jueves, 24 de marzo de 2016

Laurent de Gouvion Saint-Cyr, Mariscal del Imperio, Conde y Marqués. (I)


La escena transcurre en un brindis en un banquete de boda en la Francia de la Segunda Restauración:


"Los Duelistas", de Ridley Scott. Chevalier en primer término a la derecha, y D'Hubert, cuarto de la mesa hacia la izquierda.


 - CHEVALIER: Demos gracias por el retorno a salvo de Su Sagrada Majestad, Luis XVIII. ¡Dios salve al Rey!

 - INVITADOS: ¡Dios salve al Rey!

 - CHEVALIER: ¡Y que el Diablo se lleve al Ogro a Santa Helena!. [Risas]. Este lado de la tumba parece un lugar justo y adecuado para él. [Comentarios]. [Dirigiéndose entonces a D'Hubert] Vamos, Señor, usted es un Realista ahora, como el resto de nosotros. ¿Donde sinó querría estar?

- INVITADO: [Dirigiéndose a Chevalier] Una sola celebración por el momento, Señor, ¿no opina igual?

- CHEVALIER: No, no creo. El chico es un Realista. Y yo podría darle mejores noticias: él ha sido convocado para asistir al mariscal Saint-Cyr, en París. Tendrá un empleo en el ejército del Rey. Asi que, diganos: ¿Qué destino elegiría para el Ogro? [Más comentarios].

- GENERAL D'HUBERT: Creo que el emperador eligió su propio destino. Era su costumbre hacerlo así. Aprendí mi oficio en su servicio, al igual que el mariscal Saint-Cyr. El ejército del rey tendrá más realistas que monarquistas.


El guionista Gerald Vaughan-Hughes escribió el guión de "Los Duelistas" que representó a la postre la ópera prima del cineasta Ridley Scott -en mi opinión una de las mejores películas que se ha rodado sobre la época napoleónica- y que esperamos comentar más detalladamente en un futuro en nuestro blog. La escena no viene descrita en el libro de Joseph Conrad del mismo título y en el que se basa el guión, aunque sí se trata en la película... ¿pero quién era este Mariscal Saint Cyr?. Personaje más que controvertido entre el generalato napoleónico y con su Primer Cónsul -luego Emperador-, sus reiteradas insoburdinaciones y desplantes le granjearon la enemistad del primero y el distanciamiento rencoroso con el segundo (que no toleraba fácilmente un desacato), llegando incluso a episodios de arresto domiciliario más o menos prolongados. Pero bien es cierto que dichos episodios mas pronto o más tarde pasaban al olvido y tras cada nueva llamada a filas, fuera cual fuera la dificultad del encargo, el talento y dotes de Gouvion Saint Cyr (posteriormente sólo Saint-Cyr), quedaban siempre en destacado lugar y sin duda a la altura de los mejores estrategas y tácticos del Primer Imperio. Os hacemos una entrega en dos partes (esta semana y la próxima) que no es nuestro tratamiento habitual pero creemos que el personaje lo merita con creces.  



CRONOLOGÍA


1764 - El 13 de abril nace Laurent Gouvion Saint-Cyr, el hijo de un pequeño propietario y peletero de la localidad de Toul. Sus padres se separaron cuando el era aún muy joven por lo que desde una temprana edad al niño faltó la atención de una madre. Su padre, con relaciones en el arma de artillería, lo envió a la Escuela de Artillería, en el mismo Toul.

1782 - A la edad de dieciocho años el futuro Mariscal decidió abandonar la carrera de las armas por la del arte, prefiriendo la libertad de la vida de un artista a la aburrida rutina del servicio en la guarnición. Parte hacia Roma para estudiar pintura, en la que permanece durante dos años con ocasionales viajes hasta Sicilia.

1789 - Se establece en Paris, con un gran conocimiento del arte y con cierta habilidad en su técnica. Laurent Gouvion, empapado en la tradición clásica, con desprecio de la aburrida autoridad y lleno de entusiasmo juvenil aclamó con alegría el estallido de la Revolución.

1792 - A finales de año, el joven pintor era demasiado entusiasta estudiante de los hombres y las cosas para no percibir "el peligro que amenazaba a la República" y, como todos los hombres de pensamiento de la época, "se hundió en el asombro, por no decir la imprudencia, por la necedad de la Convención, que en lugar de tratar de disminuir el número de sus enemigos, parecía resuelta a aumentarlos con sucesivos insultos, no sólo contra los reyes, sino contra todos los gobiernos existentes." A pesar de esto, cuando Europa amenazó a Francia, Laurent Gouvion fue uno de los primeros en darse de alta como voluntario en el 1er batallón de Cazadores Republicanos. Su personalidad y formación previas se hicieron notar; al mes de su alistamiento fue elegido capitán, en cuyo empleo se unió al ejército del Rin bajo el mando del general Custine. Al llegar al frente el capitán de voluntarios pronto encontró posibilidades para sus dotes. En un ejército totalmente desorganizado un buen dibujante con ojo para el país no era un activo despreciable. Gouvion fue transferido al departamento topográfico del Estado Mayor. Añadió el nombre de su madre, -St. Cyr-, a su apellido, debido a la constante confusión que surgía debido al número de Gouvions empleados en el ejército.


GOUVION ST. CYR, Conde, de un grabado
a partir de una pintura de J. Guerin.

