del bajío los puentes de los navíos franceses estaban llenos de bagajes y de material que estorbaba la maniobra, pues Brueys no esperaba haber sido atacado por su izquierda.
Aunque hubiera caído la noche, el combate proseguía, violento y encarnizado. El cielo estaba estriado de relámpagos: A las ocho y media los primeros barcos franceses, desarbolados, arriaron su bandera. Casi en el mismo instante un bote de metralla lanzado por el navío francés, el Spartiate, cayó sobre el alcázar del Vanguard, donde Nelson estaba estudiando un plano de la bahía. Un fragmento de metralla le arañó la frente, desprendiéndole un triángulo de carne que tapó su único ojo válido. Cayó cegado, con el rostro chorreando sangre. El capitán Berry, su ayudante, le levantó y le llevó, ayudado por un marinero, al puesto donde se curaba a los heridos. Allí recobró lo bastante el conocimiento para decir al cirujano que se acercó a él para curarle en primer lugar:
-¡No! Cuando me llegue el turno después de los valientes.
En el estrecho entrepuente que servía de enfermería hacía un calor sofocante. Los heridos y los muertos se amontonaban unos sobre otros en camastros empapados de sangre. Los gemidos y los gritos de los hombres a quienes amputaban algún miembro se mezclaban al rugido de los cañones que tronaban por encima de sus cabezas. El cirujano y sus ayudantes, con los brazos ensangrentados hasta el codo, no se daban punto de reposo en manejar sus sierras y sus cuchillos relucientes.
Cuando le tocó el turno al almirante, este, impresionado por el espectáculo que le rodeaba, estuvo a punto de volver a desvanecerse.
-Transmitid mi último recuerdo a lady Nelson -dijo al cirujano con voz moribunda.
El cirujano le reanimó, le vendó, le aseguró que su herida no era mortal y le hizo llevar a popa, al pañol de las galletas, para sustraerle a las miradas de los marineros.
Entretanto, los navíos ingleses, uno tras otro, desfilaban disparando a lo largo de la línea francesa. Por fin llegaron a la altura del buque almirante Orient, que tenía una tripulación de más de mil hombres. Andanada tras andanada desgarraron sus costados macizos. Seis barcos ingleses disparaban al mismo tiempo contra él. Tres de sus chalupas, arrumadas en el puente, ardieron como antorchas. Poco después de las nueve empezaron a surgir llamas a popa. Se las sofocó un instante, pero reaparecieron en el centro del navío y empezaron a lamer la santabárbara. En aquel momento, el almirante Brueys cayó segado por un obús en su puesto de mando. Entonces resonó un grito terrible:
- ¡Sálvese el que pueda!
Temiendo no poder abandonar a tiempo el navío condenado, los hombres se arrojaron al agua. Después de unos momentos de espera que parecieron interminables llegó el fin: un estruendo ensordecedor estremeció a todos los buques de alrededor y, como un volcán en erupción, el infortunado Orient voló hecho añicos, proyectando a cien metros de altura cadáveres destrozados y restos humeantes. Eran las once de la noche. Hubiérase dicho que esta catástrofe había sobrepasado las fuerzas humanas, pues el furor del combate se apaciguó de pronto. Un silencio de muerte cayó sobre la bahía de Abukir. Todas las tripulaciones, amigas y enemigas, se quedaron petrificadas.
Nelson, que seguía tendido en el pañol de las galletas, había recobrado el conocimiento. Intrigado por el silencio que reinaba a bordo del Vanguard se preguntaba qué es lo que sucedía cuando el capitán Berry vino a anunciarle el trágico fin del Orient. Al enterarse de esta noticia, Nelson se incorporó. Haciendo acopio de todas sus fuerzas y saboreando su triunfo pidió a Berry que le ayudase a subir al puente. Oficiales, marineros y soldados permanecían, mudos de estupor, a lo largo de la borda. Una especie de tregua tácita se había pactado entre las flotas enemigas, y, por orden de Nelson, la última lancha intacta del navío almirante inglés fue botada al mar para salvar a los supervivientes que pudieran quedar entre los restos del Orient.



