martes, 31 de mayo de 2016

Wellington y sus artilleros, por Nick Lipscombe (I).

Nick Lipscombe
Esta semana iniciamos el mes de junio y lo hacemos con una interesante serie de tres entradas dedicadas a la conferencia impartida por Nick Lipscombe1 en el National Army Museum2 en el año 2015, que podeis ver también en el canal Youtube, y que versó sobre las relaciones entre "Wellington y sus artilleros", teniendo como telón de fondo las nada fáciles relaciones entre el Duque, como comandante en jefe (C-in-C) del ejército británico en España, de 1808 a 1814 y los sucesivos comandantes de su arma de artillería durante la Guerra de Independencia (la Peninsular War para los escritores ingleses) así como la Campaña de Bélgica de 1815. Os reproducimos el contenido de la conferencia gracias a la amable autorización del propio Nick Lipscombe, que nos introduce con gran amenidad en los entresijos del arma de artillería del ejército británico durante la Guerra de Independencia, sus logros, organización, armamento, sus comandantes y, como no, las no siempre fluidas relaciones con su comandante en jefe, el Duque de Wellington.



CONFERENCIA: "Wellington y sus artilleros"

Esta pintura muy bien ambientada obra de Christopher Collingwood representa la Tropa G de los artilleros de la Real Artillería Montada a eso de las cinco de la tarde en la cresta de la parte central derecha aliada de Mont Saint Jean en Waterloo.



Tres horas más tarde, después de haber estado en acción durante ocho horas enteras y de hecho también en la acción del día anterior durante la retirada del ejército de Wellington de Quatre Bras, la tropa fue casi aniquilada. Y hay muy pocos, si es que hay alguno, que en realidad hayan estudiado la batalla de Waterloo que no estarían de acuerdo con un historiador reciente, Jack Weller, cuando escribió que la artillería de Wellington hizo más por él en la batalla de Waterloo que en cualquier otra batalla.

Sin embargo, había un hombre que no estaba de acuerdo con esto, el verdadero artífice de la victoria aliada en Waterloo. El Duque de Wellington iba a escribir al Maestre General de la Artillería el 21 de diciembre desde su sede en París, seis meses después de la batalla, donde se encontraba al mando de los ejércitos de ocupación. Y él escribió que no estaba realmente muy satisfecho con la artillería en la batalla de Waterloo. Y procedió a hacer cuatro acusaciones diferentes en una larga carta.

La primera, que habían fallado en mantener una reserva; la segunda, que habían llevado cabo fuego de contra-batería, esto es disparar sobre las baterías francesas; la tercera, que no habían buscado refugio dentro (que es una palabra clave) de los cuadros de la infantería durante las cargas de caballería de las cuatro en punto a las seis en punto, a primera hora de la tarde; y finalmente, el último golpe de gracia, el hecho de que habían huído del campo de batalla.

George Wood
Durante la batalla de Waterloo, este hombre de aquí, George Wood, fue el CRA o el comandante de la Artillería Real. Y él era un oficial de artillería muy capaz. Pero no era el oficial de la elección de Wellington. Y por lo tanto era una relación condenada al fracaso desde el principio. Antes de que el barro se hubiera secado en los campos de Mont Saint Jean, Wood había caído en desgracia con Wellington por haber fallado en la supervisión de la artillería a raíz de la llegada de los prusianos al campo de batalla y en agrupar toda la artillería francesa abandonada.

Iba a escribir a un amigo y colega suyo, y un ex CRA de Wellington, Alexander Dickson, que había acabado de regresar de la debacle en Nueva Orleans y estaba en la batalla. Pero le escribe a Dickson, "Mi sol se pone y voy a pedir permiso para regresar a Inglaterra, habiendo recibido la reprimenda más severa ante todo el estado mayor y los sirvientes por no haber trasladado la artillería que capturamos... pero más cuando nos encontremos". Y John Fortescue, el autor de esa obra magnífica de la historia del ejército británico, escribió que no puede haber ninguna duda de que no había simpatías entre el general y sus artilleros. Llegó a la conclusión de que le resultaba difícil entender que todos los fallos fueran sólo de una parte.

¿Cómo fue esta relación para que alcanzase este punto de inflexión? ¿Realmente los artilleros habían servido tan mal a Wellington desde su meteórico ascenso como el más joven teniente general en el ejército británico en agosto de 1808 hasta -e incluyendo- su magnífica victoria en Waterloo en 1815?