1794 - El 5 de junio, después de un duro trabajo de un año en el Estado Mayor, en el cual adquirió un profundo conocimiento del arte de la maniobra según el terreno y un buen conocimiento del funcionamiento de la maquinaria de un ejército, St. Cyr fue promovido a General de la brigada, y seis días más tarde a General de división. Participa en múltiples combates hasta 1797, entre otros: Hohenburg, Nothweiler, Berstheim, Schweigenheim, Trippstadt, bloqueo de Mainz, la retirada hacia Pfrimm, Deux-Ponts, Rastadt, Ettlingen, Stuttgart, Kannstadt, Neresheim, Friedberg, Geisenfeld, Freising, Schliengen y Kehl . Su promoción no era inmerecida, porque era su completo dominio de la guerra de montaña el que había contribuido -más que cualquier otra cosa- al éxito de la división del Ejército del Rin a la que había sido adscrito. Los soldados habían reconocido desde hace tiempo el hecho, y cuando escuchaban los cañones en pleno auge a través de los desfiladeros de los Vosgos, solían decirse uno al otro, "Es St. Cyr jugando al ajedrez." Al igual que Bernadotte, en un primer momento se negó a esta rápida promoción; temía que podría dar lugar al fracaso, porque la muerte era por entonces la habitual recompensa del fracaso, y además de esto, los Gouvions se encasillaron entre los nobles ci-devant. Como comandante, el nuevo general demostró rápidamente que, por mucho que admirara la libertad en abstracto, no tendría nada más que la obediencia de sus hombres. Alto de talla, más como un profesor que un soldado, a través de toda su carrera vistiendo el abrigo azul claro, sin uniforme ni charreteras, con el que iban uniformados los generales del Ejército del Rin, St. Cyr pronto se convirtió en uno de los más conocidos generales de la Francia republicana. Como uno de sus más amargos enemigos escribió de él: "Era imposible encontrar un hombre más tranquilo; los mayores peligros, decepciones, éxitos, derrotas, eran incapaces de afectarle. En la presencia de cualquier tipo de contingencia era como el hielo... se puede entender fácilmente, por lo que las ventajas de tal carácter, respaldado por un gusto por el estudio y la meditación, le hacían un oficial general." Se consideraba en el ejército del Rin a Desaix y a St. Cyr como las personas cuyo ejemplo se debía seguir.

La austeridad de su modo de vida, su sincero patriotismo y laboriosa perseverancia, dejó una huella indeleble en todos: Desaix estaba intoxicado con el amor de la gloria, lleno de ardiente entusiasmo, simpático en un grado extraordinario, muy susceptible a la influencia del momento, mientras que St. Cyr amaba el deber como la regla de su vida, modelando sus acciones por las leyes estrictas de cálculo, era absolutamente impermeable a la influencia externa, y nunca supo lo que era a dudar de sus propias fuerzas. Pero a pesar de sus grandes dotes, tenía muchos defectos: era muy celoso y sin saberlo permitió que sus propios intereses afectaran sus cálculos, en consecuencia, desde muy temprano en su carrera sus compañeros generales odiaban tener que cooperar con él, y se le etiquetó como "un mal compañero de viaje." Además, siendo un excelente estratega y táctico, los detalles de la administración le aburrían. Nunca llevó a cabo una inspección, ni visitaba los hospitales y dejaba los hilos de la administración en manos de sus subordinados; en consecuencia, tanto como sus tropas confiaban en él en el campo de batalla, les disgustaba en los cuarteles ya que, a pesar que su disciplina era de lo más severa, no hacía nada para proveerles de sus necesidades o diversiones.

1795 - Hasta la paz de Campo Formio St. Cyr compartió la suerte y vicisitudes del Ejército del Rin, en el que sirve como subordinado a Hoche, Jourdan y Moreau.

1797 – Comandante del flanco izquierdo del Ejército del Rin (14 de Enero) y Comandante del flanco derecho del Ejército de Alemania (2 de noviembre).

1796 - La batalla de Biberach, en 1796, fue su triunfo personal. Con un solo cuerpo de ejército derrotó a tres cuartas partes de la totalidad del ejército enemigo y lo condujo a la derrota con unas pérdidas de cinco mil prisoneros. Pero a pesar de esta victoria y numerosas menciones en despachos, al ser presentado al Director Rewbell, después del tratado de Campo Formio, se le preguntó, "¿En qué ejército ha servido?" Era necesaria una explicación, con lo que el director, encontrando que el general entendía y hablaba italiano, lo envió a su vez para tomar el mando del Ejército de Roma.


Batalla de Biberach

1798 - El 26 de marzo llegó a Roma y comenzó su primer mando independiente. Su tarea era difícil. Los oficiales del ejército se habían sublevado contra Masséna, que no había hecho ningún intento para pagarles a ellos o a sus tropas, pero que había aprovechado su estancia para amasar una fortuna para sí mismo. El nuevo general tenía orden de arrestar a ciertos oficiales y restaurar la disciplina. Era una tarea adecuada para su talento, y a los cuatro días de su llegada los descontentos fueron detenidos y se sofocó el motín. Su siguiente deber, según la orden del Directorio, era eliminar al Papa de Roma; por una extraña coincidencia, el oficial encargado de escoltar a su Santidad a la Toscana era un tal coronel Calvin. St. Cyr, muy contra su voluntad había llevado a cabo las órdenes del Directorio, pero su siguiente acción fue espontánea y dictada por su propia idea de justicia. Era la hora de la expoliación: un comité designado por el Directorio estaba ocupado en el transporte a Francia de todas las obras maestras del arte italiano, y los recién nombrados Cónsules de la República Romana estuvieron asimismo plenamente comprometidos en dichos actos de vandalismo. Cuando el general oyó que la magnífica Ofrenda de diamantes pertenecientes a la familia Doria hadía sido robada de la Iglesia de Santa Inés para exhibirse en los cuellos de las esposas de los cónsules, ordenó que la pieza fuera devuelta a sus propietarios. Los cónsules apelaron al Directorio; así que después de un mando de cuatro cortos meses, St. Cyr fue reclamado acusado de “abuso de poder” sólo para ser enviado otra vez para reanudar su antiguo empleo como comandante de división en el Ejército del Rin.

1799 - En junio de 1799, fue enviado a toda prisa a Italia para ayudar a Moreau, que estaba tratando de detener el avance victorioso de los austriacos y rusos. Llegó a tiempo para tomar parte en la reñida batalla de Novi, y para ayudar a organizar una obstinada resistencia en las laderas de los Apeninos. Antes de la batalla de Novi tuvo conocimiento del temible Suvorov. El general ruso, que confiaba en sus propios ojos más que en los informes de sus exploradores, montó un día hasta las líneas de las patrullas francesas vestido con su uniforme habitual, una camisa y un par de pantalones, y después de un reconocimiento apresurado regresó a su campamento y dio su célebre orden: "Dios lo quiere, el Emperador lo ordena, Suvorov al mando, que mañana el enemigo sea conquistado." Novi agregó brillo a la reputación de St. Cyr; fue su tenaz resistencia en el flanco derecho y su admirable manejo de la retaguardia el que impidió que los aliados victoriosos lanzaran a los derrotados franceses por los pasos hacia el mar. Pero Novi fue una tarea fácil en comparación con lo que vendría a continuación.