Durante diez minutos callaron los cañones. Luego un navío francés más obstinado que los otros largó una andanada por bravata... Era el Franklin. Entonces, lentamente, se reanudó la gigantesca sinfonía de la batalla.
Toda la noche los navíos franceses de retaguardia, mandados por el almirante Villeneuve, se batieron a la desesperada. Vergas, aparejos, mástiles estaban destruidos; sus cascos, acribillados de obuses, hacían agua por todas partes. Uno a uno fueron arriando el pabellón. Una pálida aurora despuntaba sobre África mientras se perdía el eco de las últimas detonaciones.
Ya estaba la mañana bastante avanzada cuando una nueva explosión desquició los nervios de los combatientes, rudamente puestos a prueba por quince horas de batalla. Era el Artémise, que acababa de volar.
Únicamente el Généreux y el Guillaume-Tell, acompañados de dos fragatas que llevaban a bordo a los almirantes Decrès y Villeneuve, consiguieron escapar, ya muy avanzada la tarde. Otros diez, destrozados, enarbolaban bandera blanca; cinco en fin, con cuatro mil franceses, yacían en el fondo de la bahía, allí donde los cangrejos ciegos correteaban sobre las vigas enmohecidas de las galeras de Cleopatra.
Los ingleses habían perdido, entre muertos y heridos, menos de novecientos hombres. Pero para Francia la batalla terminaba con un desastre irreparable. La flota de Egipto había sido aniquilada.
Al día siguiente Nelson, con la frente cubierta por un grueso vendaje, hizo celebrar un servicio de acción de gracias en el puente del Vanguard. Luego, después de haber cumplido sus deberes para con el Señor, cogió la pluma y escribió a lord Hamilton, embajador de Su Majestad Jorge III en el reino de Nápoles: "El Todopoderoso ha hecho de mí el afortunado instrumento de la destrucción de la flota enemiga, lo que, espero, será un beneficio para Europa. He interceptado todos los despachos enviados por Bonaparte a Francia. Su ejército está metido en un avispero y ya no saldrá de él."

Bonaparte se disponía a reanudar la persecución de Ibrahim cuando el ayudante de campo de Kléber vino a traerle la noticia del desastre de Abukir. Este oficial había salido de Alejandría el 2 de agosto, pero los caminos eran tan poco seguros que había necesitado once días para recorrer las treinta y cinco leguas que separaban la capital del Bajo Egipto del cuartel general. Bonaparte comenzó por leer el informe que le enviaba el contraalmirante Ganteaume. Una vez terminada su lectura se llevó aparte al enviado de Kléber y le pidió detalles de viva voz. Se enteró así de que Brueys había muerto; que Villeneuve y Decres habían logrado huir; que de los ocho mil hombres de tripulación apenas tres mil habían logrado ganar la costa. Todas las comunicaciones entre Egipto y Francia estaban cortadas: correo, abastecimientos, subsidios, refuerzos, nada llegaría ya. Al irse a pique, el Orient había arrastrado al fondo del mar todos los tesoros cogidos en Malta que se acumulaban a bordo: seiscientas mil libras en lingotes de oro y en diamantes que iban a servir para ganarse a los beyes recalcitrantes y para acuñar una nueva moneda.
En un instante Bonaparte midió toda la extensión del desastre. Y, sin embargo, no se crispó ni un solo músculo de su cara. Cuando el ayudante de campo de Kléber terminó su relato el general se concentró un instante. Luego comunicó la terrible noticia a su estado mayor. Berthier, Lannes y Murat se quedaron aterrados, y preguntaron con angustia al general en jefe :
-¿Qué va a ser de nosotros ahora que ya no tenemos escuadra?
-¿Que no tenemos ya escuadra? -les respondió Bonaparte- . ¡Pues bien, hay que quedarse en estas comarcas o salir de ellas con la grandeza de los Antiguos!
Inmediatamente ordenó a Reynier que permaneciese en Salheyeh y que fortificase la plaza en previsión de una reacción ofensiva de lbrahim. Envió al general Dugua a Mansura, con las mismas instrucciones. Después dio orden al ejército de dar media vuelta y regresó precipitadamente a El Cairo con el resto de sus tropas. Ya no tenía importancia perseguir a Ibrahim: lo esencial era atenuar el efecto moral que aquel desastre podía haber hecho en la población y en el ejército."