Para entender esto, tenemos que fijarnos en el propio Ejército, la forma en como se estructuraba y cómo la artillería encajaba en él. Ahora bien, un general napoleónico tenía tres componentes en batalla: la infantería, la caballería y la artillería. La artillería no era un elemento de apoyo en el combate. Y curiosamente, yo estaba ayer en la Escuela de Artillería y asistí a una presentación de un joven oficial que hizo un trabajo maravilloso pero, por supuesto, estaba bajo la impresión que la artillería en la era napoleónica era un elemento de apoyo.

No lo era, era un componente más en la lucha. Y la habilidad de un general napoleónico era la de como entrelazar esos tres componentes juntos en el campo de batalla para lograr sus objetivos tácticos y posteriormente operacionales. Hoy en día esto es bastante sencillo, y sin embargo es un punto que claramente ha confundido a los historiadores de las Guerras de la Península [Guerra de la Independencia]. No todos los historiadores que escribieron sobre la batalla de Waterloo, pero sin duda los que cubrieron la Guerra de la Independencia que la precedió. Ellos han tendido a ver la artillería, como digo, como un elemento de apoyo en el combate. Algunos de ellos incluso la han ignorado por completo. Y es curioso que los historiadores franceses que cubrieron el Ejército francés durante las guerras revolucionarias y la Grande Armée durante las guerras napoleónicas no hayan cometido el mismo error. Pero hay una serie de sencillas explicaciones para ello.

Ahora bien, no hay duda de que la guerra en la Península Ibérica, que duró desde 1808 hasta abril de 1814 hasta que Soult fue derrotado en las afueras de Toulouse, fue un asunto complejo y complicado.

Complejos también fueron los registros británicos de la guerra. El primer hombre que se embarcó en ello fue Robert Southey. No sólo fue Southey el laureado poeta, sinó que también fue un profundo admirador de España. Y esto, como sucedió, fue su perdición, en su primer volumen de la guerra, publicado en 1821, le dio demasiada importancia a España, su gente y en particular a sus militares. 

William Napier
Esto abrió la puerta para el segundo protagonista: William Napier, un veterano del 43º [regimiento de a pie] que se encontraba entonces en apuros y, con el impulso de dos encargos del Edinburgh Review, fue el encargado de escribir una historia de la Guerra de la Independencia. El problema con el trabajo de Napier es que era tanto xenófobo como centrado en la infantería. Él adoraba como unos héroes a Moore y Wellington y, se podría argumentar, que también a Napoleón. Estaba fuertemente influenciado por los whigs y estaba casado con la sobrina del antiguo primer ministro, Charles James Fox. Estos factores juntos no hacen una buena combinación.

Muchas de las deficiencias de Napier, sin embargo, fueron incluidas en el trabajo seminal de Sir Charles Oman de la Guerra de la Independencia en el siglo 20. Sin embargo, la contribución y los logros de la artillería fueron en gran medida pasados por alto.

Sir Charles Oman
Por tanto, los registros británicos de la guerra habían sufrido así de un error múltiple y, en las palabras de Andrew Roberts, que dijo que "La historia podría no repetirse pero los historiadores sin duda se repiten el uno al otro" y este es el caso del registro de la historia y la contribución de los artilleros durante las guerras napoleónicas. Pero también la organización del ejército británico es culpable.

Y para entender cómo evolucionó esta, tenemos que remontarnos al siglo XVII, Oliver Cromwell y el Ejército del nuevo modelo. Construido, por supuesto, por el Parlamento para hacer frente a la Corona, teniendo éxito al hacerlo, y que luego se volvió contra su propio creador, el propio Parlamento. Y esto, a su vez, dio lugar a una antipatía constitucional y un profundo prejuicio social contra el Ejército que se prolongó durante todo el siglo XVIII. El poder estaba en manos de los civiles, mientras que los oficiales militares se limitaron a cuestiones puramente profesionales.

Acepto que no se pueda ver -y espero que no esté demasiado lejos de la cobertura de estos micrófonos, por lo que si lo hago, háganmelo saber que no se puede oír lo que estoy diciendo- pero esta fue la estructura de mando y administración del ejército británico a finales del siglo XVIII y al inicio de las guerras napoleónicas.

Había, en efecto, cuatro áreas completamente diferentes las cuales tenían la responsabilidad de áreas limitadas de las fuerzas armadas, desde el nivel político estratégico a través de la estratégia a la operativa y hasta el nivel táctico en el campo de batalla.


Estructura del ejército británico en la época de Wellington.

Viendo a través de estos, desde el lado izquierdo de la diapositiva hacia la derecha, la primera de estas organizaciones era el Tesoro. Y no es sorprendente que el Tesoro tuviera la responsabilidad por el dinero a través de la Tesorería General. Pero también tenían la responsabilidad de esta organización, la Comisaría. Y así todos los almacenes del ejército y los medios para su transporte eran objeto del Ministro de Economía. Extraordinario.