Los pasos de los Apeninos tenían que mantenerse y Génova defendida por un puñado de hombres desanimados por la derrota y medio amotinados por la falta de alimento necesario. Era una turba, no un ejército; no había intendencia, sin cofre de la paga y sin almacenes de ropa. Mientras tanto, Génova permanecía en un estado de latente rebelión en la retaguardia. La tarea se adaptaba al personaje; con una serie de inteligentes fintas y maniobras en el valle del Bormida, engañó al enemigo, restableció gradualmente la moral de sus tropas, y fue capaz de regresar rápidamente a Génova con tres batallones en el psicológico momento en que una rebelión estaba comenzando. Con una calma absoluta, dijo a las autoridades civiles que prepararan alojamientos para ocho mil soldados, de los cuales los pocos que estaban con él constituían la vanguardia. Las autoridades, alteradas por su súbita aparición, no dudaron de la llegada de esta ingente fuerza y posteriormente St. Cyr fue capaz de ocupar todas las plazas fuertes de la ciudad con el puñado de soldados que llevaba consigo para, a continuación, detener a los cabecillas de la rebelión. Mientras tanto, el juicioso establecimiento de comedores comunitarios en las calles alivió las necesidades de la población.

Apenas Génova fue pacificada cuando el general se enfrentó a un caso mucho más grave. El hambre había conducido a los soldados al motín, e incluso las posiciones avanzadas anunciaron su retirada del contacto con el enemigo y su intención de regresar a Francia. Fue sólo por un préstamo forzoso del Gobierno de Liguria, y apelando a un discurso más emotivo de su patriotismo, que fue capaz de convencer a los amotinados para volver a su deber, diciéndoles que si ellos dejaban sus banderas, pretendía "con los generales, oficiales y suboficiales mantener las posiciones ocupadas por el ejército". Además para animarles inició una serie de pequeñas escaramuzas, que restauraron la moral y condujeron a la batalla de Albano, donde infligió una derrota tan severa a los austriacos que Génova se vió libre durante un tiempo de todo peligro. A su vez, el Primer Cónsul, al enterarse de la victoria de Albano, envió a Saint Cyr una espada de honor, una hoja de Damasco en una vaina ricamente grabada con el pomo con incrustaciones de diamantes, que había sido originalmente destinada para el sultán. Pero a pesar de esta recompensa mediante la recepción de la primera espada de honor jamás dada por Napoleón, nunca fue un persona grata para este último.


Escudo de armas de St. Cyr.

1800 - A principios de año es apartado del Ejército de Italia y se le envía como lugarteniente a Moreau, que estaba operando en el valle del Danubio, mientras que Bonaparte se reservaba el teatro de Italia para sí mismo. Fue un hecho desafortunado para St. Cyr que se suponía que debía pertenecer a la facción de Moreau, por lo que la relación entre el general y el Primer Cónsul se hizo más desagradable. Moreau no se molestaba en ocultar su disgusto por Bonaparte, y al escuchar el rumor de que el primer cónsul tenía la intención de tomar el mando del Ejército del Rin y colocarlo como segundo al mando, perdió los estribos y dijo a su estado mayor durante una cena: "que que no quería un figurín a lo Luis XIV en su ejército, y que si llegaba el Primer Cónsul, él se iría." Mientras tanto, surgió una gran fricción entre el general y su nuevo comandante en jefe. St. Cyr, orgulloso de sus últimos logros, había criticado severamente los planes y organización de su jefe, que estaba extremadamente indignado por la idea que nadie debía dudar de su capacidad para manejar un ejército de ciento treinta mil hombres y al mismo tiempo los cuerpos de reserva con veinticinco mil hombres más; por lo que Moreau menospreció los logros de St. Cyr. Éste mostró su habilidad acostumbrada como táctico en D'Engen, Mosskirch, y Biberach, a pesar que no pudo mantenerse en contacto con las columnas a su derecha e izquierda, y aumentó su reputación como un celoso luchador. La segunda batalla de Biberach (9 de mayo) fue una obra maestra de audacia, y hasta el día de su muerte el general al recordar su éxito siempre mantuvo: "En aquel día yo fui un hombre." Durante las operaciones alrededor de Ulm, las relaciones se hicieron aún más tensas, y St. Cyr aprovechó la ocasión, con la excusa de una herida para exigir su regreso a Francia. El primer cónsul mostró la actitud que siempre tomaba con aquellos que no le gustaban, pero temía. Recompensó a St. Cyr, haciendo de él un Consejero de Estado, y, al mismo tiempo lo apartó enviándolo a una misión diplomática a España.

1801 - Es enviado a España al mando del ejército combinado hispano-francés destinado a la invasión de Portugal (Guerra de las Naranjas) y es nombrado Gran Oficial de la Legión de Honor. Cuando el tratado de paz con Portugal fue firmado, sucedió a Luciano Bonaparte, como embajador en Madrid.

1802 - El general permanece en Madrid como diplomático hasta el mes de agosto de 1802, y pasa un corto período de permiso en París.




CONTINUARÁ EN LA 2ª PARTE: 

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Fuentes:
- Ridley Scott: The Pocket Essential Guide, Bryan J. Robb, Matrix Digital Publishing (April 1, 2005)
- “Napoleon's Marshals”- R. P. Dunn-Pattison, Essex Street W.C., London, 1909
- https://en.wikipedia.org/wiki/Laurent_de_Gouvion_Saint-Cyr
- http://emperornapoleon.com/commanders/St-Cyr/index.html
- http://www.napoleon.org/fr/salle_lecture/biographies/files/gouvion-saint-cyr.asp


Imágenes:

- "The Duellists" fragmento, Paramount Pictures & Enigma Productions & Scott Free Enterprises & National Film Finance Corporation
- “Napoleon's Marshals”- R. P. Dunn-Pattison, Essex Street W.C., London, 1909
- Battle of Biberach 1796 - Antique Print 1836. Published by Delloye Place de la Bourse Paris 1836. Taken from France Militaire History of the Armies of France of Land and Sea 1792-1833 http://www.ebay.es/itm/Alemania-batalla-de-Biberach-1796-Antiguo-impresion- 1836-/181768674100
- (Blasón) By Jimmy44Image created for the Blazon Project of the French Wikipedia - Own workiThe source code of this SVG is valid.This vector image was created with Inkscape by Jimmy44., CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4297180

viernes, 18 de marzo de 2016

Pintura. El arte de... Richard Caton Woodville Jr.