(1) Nelson era un genio nervioso y neurótico. Estuvo inmerso en una historia de amor con Lady Emma Hamilton, esposa del embajador británico en Nápoles - un ejemplo de mala conducta que en los últimos tiempos le podría haber llevado ha ser destituido. A veces Nelson tenía tendencia a desobedecer órdenes - su acto más famoso de desobediencia había llevado a la victoria británica en el cabo de San Vicente el 14 de febrero de 1797.
(www.historynet.com/battle-of-aboukir-bay.htm)

(2)El famoso marino perdió su brazo en un ataque fracasado a Santa Cruz de Tenerife, no en Cádiz.



Fuente: Bonaparte en Egipto, Benoist-Méchin, Jacques, Selecciones del Reader's Digest. Colección 'Biblioteca de Selecciones. Libros Escogidos', 1970.

lunes, 24 de noviembre de 2014

El húsar, de Arturo Pérez-Reverte

"Concentrándose en su pipa, De Bourmont dio por zanjado el asunto. Había hablado con aquel ligero ceceo suyo, tan peculiar y distinguido, que volvía a estar de moda y que tantos en el 4.° de Húsares se esforzaban en imitar. Los tiempos de la guillotina estaban lejos, y los vástagos de la vieja aristocracia podían ya levantar la cabeza sin temor a perderla, siempre y cuando tuviesen el tacto de no cuestionar los méritos de quienes habían escalado peldaños en el nuevo orden social mediante el valor de su espada, o de la mano de los próximos al Emperador.
Ninguna de aquellas circunstancias afectaba a Frederic Glüntz. Segundo hijo de un acomodado comerciante de Estrasburgo, había abandonado tres años antes su Alsacia natal para ingresar en la Escuela Militar, arma de caballería. De ella salió tres meses atrás, recién cumplidos los diecinueve, con la graduación de subteniente y un pliego de destino en el bolsillo: 4.°Regimiento de Húsares, a la sazón destacado en España.
Para un joven oficial sin experiencia no era fácil, en la época, ingresar en un cuerpo de élite como la caballería ligera, codiciada por multitud de oficiales jóvenes. Sin embargo, una buena hoja de aplicación académica, ciertas cartas de recomendación y la guerra peninsular, que creaba vacantes de continuo, habían hecho posible el milagro". (1)


El húsar se desarrolla en España en el Siglo XIX, cuando el ejército francés napoleónico había ocupado el país, en la llamada Guerra de la Independencia Española. El protagonista es un soldado que combate a caballo, un húsar, nombre con el que se designaba a la caballería ligera. Se trata de un joven de 19 años, llamado Frederic Glüntz, que todavía no había entrado en combate y que está ansioso por hacerlo para poder obtener gloria y fama. Después de varios días, el regimiento de Frederic entra en combate con resultados adversos para Francia. Allí es donde Frederic comprende que la guerra no tiene nada de heroico, ni nada de lo cual valga la pena alardear. (2)


  


La reseña habla por si sola, con lo cual lo único que me resta es recomendar su lectura a los que no la hayais leido todavía y os tiren las "batallitas" de dicha época.