La siguiente organización es el Gabinete de la Guerra. En realidad no es tan viejo como se podría pensar, se estableció en la década de 1790, y la posición del Secretario de Estado para la Guerra se estableció en 1794. El problema es que eran responsables del Gabinete de la Guerra para el día a día del Ejército, su política y planes, pero la Secretaría de Estado de Guerra tenía una triple asignación por lo tanto no tenía el tiempo para dedicarse a cuidar el día a día del negocio. Así que la Secretaría de Guerra fue la encargada para hacerlo. Y este era un puesto mucho más antiguo, establecido también en el siglo XVII. Tenía la responsabilidad, entre otras cosas, de los planes y políticas en materia médica.

Ahora llegamos a la Guardia Montada [Horse Guards]. El Comandante en Jefe del Ejército, y el comandante en jefe titular para las fuerzas armadas, era por supuesto el monarca. En períodos de crisis y de guerra, también se nombraba un Comandante en Jefe para la Guardia Montada [Horse Guards]. Y dió la casualidad de que en 1794 éste era el hijo menor del rey, Federico, el Duque de York, que acababa de regresar de una fallida expedición a los Países Bajos. Sin embargo, el Duque de York se mantuvo en ese puesto a lo largo de las guerras napoleónicas a excepción de dos años, 1809 y 1810, e hizo un trabajo de primera clase.

Pero no fue el Ejército porque tenía sus estructuras alrededor de dos de los tres componentes en la batalla, es decir, la infantería y la caballería. Pero el tercer componente en la batalla, la artillería, fue objeto de esta organización de aquí, la Junta de Artillería.

El Consejo de la Artillería [Board of Ordnance] se creó en 1544 durante el reinado de Enrique VIII y sus funciones iniciales eran cuidar y procurar cañones, armas, también las de pequeño calibre y la munición para la Armada. Y posteriormente se añadió el Ejército. También tenía responsabilidades en materia de fortificaciones. Así que todos los ingenieros, la ingeniería militar recayó también bajo sus auspicios. Y esto incluye la responsabilidad de la selección, la formación y los nombramientos de los oficiales de la Artillería Real y los ingenieros reales. Su jefe era el Maestre General de la Artillería y alrededor de 1793 y pueden ver ahora un patrón que al inicio de las guerras revolucionarias francesas se desechó y la estructura comenzó a cambiar un poco y adaptarse a la situación en que el país se encontraba en 1793, y aunque es un militar es un puesto político. Esto, por supuesto, fue cambiado a la caída del gobierno. Si añadimos a esto que otra organización que es el Ministerio del Interior, porque el Ministro del Interior tenía la responsabilidad del voluntariado y las fuerzas de la milicia, se puede ver que en realidad ahora que hemos llegado hasta aquí, cuatro gabinetes de personal, porque, debido a que el Consejo de la artillería, el Maestre General era un puesto en el gabinete. 

Así que tenemos al Canciller, Secretario de Estado para la Guerra, Ministro del Interior y el Maestre General de la Artillería en el gabinete en un momento en que el Consejo de Ministros sólo tenía 12 asientos. Así que se pueden imaginar lo difícil que debía haber sido. Era casi imposible en tiempos de paz y ruinoso en la guerra. Llevó a lealtades divididas y a frustraciones absurdas. Y en ninguna parte fue esto más notorio que para la Artillería Real que tenía que satisfacer a tres jefes -el Maestre General de la Artillería, el Rey o el Comandante en Jefe (C-in-C) en los Horse Guards, por lo menos, y por supuesto al comandante en jefe en el campo de batalla que estaba dirigiendo las operaciones, que durante la mayoría de este período fue el Duque de Wellington.

Vale la pena muy rápidamente sólo observar el mismo mando y administración para la Royal Navy. No representa una amenaza para el Parlamento y es un diagrama de flujo, militar y jerárquico, que encontraríamos muy apropiado aún hoy en día.


Estructura de la marina Real británica en la época de Wellington.

Todo pasa a través de un solo conducto, el Almirantazgo, y vale la pena señalar que incluso el Consejo de la Artillería, que como he dicho tenía la responsabilidad de los cañones navales, se ha integrado mucho más a la perfección en el sistema de mando y control navales.





Seguirá en la 2ª parte.


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(1) Nick Lipscombe nació en Angers, Francia, en 1958. Sirvió durante 30 años en el Ejército Británico. Su interés en la historia militar le llevó a estudiar en la Real Academia Militar de Sandhurst, concentrándose en la era napoleónica y en las Guerras de la Península (Guerra de Independencia) en particular. Es Presidente de Peninsular War 200, la organización oficial del Reino Unido para la conmemoración de las Guerras de la Península. Ha publicado varios libros y escritos sobre el tema: "Wellington's guns", "The Peninsular War Atlas", "The Peninsular War Atlas (revisited)", "Waterloo. The decisive victory", "Bayonne & Toulouse. 1813-14. Wellington invades France", entre otros. Habla alemán y español, trabaja normalmente en Portugal y vive en España con su familia. (https://ospreypublishing.com/store/contributors/nick-lipscombe).