Esta semana os traemos otro famoso pintor del siglo XIX que también recreó imágenes de la época napoleónica con gran maestría, Richard Caton Woodville Jr.



EL APUNTE

Richard Caton Woodville Jr. era hijo de Richard Caton Woodville (1825-1855) un artista estadounidense que en 1845 había empezado a estudiar medicina pero que emprendió la carrera de pintor; a la edad de 20 años, dejó Baltimore para estudiar en la Kunstacademie en Düsseldorf (Alemania) donde vivió durante los siguientes seis años con su esposa, María Teresa (nacida Buckler), con la que se había casado en 1844, teniendo dos hijos, Henry y Bessie. Posteriormente, en 1850, su esposa e hijos regresaron a Baltimore y Richard Caton se trasladó a Paris al año siguiente. Allí conoció a otra mujer, Antoinette con la que tuvo dos otros hijos, siendo Richard Caton Woodville Jr el segundo, que nació un año después de la muerte de Woodville Sr. a causa de una sobredosis de morfina en 1855, con sólo con 30 años de edad. 

Antoinette tenía cierto prestigio como pintora de retratos, se trasladó con la familia en primer lugar a San Petersburgo y más tarde se estableció en Düsseldorf, donde su hijo estudió pintura con el artista prusiano Wilhelm Camphausen, con Eduard von Gebhardt y con Jean-Léon Gérôme en Paris. Presentó sus primeras ilustraciones en blanco y negro para el Illustrated London News a la edad de 20, donde también desarrolló una sólida reputación como reportero y escritor de talento. A los 21 años, en 1877, Woodville se casó con  Annie Elizabeth Hill, con la que tuvo dos hijos y de la que se divorció en 1891. Poco después, fue enviado como corresponsal para informar sobre la guerra ruso-turca (1877-1878) y más tarde, en diciembre de 1882, a la guerra anglo-egipcia donde dibujó bocetos y tomó fotografías de las trincheras en Tel-e-Kebir para su amigo Alphonse de Neuville, también pintor. 

Woodville fue encargado por el Illustrated London News para pintar una serie que representara famosas batallas a lo largo de la historia, incluyendo la carga de la brigada ligera en Crimea, la carga de los lanceros en Omdurman, la batalla de Blenheim, la Batalla de Badajoz y varios específicos sobre la batalla de Waterloo. En 1895 produjo unos 200 dibujos y pinturas. Mantuvo al mismo tiempo una gran colección de armas y uniformes en su estudio.

Durante su vida, Woodville disfrutó de gran popularidad. Tenía una gran pasión por el ejército británico e incluso se había unido al Berkshire Yeomanry en 1879, permaneciendo en él hasta 1914, cuando pasó a la Reserva Nacional como capitán.

Woodville representó también numerosas batallas durante la Primera Guerra Mundial, incluyendo tres que fueron exhibidas en la Real Academia en 1927: "The 2nd Batt. Manchester Regiment taking six guns at dawn near St. Quentin", "Entry of the 5th Lancers into Mons and Halloween, 1914" y "Stand of the London Scottish on Messines Ridge". Woodville había estado sufriendo de problemas del corazón y de dolor en su pierna, que tenía rota desde hacía años y se había visto agravada por un segundo accidente en Egipto. Woodville se suicidó en Middlesex, el 17 de agosto de 1927. El forense registró en su dictamen que Woodville estaba demente cuando se pegó un tiro. Sus efectos -que ascendieron a sólo 10£- fueron legados a su hijo, el actor Anthony Caton Woodville. Su hijo W. P. Caton Woodville era también pintor.



OBRAS ESCOGIDAS

"Poniatowski's Last Charge at Leipzig" (1912).





















"Life Guards Charging At The Battle Of Waterloo" (1899)






















"The Outpost's driven in!" (1910)





















 
"Bonaparte and the survivors of the Forlorn Hope at St Jean"





















"Marshal Ney at Eylau" (1913)























 "Ratisbon - Incident of the French Camp" (1907)





















 


"Napoleon Croix d'Honneur" (1912)























Asedio de Badajoz, por Richard Caton Woodville Jr.




"Scotland Forever!" (1905)




"The Devonshire Regiment, 1811" (1910)



"Prussian general, Waterloo period"



Royal Artillery, 1814






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Fuentes:

- http://illustrationartgallery.blogspot.com.es/2012/03/richard-caton-woodville-junior.html
- https://en.wikipedia.org/wiki/Richard_Caton_Woodville,_Jr.

Images:

- By Unknown - "Random Recollections" (1914), Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=14729237
- De Richard Caton Woodville, Jr. - previous file source [1]; actual file source [2], Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4468513
- Life Guards Charging At The Battle Of Waterloo- De Richard Caton Woodville, Jr. - http://www.artrenewal.org/asp/database/art.asp?aid=238, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4468500
- https://www.sothebysaustralia.com.au/list/AU0772/295
- http://www.military-prints.com/military_print.php?ProdID=6222
- http://www.tate.org.uk/art/artworks/woodville-marshal-ney-at-eylau-n05204
- De Richard Caton Woodville, Jr. - http://www.artrenewal.org/asp/database/art.asp?aid=238, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4468505
- De Richard Caton Woodville, Jr. - http://goldenagepaintings.blogspot.com/2009/01/richard-caton-woodville.html, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=17236189
- "Scotland forever!": Scots grey at Waterloo / The Devonshire Regiment, 1811. Bloody Eleventh /
Prussian general, Waterloo period / Royal Horse artillery // Paintings, drawings and watercolors from the Anne S.K. Brown Military Collection

viernes, 11 de marzo de 2016

Los Regimientos de Rifles de Wellington, por Ray Cusick

La entrada que os traemos hoy trata sobre un libro bastante interesante publicado el año 2013, "Wellington's Rifles" cuyo autor, Ray Cusick, un diseñador de la cadena de televisión inglesa BBC, no llegó a ver publicado ya que murió en febrero de ese mismo año a los 84 años. Ray habia servido como tirador en el Real Cuerpo de Rifles, en Oriente Medio durante varios años, lo que siempre es de inestimable ayuda a la hora de escribir un libro sobre una unidad militar como el caso que nos ocupa.