(1) www.entrelectores.com/libro/24402.el-husar-arturo-perezreverte/
(2) es.wikipedia.org/wiki/El_h%C3%BAsar

Miniatura. Jinete del Regimiento del Rey año 1809

UN POCO DE HISTORIA

La caballería de línea constituyó la caballería pesada del ejército español durante la Guerra de Independencia. La denominación es un poco engañosa porque los jinetes no llevaban ningún tipo de coraza ni protección adicional, ni los caballos eran de gran talla. De los 12 regimientos que comenzaron la Guerra, al final sólo se aumentaron a 16, debido a la gran limitación en el ganado, por lo que llegamos a datos significativos, como que haciendo un promedio entre todos los regimientos, podría haber del orden de sólo unos 8.000 caballos siendo el total de jinetes de unos 10.000. Toda la caballería de línea vistió igual con la única variación del color de sus casacas, vueltas solapas y capas; la chupa y el calzón anteados también eran comunes a todos. El emblema de los Regimientos de Caballería de línea era un león de oro con guedejas de plata para los que llevaban botones dorados y de plata con guedejas de oro para los restantes.(1)

El Regimiento del Rey destacaba por una parte por ser el decano del arma, creado en 1538(1) (Otras fuentes hablan de 1661) y por protagonizar el hecho de armas más famoso de la caballería española probablemente de toda la Guerra de Independencia:

"El 28 de julio de 1809, en la Batalla de Talavera, se destacan brillantemente al realizar la mejor carga de la caballería española de toda la guerra: con tan sólo 634 caballos, destrozan a la división de infantería alemana de LEVAL (regimientos de Frankfurt, Hesse-Darmstadt, 4º de Baden, mixto de infantería holandesa y 2º de Nassau), del IV Cuerpo francés, que cuenta con 4.267 hombres, con el apoyo de varias piezas de artillería de Baden, Francia y Holanda, más apoyo de la caballería de IV cuerpo (escuadrones del 3º de húsares holandeses, caballería ligera de Nassau y otras unidades pequeñas de apoyo). Nadie les para. La división Leval tuvo un total 1.007 bajas, un 25% de la fuerza, mientras que el regimentó español perdió 6 jefes y 74 de tropa: una gran victoria dentro de una gran batalla."(2)

"Hacia las dos de la tarde propiciaron a ponerse en ejecución las órdenes transmitidas por el Estado Mayor. Avanzaron simultáneamente las columnas francesas, trabando pelea la división Leval, que formaba en la izquierda enemiga. Costó algún trabajo a los aliados rechazar la acometida que dieron aquellos al reducto del Pajar de Vergara, y reiterando los contrarios el ataque con gran brío, salieron a su encuentro algunos batallones españoles y una sección de artillería mandada por el teniente Don Santiago Piñeiro (de la Casas) que cubrió de metralla a los agresores, cayendo enseguida sobre ellos el Regimiento de caballería del Rey en una brillantísima carga, guiado por su coronel el brigadier D. José María de Lastres, quien resultó herido, sustituyéndole el teniente coronel D. Rafael Valparda. Nuestros valientes jinetes atropellaron por entre los soldados de Leval, dando lugar a que se cogiesen diez cañones, cuatro de los cuales trajo al campo español el teniente Piñeiro.(3)"

Para saber más sobre la batalla y sobre el ataque citado, podeis consultar la web de Eborense que trata sobre la misma (www.eborense.es/batalla_talavera1809_28_julio_1809.html).

LA FIGURA

Hay muy pocas figuras de 120 mm el mercado sobre tropas españolas de la Guerra de Independencia y menos aún sobre tropas regulares de caballería. La figura tuvo que ser hecha partiendo de cero, aprovechando un coracero a caballo de MiniArt de 120 mm. La figura y el caballo se clonaron con resina y acabados con masilla Das Pronto. Hay muchas imperfecciones pero a nivel casero el tema no me daba para más, así que esperar a que la pintura pudiera tapar/disimular con el acabado final lo que no había hecho la masilla. Básicamente faltan la tercerola, equivalente a la carabina de los jinetes de otros países -que llevaban normalmente dichas unidades aunque no tengo constancia que también se llevaran durante las cargas- pero si que se ha reflejado el mosquetón de enganche para la misma y la pieza de agarre a la silla, y las mangas rojas con el motivo de la flor de lis que sobresalían algo de los guantes. Los colores y detalles del uniforme sacados, entre otros, de las láminas del maestro José M. Bueno.