 (2) https://www.youtube.com/watch?v=3HTUyYa4qHE

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Fuentes:

- https://www.youtube.com/watch?v=3HTUyYa4qHE

Imágenes:

-http://www.aceculturaltours.co.uk/images/uploads/Tour_directors/TDs_Resized_for_Web/Nick-Lipscombe-ACE-Tour-Director.

- https://www.youtube.com/watch?v=3HTUyYa4qHE / © Nick Lipscombe

viernes, 27 de mayo de 2016

Miniatura. Suboficial del 1ere Regiment de Chasseurs-à-Cheval de la Garde Impériale.


El origen de los Chasseurs à Cheval de la Guardia Imperial, se remonta a las guías de Bonaparte del ejército de Italia, y a los Guías del Ejército de Oriente. Una accidentada anécdota del entonces jóven Bonaparte, debida a Marco Saint-Hilaire, relata su génesis:

"Después de cruzar el rio Mincio, en mayo de 1796, Bonaparte se detuvo en un castillo situado en la orilla izquierda. Sufriendo de dolor de cabeza, y mientras estaba tomando un baño, un destacamento de austriacos que remontaba el río por un camino, llegó hasta su posición.
Bonaparte estaba allí casi solo; el centinela de guardia en la puerta apenas tuvo tiempo para cerrarla y gritando:"¡A las armas!" y el General en Jefe del ejército de Italia, apenas vestido, se vio obligado a escapar tan rápido como le fue posible por los jardines.
El peligro del que acababa de escapar, una circunstancia que por su manera de operar, bien pudiera volverse a repetir, le llevó a organizar un cuerpo que bajo la denominación de Guías del General Bonaparte fue especialmente encargado de velar en la guardia de su persona."

Napoleón I, en uniforme de coronel de los Chasseurs à Cheval de la Guardia.
Estos primigenios Guías, que formaron parte de la Guardia Consular, se convirtieron años después en los Cazadores a Caballo de la Guardia Imperial y fueron la escolta permanente de Napoleón como Emperador siendo por este motivo una de las tropas más conocidas del ejército francés, apreciados por su comandante, por su uniforme y la fama que llevaron consigo. El Emperador mismo llevaba el uniforme de coronel de este regimiento. 

 Tuvieron como coroneles y mayores oficiales a nombres famosos en la épica de la caballería francesa: Charles Lefebvre-Desnouettes, Francois-Louis de Morland, Nicolas Dahlman, Claude-Etienne Guyot, Marie-Louis-Hercule-Hubert Corbineau, Remy-Joseph-Isidore Exelmans y Francois-Antoine Lallemand entre otros.

Los cazadores a caballos eran menos precisos en sus evoluciones que, por ejemplo, los Granaderos a caballo de la Guardia, pero eran habilidosos y gallardos. También eran menos disciplinados (al menos en las primeras épocas) que los citados granaderos: el mítico Mariscal Bessières tuvo que pedirles que se abstuvieran de fumar sus pipas durante el servicio de escolta y para saludar a los generales.





Los Chasseurs à cheval

La Compagnie des Chasseurs à Cheval de la Garde des Consuls (Compañía de Cazadores a Caballo de la Guardia de los Cónsules), se constituyó el 3 de enero de 1800 y fue el embrión de los futuros Chasseurs à Cheval de la Guardia.
La columna vertebral de la compañía se componía de los antiguos guías de Napoleón que habían estado con él en Egipto.
La compañía se convirtió en un escuadrón, compuesto por dos compañías, por Decreto Consular de 8 de septiembre de 1800, que tenía unos efectivos de 234 hombres, incluidos oficiales. Un año más tarde, el 6 de agosto de 1801, el cuerpo aumentó a dos escuadrones de dos compañías. Los dos escuadrones finalmente se convirtieron en un regimiento el 14 de noviembre del mismo año .
El 1 de octubre de 1802, el regimiento aumentó de dos escuadrones a cuatro. Cuando la Guardia Consular se convirtió en la Guardia Imperial, el 21 de enero de 1804, los Mamelucos fueron adjuntados a los Chasseurs à Cheval. El regimiento adquirió su nombre definitivo: Chasseurs à Cheval de la Garde lmpérial (Cazadores a caballo de la Guardia Imperial), sin cambiar su composición. 