EL LIBRO

El autor dedica sus primeros cuatro capítulos a la guerra "lineal" del siglo XVIII, su contrapunto con las guerras indias, con el concepto de "disparar y moverse" y la posterior creación de las primeras unidades ligeras del ejército inglés, inicialmente con tropas mercenarias de los territorios alemanes (jägers, cazadores y tropas de montaña) con la introducción de los primeros mosquetes estriados en el ejército británico y llegando hasta la guerra de Revolución Americana de 1776.
 
En los capítulos siguientes ya entramos de lleno en la época revolucionaria y napoleónica comenzando desde 1793, año del estallido de la guerra contra la Francia revolucionaria, el estado general del ejército inglés era de gran precariedad; había una completa ausencia de uniformidad en lás tácticas y disciplina en general, y cada coronel de regimiento hacía de más y de menos según su experiencia y criterio. Los efectivos del ejército en aquel entonces eran de unos 40.000 hombres.

El artífice principal de la renovación del ejército fue el Rey Jorge III y más concretamente su hijo, Federico, Duque de York, que era el comandante en jefe del ejército. Desde la Guerra Civil, en Inglaterra el gobierno siempre había tenido recelos del ejército y éste nunca era concentrado en grandes contingentes. El Duque tomó la tarea de renovar al ejército con gran denuedo, incluso viajando al Continente para ver el funcionamiento de los ejércitos europeos. Las reformas llevadas a cabo tocaron todos los ámbitos y aspectos del servicio, desde el reclutamiento hasta las raciones, y se fundó un Colegio militar en High Wycombe y otro para cadetes que con los años se transformaría en el actual Real Colegio Militar de Sandhurst.

John Moore
John Moore (el general inglés caido en la batalla de Elviña) fue uno de los artífices de los nuevos regimientos ligeros, comenzando por el suyo propio (52º Oxfordshire Regiment) y seguidos por el 51º, 71º y 85º. La creación de los nuevos regimientos implicaba también la utilización de nuevas tácticas y de nuevo armamento.

Aparte de la compra en 1798 de 5.000 rifles-mosquetes con bayoneta a Prusia, en 1800 se formó una comisión para elegir la nueva arma que equiparía a los nuevos regimientos de rifles: el 95º, el 5/60º, y durante la Guerra de Independencia a las unidades ligeras de la Legión Alemana del Rey (KGL), los Jägers (Cazadores) de Brunswick y algunas compañías de Caçadores portugueses. Se eligió el modelo de Ezequiel Baker, de Londres, (el famoso Rifle Baker) y que permanecería en servicio en el ejército británico hasta 1839.

Equipación de soldado del 95º.
El libro también repasa la formación de una de las unidades inglesas de infantería más famosas, el 95º Regimiento de Rifles, o los Rifles a secas (95th Regiment of Foot), en 1801. El 95º se distinguía por su uniforme verde oscuro y por ser el único batallón de rifles durante la Guerra de Independencia, junto con el 5/60º. Pero el elemento que lo distinguía por encima del resto de unidades de infantería del ejército de Wellington era su Rifle Baker. El 95º se jactaba de ser "el primero en el campo de batalla y el último en abandonarlo", y en la actualidad gracias a las novelas de la serie Sharpe de Bernard Cornwell su fama se ha incrementado enormemente.


Cusick prosigue con algunas acciones de las unidades ligeras en suelo portugués y español en 1810, como Côa, Agueda, Barba del Puerco, Puente de Marialva, Villar del Puerco y en 1811 con Sabugal y Fuentes de Oñoro. 

El libro finaliza en su capítulo 12 con la narración de la presencia de las unidades de infantería ligera y los Rifles en la campaña de los 100 días, y su situación y evoluciones durante la batalla de Waterloo: 

- 1. En Hougoumont por las compañías ligeras de los cuatro batallones de Guardias, aparte de 300 Jägers (Hannoverianos),
- 2. El 2º batallón ligero de la Legión Alemana del Rey (KGL) y dos compañías del 1º batallón ligero de la Legión Alemana del Rey (KGL) en la Haye Sainte,

 
La ubicación de las unidades de infantería ligera según Cusick, en el mapa de Craan.
 
- 3. el 1/95 Rifles en el famoso "foso de arena" a la izquierda de la Haye Sainte en el centro del frente de Wellington,  el 51º cubriendo una trinchera detrás de Hougoumont.
- 4. En la reserva se encontraba la 3ª Brigada Ligera Británica, (52º, 1/71º, 6 compañías del 2/95º Rifles y 3 compañías del 3/95º Rifles) al mando del Mayor General Frederick Adam. 



Un rifle Baker, con la bayoneta-espada de 24 pulgadas.



CONCLUSIONES:

:-) El libro tiene un estilo ágil y ameno sobretodo en sus primeros capítulos, al hablar de la creación de las primeras unidades de infantería ligera -algunas equipadas posteriormente con Rifles- y que vieron su origen en las guerras indias de Norteamérica contra los franceses y sus aliados indios. Aspectos como la creación e instrucción de las tropas ligeras, los tratados escritos, las tácticas empleadas, sus mandos y generales, uniformes y armamento son tratados puntualmente con corrección británica, lo que hace el libro en su conjunto muy recomendable a los amantes de la época napoleónica (y a los seguidores de la serie de "Sharpe" en particular).