(1) Los uniformes del Estado Militar de España del año 1815, Antonio Manzano y Luis Gravalós, Ed. Aldaba, 1989
(2) www.voluntariosdemadrid.es/regimientorey.html
(3) www.1808-1814.org/batallas/btalaver.html

sábado, 22 de noviembre de 2014

Miniatura. Capitán 4º húsares 120 mm

"For the hussars "The world was divided by them into two parts,
the happy zone, in which the vine grows, and the detestable zone,
which is without it." - Albert-Jean-Michel de Rocca, 2e Hussars


UN POCO DE HISTORIA

El Regimiento fué creado en 1776 con el nombre de Húsares Sajones, y posteriormente fué nombrado como 4º Regimiento de Húsares en el año 1791. En 1792, tras la Revolución y la posterior emigración, otra unidad, el 5º de Húsares (que había sido creado en 1793 por el Duque de Chartres como Regimiento Coronel-General de Húsares debido al rango que tenía el primero) se convirtió asimismo en el 4º Regimiento de Húsares por Decreto de 4 de junio de 1793.

La unidad combatió ininterrumpidamente en la Península a lo largo de toda la guerra (1808-14) encuadrada en el 3er cuerpo de ejército – después llamado Armée d’Aragon- mandado por Suchet. Cubrió las operaciones externas de los sitios de Zaragoza, Lérida, Tortosa, Tarragona, Sagunto y Valencia, y combatió en Margalef, Sagunto, Castalla y otras acciones menores, siempre en tierras de Aragón, Valencia y Cataluña.

Batallas y combates del Regimiento (1792-1815)
1792: Valmy y La Croix-aux-Bois
1793: Maastricht, Aldenhoven, Tirlemont, Hondschoote, Wattingnies
1794: Fleurus
1795: Langenheim
1796: Bloqueo de Maguncia
1797: Paso del Rín Neuwied
1799: Altiken, Winterthur y Zurich
1800: Neubourg, Ampfingen y Hohenlinden
1805: Austerlitz
1806: Jena y Lubeck
1807: Liebstadt y Mohrungen
1809: Alcañiz y Belchite
1811: Estella, Chiclana y Sagunto
1813: Yecla y Coll d'Ordal
1813: Gross Beeren y Leipzig
1814: Lons-le-Saulnier, Saint Georges y Lyon
1815: Ligny and Waterlo

LA FIGURA

Representa un capitán del 4º de Húsares en traje de gala, de la marca Verlinden. El primer problema que se planteó fué el de la uniformidad, ya que la figura sólo viene con una foto de un modelo pintado sin ninguna guía de colores ni referencia alguna. Tras consultar alguna bibliografía sobre el tema se llega una pseudo-interpretación de cómo debía ser, ya que hay múltiples variantes en el transcurso de los años según las fuentes consultadas, y este uniforme en concreto debió ser de una versión del año 1810 (more or less). Está pintado con acrílicos, y no hay mucho más que explicar, a excepción del calvario para encontrar un color amarillo dorado que tuviera una mínima consistencia, ya que es uno de los colores básicos en el uniforme. El que se dedique al mundo del warhammer o a pintar figuritas ya me entenderá probablemente. No hubo manera de encontrar uno en condiciones :angry: , así que tiré por un amarillo limón que no era ni mucho menos el requerido, pero fué el único que a la postre agarraba en la figura. Os dejo con la figura.










Fuentes:
- www.napoleon-series.org/military/organiz...n/c_hussars.html#4th
- “French Hussars - 2. From the 1st to the 8th Regiment 1804-1812 -Serie Officers and Soldiers of” – André Jouineau - Histoire&Collections, 2006
- Revista Desperta Ferro, número especial 2, sobre la Guerra de la Independencia, 2012