Chasseur à Cheval de la Garde, por Gérard.
Los requisitos iniciales para entrar en los Chasseurs de la Guardia eran exigentes:
- tener 10 años de servicio
- haber participado en un mínimo de 3 campañas
- citaciones por bravura
- en 1796 para los antiguos Guías consulares se exigía tener al menos 1,76 m de altura, que fue bajado a 1,73 m, y posteriormente en 1805 a 1,70 m. Los poseedores de un arma de honor en la época consular o de la Legión de Honor en la imperial, estaban exentos de este requisito.

Los sueldos de la época para los Cazadores de la Guardia variaban muy ostensiblemente: de 9.600 francos para un Jefe de Brigada, a los 4.000 francos de un capitán, siguiendo por los 2.000 de un subteniente, los 711 francos de un brigadier o los 45 de un cazador raso. 

El 17 de septiembre de 1805, se añadió un escuadrón de cuatro compañías de Velites (el Decreto preveía unos 400 hombres) a cada uno de los escuadrones existentes. El 15 de abril de 1806 un segundo escuadrón de Velites se añadió al primero. En diciembre de 1809, los Velites fueron reorganizados en un solo escuadrón con dos compañías.

La Campaña de Rusia obligó a que el regimiento aumentara a cinco escuadrones de la Vieja Guardia. En esta ocasión los Velites desaparecieron y se unieron de una vez por todas a sus "mayores". En 1813, después de la desastrosa retirada de Rusia , la Guardia se reorganizó y al regimiento de Chasseurs à Cheval de la Guardia se le asignaron ocho escuadrones de entre los cuales tres de la Joven Guardia. Los cazadores perdieron casi 5.000 hombres en la campaña de Rusia.

Durante la primera Restauración, los cazadores se convirtieron en el Real Cuerpo de los Chasseurs à Cheval de Francia. En ese momento tenían cuatro escuadrones de dos compañías. Los Cien Días, con el retorno del Emperador (que no modificó la composición del regimiento) vieron al regimiento convertido en el Regiment de Chasseurs à Cheval de la Guardia Imperial, una vez más. Llevaba un uniforme bastante menos atractivo que cuando que entraron en Bélgica. Los primeros Cazadores a caballo de la Guardia Imperial fueron finalmente desbandados entre octubre y noviembre de 1815 en Périgueux .

Los Chasseurs de la Guardia participaron en todas las campañas importantes de las guerras napoleónicas. Sufrieron bajas en casi cuarenta batallas y combates:

- 1805: Ulm y Austerlitz
- 1806: Lopacin, Eylau y Heilsberg
- 1807: Friedland
- 1808: Madrid y Benavente
- 1809: Wagram
- 1811: Carrascal
- 1812: Robrez , Kalouga, Malojaroslawetz, Krasnoie, Borisow y Wilna
- 1813: Lützen, Reichenbach, Dresde, Altenbourg, Magdeburgo, Leipzig, Weimar, Wach, Hanau, y Breda
- 1814: Brienne, Montmirail, Chateau-Thierry, Monterau, Lisy, Soissons, Craonne, Laon, Braine, París y Courtrai
- 1815: Waterloo

Entre 1805 y 1815 el Regimiento de Cazadores a caballo de la Guardia Imperial perdió 155 oficiales (muertos y heridos). Sus hermanos de armas, los Dragones de la Guardia, perdieron 95 oficiales, y los Granaderos a caballo sólo 84.


Chasseurs de la Garde en Wagram, por Henri Chartier.



El uniforme y la figura


Chasseur, por Jouineau.
El uniforme de escolta y el de patrulla se definían así: pelliza o Dolman , de acuerdo con las órdenes o la época del año, pantalones de piel de ciervo, portadocumentos (sabretache) en su funda de tela encerada y colback.

El chaleco rojo estaba decorado comúnmente con un trenzado de color amarillo: habían algunos modelos en existencia que tenían un trenzado del cuello de color escarlata con oro y a veces decoradas con adornos. 

Los Chasseurs también utilizaron un chaleco rojo sencillo, abotonado hacia arriba o con una doble hilera de botones.

Los pantalones de piel de ciervo con cintas en las perneras. Eran comunes a todos los hombres sin distinción de empleo en la unidad.

La gorra de servicio era del mismo color verde. Los suboficiales llevaban el mismo modelo que la tropa pero con una tira dorada y el cuerno de caza en su frente.


Shabrack, cabezada, riendas y silla de Chasseur à Cheval, por André Jouineau.


La idea original de la figura partió de una viñeta que siempre me ha gustado de un coracero dándole una manzana a su caballo mientras le acaricia la cabeza, que podeis ver en el libro "Modelado, ensamblado y pintado de figuras a escala" de Shepperd Paine, de Libros Cúpula.