:-( : Steve Brown en su reseña del libro en la web de Napoleon's Series (relacionado al final), denota el hecho que no se hayan tratado otras acciones en que intervinieron los regimientos de Rifles, como las campañas de Buenos Aires, Walcheren, Flandes o el asedio de Cádiz, quizás fruto del repentino óbito del autor. Particularmente el libro lo he encontrado deslavazado en algunos capítulos, repitiendo enteramente algunos párrafos ya aparecidos en capítulos anteriores, y con algunas pinceladas de típico "chauvinismo" militar británico, criticando las tropelías francesas en Portugal, sin hacer referencia a ninguna de las cometidas por tropas británicas (a lo "Corrigan" style) en suelo peninsular. El tramo final del libro dedicado a la batalla de Waterloo es también bastante ameno por su narrativa describiendo en cada momento la situación de cada una de las unidades en el ataque final de la Guardia Imperial. Mención aparte decir que cuando se escribe (incluyo al autor) sobre la intervención final de la Guardia Imperial en la batalla, cabe decir que en su totalidad ésta no era tampoco la misma Guardia Imperial que se había labrado su reputación en los campos de batalla de Europa en los años de gloria de Napoleón.
 



Nuestra puntuación:





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Fuentes:

- "Wellington's Rifles" - Raymond P. Cusick, Pen&Sword Books Ltd., South Yorkshire, 2013
- http://www.napoleon-series.org/reviews/military/c_WellingtonsRifles.html (Steve Brown, 2014)

- https://trudon.com/eu_en/collections/busts.html

Imágenes

- De http://wargames.co.uk/Poems/Moore.html, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1542884
- By Antique Military Rifles - Derivative work of Baker Rifle; originally posted to Flickr, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=6535071

jueves, 3 de marzo de 2016

William Siborne, una maqueta polémica o la última víctima inglesa de la batalla de Waterloo.


La entrada de esta semana iba titularse: "Siborne o el hombre que se enfrentó a un Duque", porque eso fue lo que se atrevió a hacer en su momento nuestro personaje en una época en la que enfrentarse al Duque de Wellington era garantía de incurrir en la ignominia pública por cuestionar a una gloria nacional de su prestigio. Probablemente algunos ya conozcais la figura de William Siborne, y para los que no lo conozcais, os invito a que leais esta entrada que, sin tratar de ninguna hazaña guerrera, tiene que ver en gran medida con la batalla de Waterloo y lo que aconteció en ella. 


William Siborne


EL PERSONAJE

Nacido en Greenwich (Kent), en 1797, William Siborne tuvo una educación convencional como hijo de un caballero de modesta posición. Su padre, que tuvo una comisión en una unidad de la milicia, fue transferido a un regimiento regular de línea durante las guerras napoleónicas. Siborne -junior- ganó su admisión en el Colegio Militar Real (hoy la famosa Royal Military Academy en Sandhurst), se graduó en 1814, y se unió al 1er batallón del 9º Regimiento de Infantería (el regimiento Norfolk) también mediante una comisión. Aunque no participó en la batalla de Waterloo, su unidad formó parte del ejército de ocupación en Francia, donde permaneció hasta 1817. En ese año, al igual que otros miles de oficiales, su empleo fue puesto a media paga. Sin embargo en 1826, se aseguró un puesto a jornada completa como Secretario Militar Auxiliar del Comandante en Jefe de Irlanda, en Kilmainham, cerca de Dublín.

El entonces teniente Siborne se labró una sólida reputación como un experto topógrafo en los años siguientes (su primer libro, las "Instrucciones para topógrafos civiles y militares en el dibujo de planos de topografía", dedicado a Lord Hill, fue publicado en 1822) , y se convirtió en un firme defensor de la utilización de modelos de batallas como herramienta de entrenamiento para los oficiales. Un compañero oficial lo describió como "... un oficial capaz . Un hombre de fino juicio e inteligencia... y muy bien informado." Su diorama de la batalla de Borodino ayudó a consolidar su reputación y atraer la atención de la Oficina de Guerra. Posteriormente, casi por accidente, Siborne haría un explosivo descubrimiento que le perseguiría durante toda su carrera.


EL ENCARGO Y SU REALIZACIÓN

En 1829, el ejército había propuesto la creación de un Museo de Servicios Unido y quería un modelo a escala de la batalla de Waterloo para que se convirtiera en su principal pieza de exhibición. En 1830, quince años después de la batalla, Lord Hill le ofreció a Siborne una comisión para crear una maqueta de la batalla de Waterloo, que iba a ser la principal atracción de la exposición del nuevo Museo de Servicios Unidos y al mismo tiempo un monumento a la victoria que coronó a Wellington.

Siborne llevó a cabo la comisión con presteza y en el entendimiento que el Ministerio de Defensa pondría un montante económico para poder financiar el proyecto. Muy a su pesar, dicho entendimiento no se le dio por escrito. Sin embargo, puso su corazón y alma en la empresa, y dinero de su propio bolsillo. Abandonó el Ejército y llevó a cabo un levantamiento del campo de batalla durante el transcurso de ocho meses, acampando muchas veces en el mismo y esto mucho antes de que existiera el Servicio de Cartografía del Ejército (Ordnance Survey), asi que la creación del mapa de la batalla fue innovadora en sí misma. A continuación, envió una carta a los oficiales británicos supervivientes que habían servido en Waterloo. Les preguntó donde habían estado sus unidades "hacia las 19:00 horas", qué unidades enemigas tenían enfrente, qué clase de cultivos había a sus alrededores, y los invitaba a intercalar comentarios sobre los papeles desempeñados por sus regimientos.

Se recibieron alrededor de 700 respuestas y éstas formaron la base para el trabajo de Siborne.Se pasó los siguientes ocho años investigando las disposiciones de las fuerzas, comparando testimonios de despachos oficiales (incluidos los propios de Wellington), de las memorias impresas, y la abundante correspondencia que realizó con los veteranos supervivientes, ingleses, franceses y prusianos*. Al final del trabajo  se consiguió un modelo magnífico, y junto con el archivo de las cartas a Siborne que era su producto, forman una evidencia histórica única de la batalla. 