En la composición, la figura del caballo se aprovechó de un figura en marmolina de una yegua con su cría, de las que se venden en las tiendas de pintura y de artículos de bellas artes.

Recortamos la figura -separando a la cría para posteriores usos- taladramos lateralmente unos cuantos agujeros en la sección cortada e introdujimos unos palillos para darle más rigidez, rellenando posteriomente el resto del terreno con masilla Das Pronto, dándole la forma de la hierba "arañando" con un palillo.

La figura está completamente hecha con masilla Das Pronto con un esqueleto de alambre para rigidizarla mejor.

La silla y la mantilla se hicieron también con masilla Das Pronto y los correajes con tiras de plástico. Esto último fue un error por el excesivo grosor de las tiras, que no permitía que se adaptaran fácilmente a la figura del caballo y teniendo que utilizar en exceso pegamento de cianocrialato para que no se despegaran.

El conjunto pintado con acrílicos de Vallejo, menos el caballo que se pintó con un tono marrón más claro de Enamel. Para acabar la escena un cubo suelto de un kit de la marca Verlinden, y algunas florecillas en la base del poste, un trozo de palo recogido del suelo de algún jardín público. 













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Fuentes:

- "Officers and Soldiers of The French Imperial Guard. 2 Cavalry, 1804-1815" - André Jouineau y Jean-Marie Mongin, Histoire&Collections, Paris, 2003
- "Splendeur des Uniformes de Napoléon. La Garde Impériale à Cheval" - Charmy, Ed. Charles Hérissey, Évreux, 2003
- "Historique du 13e régiment de chasseurs et des chasseurs à cheval de la garde / par P. Descaves,... ; uniformes dessinés [...] -  A. Bouineau & Cie Editeurs, Béziers, 1891
- http://napoleonistyka.atspace.com/IMPERIAL_GUARD_cavalry_1.html#_Horse_Chasseurs

Imágenes

- De Horace Vernet - National Library, London, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=42096665
- De François Gérard - L’Histoire par l’image [1], digital version produced by Agence photographique de la Réunion des musées nationaux [2], Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=254720
- De Henri Georges Jacques CHARTIER (1859-1924) - [1], Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=47224837
- "Modelado, ensamblado y pintado de figuras a escala" - Shepperd Paine, Libros Cúpula, Scyla Editores, 2007.

viernes, 20 de mayo de 2016

El "Arte de la Guerra" de Napoleón (y II), por Albert A. Nofi.


En la primera entrega dedicada al "Arte de la Guerra" de Napoleón, por Albert Nofi, vimos la estrategia bélica, las evoluciones y la aproximación de los ejércitos en las campañas napoleónicas. En esta segunda y última entrega, Nofi desgrana algunas de las tácticas militares empleadas así como las operaciones en las batallas del período napoleónico. Es un apunte muy resumido, al igual que el de la semana pasada, por lo que para profundizar en el tema nada mejor que coger alguno de los clásicos como el "vademecum" de la táctica napoleónica, el "Imperial Bayonets", de George Nafziger, entre otros.


Tácticas o Sistema vs. Sistema


Tácticas - la combinación de hombres y armas y terreno- es la esencia del combate. Hay un sistema táctico óptimo para cualquier combinación de armas bajo cualquier circunstancia. Pero encontrar ese ideal puede ser difícil. Las tácticas a menudo han desatado vigorosas polémicas cuando los ejércitos intentaban alcanzar la perfección. Tal controversia se había producido en el período anterior a la Revolución. El resultado claro fue que Francia salió con un enfoque muy flexible respecto a las tácticas, con la idea de que las tácticas satisfacieran a la situación, mientras que sus enemigos habían conservado formaciones excesivamente rígidas. Sólo cuando los enemigos de Francia adoptaron similares tácticas flexibles hicieron que la superioridad táctica francesa comenzara a desvanecerse. Había esencialmente dos sistemas tácticos básicos empleados durante las guerras: 


Línea - ordre mince - era la formación habitual para el combate de fuego prolongado. Las tropas en línea desplegaban dos o tres hombres en profundidad a lo largo de un frente relativamente amplio, lo que permitía a cada hombre usar su mosquete. Era ideal para el desarrollo de un gran volumen de fuego. La experiencia demostró con el tiempo que la tercera línea era ineficaz y los británicos prescindieron de ella, extendiendo la anchura de los dos formaciones restantes en profundidad en compensación. Napoleón estuvo de acuerdo con este desarrollo, pero por alguna razón nunca lo introdujo en sus propios ejércitos. La línea era muy vulnerable a los ataques de flanco, al no tener profundidad. También era difícil de usar con las tropas bisoñas, ya que requería gran disciplina y sang froid para mantener la formación sobre un terreno accidentado, bajo el fuego enemigo y durante las evoluciones por el campo de batalla. Dado que la calidad de la tropa decayó por el desgaste de los diferentes conflictos, la línea tendía a ser utilizada con menor frecuencia. Los británicos sin embargo no sufrieron tal deterioro en su tropa y usaron la línea prácticamente con exclusión de cualquier otra formación.