EL MODELO 

Su modelo fue planificado a una escala prodigiosa: abarca casi 120 m² cuadrados, representando perfectamente cada árbol, matorral, y el contorno del campo de batalla. Algunos de los 75.000 modelos de estaño (una figura por cada dos soldados reales) representarían el despliegue de las diversas fuerzas en el momento de la "crisis de la batalla" - las 19:00 horas del 18 de junio de 1815 - cuando los acontecimientos se volvieron decididamente contra el Emperador francés. En este punto, los 68.000 soldados del contingente belga-holandés-británico con los que el Duque de Wellington había comenzado la batalla se vieron muy reducidas, y sus aliados -40.000 prusianos bajo el mando del Mariscal de Campo Blücher von Wahlstadt- estaban iniciando su tercer gran ataque contra las posiciones francesas en el pueblo de Plancenoit .

Diferentes imágenes de la maqueta:






Algunos modelos de estaño representando a los soldados: 





El modelo se completó durante dos años en Irlanda, en 1838 y fue enviado a Inglaterra en un total de 39 secciones. Según Ben Taggart, descendiente de Siborne, "el modelo estaba básicamente hecho de una estructura en forma de caja de madera, encima de la cual se construyó el terreno con yeso de Paris (es un yeso calcinado que no contiene aditivos, llamado también aljez o yeso mate) y la hierba para las zonas de los campos y las texturas fue confeccionada con una gran variedad de materiales. Incluso utilizó a menudo una redecilla para recrear la hierba alta o el heno. En la recreación del campo de batalla fue muy diligente y anotó qué tipo de cultivos crecían en aquellos campos, las alturas de los setos, etc."


Mike Johnson (LP Arqueología) haciendo unas fotografías a una sección de la maqueta con la granja de Hougoumont para reconstruir un modelo digital de la misma.


Los efectos del incendio en la capilla por los proyectiles incendiarios y los jardines rodeados de muros con los agujeros de los proyectiles. En los instantes finales de la batalla, Hougoumont prácticamente estaba en ruinas.


LA EXHIBICIÓN

Después de innumerables problemas prácticos, su "Gran Modelo" finalmente fue montado y expuesto para su exhibición pública en el Egyptian Hall, de Piccadilly. Aunque el modelo atrajo un estimado y nada despreciable número de 100.000 visitantes en su primer año, pagando cada uno un chelín, los ingresos no cubrieron los costos que había tenido Siborne y éste quedó seriamente endeudado. Posteriormente el modelo volvió a Irlanda en 1841 y se dejó guardado en un almacen. En 1851, se emprendió una suscripción entre los regimientos británicos representados en el modelo y se compró. Fue llevado de vuelta a Londres para ser mostrado en el salón de banquetes de Whitehall, como parte del servicio del Museo de Servicios Unido. Cuando ese museo se vio obligado a clausurar gran parte de su colección, que incluía el modelo de Siborne, se trasladó definitivamente al Museo Nacional del Ejército. 


LA POLÉMICA 

No he podido por menos que traduciros el relato que hace John Adamson de la polémica suscitada en su momento1 por su exposición clara y concisa de los hechos :

"Una figura, sin embargo, no pudo compartir el entusiasmo general. Mientras que Wellington había aprobado inicialmente el proyecto como un monumento a su genio militar, se había vuelto más frío, y, finalmente, francamente obstructivo, a medida que las investigaciones de Siborne progresaban. 


Plano de Waterloo según Siborne (11:15 h)
El punto clave en cuestión era el papel de los prusianos. Después de cotejar los registros del Estado Mayor prusiano con los de los propios oficiales de Wellington, Siborne había descubierto inconsistencias graves en el propio relato de Wellington de la batalla, el célebre Despacho de Waterloo. 

Donde el duque siempre había insistido en que los prusianos habían llegado relativamente tarde en el día, cuando la batalla estaba ganada, Siborne pudo probar que, efectivamente, se habían involucrado en la batalla varias horas antes de lo que Wellington afirmó, y por lo tanto habían jugado un papel mucho mayor en la victoria de lo que se les atribuye en el Despacho. Wellington respondió insistiendo en que Siborne estaba "equivocado" y exigiendo que la mayor parte de las tropas prusianas que aparecían en el modelo debían ser eliminadas**


Plano de Waterloo según Siborne (19:45 h)

Inalterable, Siborne aumentó su "ofensa" seis años más tarde con la publicación de -en dos volúmenes con un volumen adjunto de mapas- su Historia de la guerra en Francia y Bélgica en 1815, en la que presentó pruebas detalladas de la pronta (y extensa) contribución de los prusianos. Su Historia fue posteriormente publicada en EE.UU en 1845 y en una edición alemana en 1846. 

Al insistir en la exactitud histórica, Peter Hofschröer argumenta que, Siborne estaba "en efecto llamando a Wellington mentiroso" - y en el proceso no sólo socava uno de los pilares de la élite británica, sino que subvierte un elemento central de la mitología nacional: la convicción de que sólo Gran Bretaña - y el genio del duque de Hierro - salvó a Europa de la tiranía de Napoleón.

Siborne pagó un alto precio por este acto de lesa majestad histórica. Los amigos de Wellington en el Ministerio de Defensa se negaron a comprar el modelo. Una propuesta para la exposición del modelo en la Galería Nacional, de reciente apertura, en Trafalgar Square "no llegó a ninguna parte". Y, lo más irritante de todo, mientras que su propia historia de la guerra se vendió relativamente mal, tuvo que ver como era plagiado por un rival respaldado por Wellington, el reverendo George Gleig, con un relato sobre la campaña -con una gran influencia y que fue un éxito de ventas- que descaradamente corroboraba la versión favorecida por el Duque. 

Ejemplar del libro de Siborne
Detrás de todos estos contratiempos existía una campaña orquestada por Wellington para desacreditar tanto el modelo de Siborne como su fiabilidad como historiador. "Ridículo e inútil", fue su veredicto sobre el modelo, y apenas fue más educado sobre la historia de Siborne; sin embargo, como señala Hofschroer, "todo el cuerpo de oficiales del ejército británico tenía que ser consciente de que los comentarios negativos de Wellington estaban motivados por el rencor. 