Batallón en línea, con los fusileros en el centro y granaderos y voltigeurs
en ambos extremos, evolucionando a una formación de columna.


Columna - ordre profond - era particularmente útil para la acción de choque y para el movimiento rápido  de tropas en todo el campo de batalla. Una columna era esencialmente un ariete compuesto de hombres, formados como de a diez en profundidad en un frente relativamente estrecho. Era especialmente adecuada para su uso con las tropas inexpertas para ello se requería poca formación y permanecía cohesionada incluso en las peores condiciones de combate. Tropas bisoñas -como los "Voluntarios del 92" - también eran propensas a ser más entusiastas respecto a un ataque en columna. La columna podría producir resultados, pero era a un alto coste. Era muy vulnerable a la artillería o a tropas veteranas en línea en un intercambio de fuego. Las columnas tendían a aumentar de tamaño a medida que las guerras progresaban. Con el tiempo llegaron a ser desmesuradamente grandes. Tales formaciones podían alcanzar la victoria, como hicieron los 28 batallones de la columna hueca de Macdonald en Wagram (9 de julio de 1809), pero con mayor frecuencia simplemente resultaban en sangrientos desastres, como las columnas de la división de D'Erlon en Waterloo (18 de junio de 1815). Sin embargo, los países con tropas de mala calidad o mal entrenadas - Rusia y la Francia Revolucionaria y al final, la Francia Imperial - hicieron un uso extensivo y regular de la columna.




Batallón en columna de ataque.



El Conde de Guibert
El orden mixto - ordre mixte - Los franceses, que actuaban bajo la influencia de Guibert1, desarrollaron un tercer orden táctico: el orden mixto -ordre mixte - esencialmente una combinación de línea y columna. Para ello se utilizó un trío de batallones, uno en la línea que une los otros dos en columna, o de vez en cuando uno en cada columna entre dos batallones en línea. El orden mixto era muy adecuado a las circunstancias del ejército francés durante los primeros días de la Revolución, por lo que las demi-brigades se organizaron para aprovechar el máximo uso efectivio del nuevo sistema: el batallón regular formaba la línea y los dos batallones de voluntarios y reclutas formaban las columnas de sus flancos. En una formación se combinaban las ventajas del frente amplio durante un intercambio de fuego con los de la columna para la acción de choque. El orden mixto permaneció como la táctica favorita de los ejércitos Revolucionarios e Imperiales a lo largo de las largas guerras.





En la esquina superior izquierda, Ordre mixte de Morand en Borodino.



Escaramuzadores. (skirmishers/tiralleurs) - Independientemente del sistema, había ciertas constantes tácticas. El uso de escaramuzadores era uno. Ligeramente equipados, se desplegarían diseminadamente frente a una formación y la apoyarían hostigando al enemigo mediante el intercambio de fuego. Austria y Gran Bretaña sobresalieron en este tipo de tácticas. Francia recurrió a tácticas de escaramuzadores a gran escala debido inicialmente a la mala calidad de los ejércitos Revolucionarios. Pocos hombres de confianza podían ser empleados como escaramuzadores. Si podían molestar suficientemente al enemigo podrían alentar a tropas menos fiables a avanzar. Con el tiempo casi un tercio de las tropas en una formación de infantería podían desplegarse como escaramuzadores. De hecho, cada una de las divisiones de Napoleón del período 1804-1807 tenía un regimiento de infantería ligera específicamente para este propósito.




Formación austriaca de escaramuzadores



Cuadro. Contra la caballería todos los ejércitos tenían esencialmente la misma defensa: el cuadro. Cuando estaba formada en cuadro, la infantería presentaba un sólido muro de fusiles y bayonetas contra la carga de los caballos. Los cañones de campaña podían apoyar en las vulnerables esquinas. Las cargas de caballería contra un cuadro estable no eran propensas a tener mucho éxito. Los caballos se asustaban ante una pared sólida de hombres2, que por su parte abrían fuego de fusil contra los atacantes3. Los cuadrados podían romperse, sobre todo con el apoyo de artillería. Se requería de tropas entrenadas para mantener un cuadro. Todo el mundo sufrió la rotura de un cuadrado en un momento u otro, sobre todo en el último período de la guerra, pero la mayoría de las veces eran relativamente inexpugnables.