Puede ser. Pero la versión de Wellington de lo que sucedió en Waterloo fue construida para satisfacer las amantes más exigentes de la Musa inocente de la historia. En 1815, las relaciones de Gran Bretaña con Prusia estaban sumamente tensas por la sospecha de que su aliado nominal tenía la firme intención del expansionismo territorial. Como concede incluso Hofschröer, "si el Duque hubiera dado a los prusianos el reconocimiento por su papel en la batalla, probablemente les habría conducido a hacer demandas aún más fuertes para una mayor expansión territorial, alterando el equilibrio de poder tan laboriosamente establecido en el Congreso de Viena" en 1814. El interés nacional y la vanidad personal de Wellington convergieron.

El duque tenía poca más "alternativa" que el descrédito de Siborne en los años 1830 y 1840, si la inmediata diplomacia post-Waterloo de Gran Bretaña -y su propia reputación después de la guerra- fueran revelados como fundados, si no del todo en una mentira, entonces en una medio conveniente verdad."


EL DESENLACE

Cinco años después de la primera aparición pública del diorama (el año en que fue nombrado ayudante del Royal Military Asylum), Siborne eliminó las figuras que representaban a los 40.000 soldados prusianos del modelo. Fue un gesto para apaciguar y aplacar a Wellington, en la esperanza de que el Ministerio de Defensa liberaría los fondos para pagar sus deudas: el silencio oficial saludó el gesto de Siborne.

La reputación de Siborne no acabó con su muerte, pues fue cuestionado una y otra vez por legiones de historiadores militares. Aun así, tuvo sus partidarios que, aunque no tan fuertes e influyentes como los que le arruinaron, le brindaron algún tipo de protección: es más algunos ocupaban posiciones de influencia. Consiguió su puesto de Adjunto en el Royal Military Asylum en 1843 -previamente había comprado su capitanía en 1840- cuando reemplazó a su antecesor en el cargo, el capitán J. Ludgard que había estado en el Asilo desde que abrió sus puertas en 1803.

Según Richard Gilbert, "Por lo tanto, no es del todo cierto afirmar que Siborne murió en la pobreza. Por el contrario , durante los cinco años que formó parte del personal del Royal Military Asylum, él y su familia disfrutaron del un sueldo anual de £ 120 (equivalente a unas £ 10.000 actuales)".

Después de su muerte, su hijo Herbert Siborne también organizó la publicación de una selección de las cartas enviadas en su momento (extractos de sólo de unas 200 misivas). A pesar del hecho de que la colección fue donada a la Biblioteca Británica a finales del siglo XIX, dicho material no ha visto la luz pública hasta nuestros dias.

El mismo Gilbert asevera que: "Captain Siborne, one-time Adjutant of the RMA, has been vindicated and history must condemn Wellington for his monstrous ego and his failure to share his victory with his Prussian allies, but more roundly for exercising his immense influence to demean a gallant and scholarly junior officer, hounding him to an early grave."

(trad.) "El Capitán Siborne, una vez Adjunto del RMA, ha sido reivindicado y la historia debe condenar Wellington por su ego monstruoso y su fallo en no compartir su victoria con sus aliados de Prusia, pero más rotundamente por ejercer su inmensa influencia para degradar a un galánte y académico oficial subalterno, acosándolo hasta una tumba prematura".


EL MODELO EN LA ACTUALIDAD

El Gran Modelo de Waterloo de Siborne está una vez más en exhibición pública -en el Museo Nacional del Ejército (National Army Museum, Royal Hospital Road, Chelsea, London, SW3 4HT), al lado del Hospital de Chelsea, donde Siborne terminó sus días como secretario militar.

Pero fue la versión de Wellington de la historia la que ha prevalecido hasta ahora: de los ofendidos 40.000 prusianos que Siborne colocó cuidadosamente una vez en su modelo, todos menos un puñado han sido eliminados1.


Una última imagen de la meticulosidad del modelo y del trabajo de William Siborne.



(*) Por contra, curiosamente en la propia página web del National Army Museum, al hablar del modelo cita "No parece haber intentado tener en cuenta los testimonios franceses y prusianos y las cartas de los oficiales alemanes en el ejército de Wellington fueron ignoradas. Gran parte de la zona ocupada por los prusianos avanzando se excluyó del modelo en un intento claro para ser visto sólo desde la perspectiva británica." (¿?).

(**) En "Las letras de la victoria impresa", Julio Martín Alarcón escribe:  "Los impuestos sobre el papel, la restrictiva legislación contra el libelo y el control del servicio postal, el cuerpo más poderoso a la hora de transmitir información, facilitaban la labor para tener una prensa dócil. Los británicos leían lo que Wellington y sus superiores querían. El 'duque de hierro' no era un simple funcionario del ejército, sabía cuando escribió su versión de la histórica jornada que acabó con el último aliento del emperador que había doblegado Europa que aquellas líneas eran poder. Años después, cuando comenzaron a publicarse algunas cartas y memorias de los combatientes siguiendo con la fiebre post Waterloo que incluso generó una industria turística ya en el siglo XIX, en el campo de la leyenda, solía decir que "cualquier idiota puede escribir lo que cree que pasó o que vio combatiendo, pero sólo yo tengo la visión de conjunto necesaria y la posición para poder contar cómo ocurrió".


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Fuentes:

1- http://www.telegraph.co.uk/culture/books/3614108/Wellingtons-second-Waterloo.html (John Adamson en una reseña sobre el libro de Peter Hofschröer, "Wellington's Smallest Victory"
2- http://www.napolun.com/mirror/napoleonistyka.atspace.com/WELLINGTON_GREATEST_VICTORY.htm
3- http://www.nam.ac.uk/online-collection/detail.php?acc=1975-05-56-1
4- http://www.ampltd.co.uk/collections_az/Waterloo/description.aspx
- http://www.richardgilbert.ca/achart/public_html/articles/york/siborne.html
5- http://www.elmundo.es/la-aventura-de-la-historia/2015/06/17/557ecf9e46163f88038b4583.html

Imágenes:
 

- https://www.youtube.com/watch?v=DwXSQUwBPGk
- http://www.nam.ac.uk/online-collection/images/960/102000-102999/102348.jpg
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- http://www.nam.ac.uk/online-collection/images/960/102000-102999/102349.jpg
- http://cudl.lib.cam.ac.uk/view/PR-ATLAS-00002-00084-00020/6