Independientemente de la lógica de las tácticas de cada ejército, por supuesto, las tácticas se deben utilizar a gran escala. La batalla es el verdadero campo de pruebas de tácticas.


Batallón en cuadro

Con formaciones más grandes y si había tiempo para ello se colocaba la
artillería en las esquinas de la formación y en el centro los comandantes,
carruajes e incluso excepcionalmente prisioneros.



Operaciones - La práctica de la Batalla


Durante la mayor parte del siglo XVIII, las batallas eran asuntos muy encorsetados. Unas engorrosas y complejas evoluciones tácticas, la introducción de fortificaciones de campaña y la excesiva centralización de la función de los mandos con el deseo de minimizar las bajas excluían cualquier maniobra "delicada" en el campo de batalla. Federico el Grande comenzó una tendencia en la dirección opuesta cuando presentó el "orden oblicuo". Pensadores militares progresistas en varios países tomaron la cuestión de restaurar la movilidad en el campo de batalla. Muchas de las reformas en las tácticas y artillería poco antes de la Revolución fueron diseñadas para ayudar a lograr este objetivo. Como resultado, las batallas de la Revolución y las guerras napoleónicas fueron frecuantemente bastante fluidas. Habían realmente sólo dos tipos básicos de batalla: de maniobra y de desgaste.

Maniobra. La batalla de maniobra -favorita- de Napoleón era esencialmente un masivo ataque por el flanco con el apoyo de una copiosa potencia de fuego. Mientras que el cuerpo principal del ejército cubría la atención del enemigo al frente, fuertes contingentes apoyados por una "Gran Batería" de repente caían sobre uno de sus flancos, aplastándolo, y luego arrollaban el resto de su línea. Por lo general, esto era posible sólo cuando uno tenía una modesta pero clara superioridad numéricamente, pero el Mariscal Davout aplastó ambos flancos de una fuerza prusiana que lo superaban en número en más de un 40% en Auerstadt (14 de octubre de 1806). Lo ideal era que, tal maniobra diera lugar a la derrota total del enemigo, como en Austerlitz (2 de diciembre de 1805) o Friedland (14 de junio de 1807), pero las circunstancias podían hacer que la victoria fuera menos que total, como en Dresde (26 y 27 de agosto de 1813). Y si el enemigo desplegado tenía fuertes apoyos naturales en sus flancos este enfoque era improbable que tuviera éxito.


1- Enemigo fijado en la posición por ataques limitados en todo el frente. 2- Gran Batería en acción contra flanco derecho del enemigo. 3-Masa de  maniobra preparando el ataque. 4- Dirección prevista del ataque. 5- Reservas y caballería a la espera para ensanchar la brecha.


Desgaste. Una batalla de desgaste era una acción de choque, un festival de fuego frontal en el que uno vertía la potencia de fuego en la línea del enemigo hasta que estaba lo suficientemente debilitada para permitir un ataque en masa de tropas utilizadas como un ariete. Si las líneas del enemigo cedían, era una victoria. Si no lo hacían, las bajas serían terribles. Pero incluso en la victoria las pérdidas eran enormes. Los buenos generales preferían evitar este tipo de operaciones. Sin embargo, incluso los mejores de ellos se vieron obligados a luchar de esta forma cuando las circunstancias del terreno impedían la maniobra adecuada o cuando la maniobra había sido frustrada por la acción rápida del enemigo. Napoleón la utilizó en aproximadamente el 30% de sus batallas. Todos fueron asuntos sangrientos. Borodino (7 de septiembre de 1812), Wagram (5 y 6 de julio de 1809) y Waterloo (18 de junio de 1815). Contra una oposición mediocre tal ataque tenía probabilidades de éxito. Pero contra un talento defensivo tipo Wellington era muy arriesgado. Y la ventaja defensiva en una acción de este tipo podría ser mejorada en gran medida mediante el uso del despliegue en "la pendiente inversa" (reverse slope): desplegar las tropas propias detrás de la colina que el enemigo esté asaltando, en lugar de situarlas en la colina. No todas las batallas encajan perfectamente en uno o el otro de los dos tipos básicos. A veces, una acción que comenzaba como una batalla de maniobra se concluía con un asalto frontal. Y a veces se producía la inversa. El factor importante era saber lo que era posible bajo unas determinadas circunstancias, que era donde el generalato contaba.


1- Enemigo fijado en la posición por ataques limitados en todo el frente.  2- Gran Batería  en acción contra el centro del enemigo. 3-Masa  de maniobra preparando el ataque. 4- Dirección prevista del ataque. 5-Caballería a la espera para ensanchar la brecha






(1) Jacques-Antoine-Hippolyte, Comte de Guibert (1743 – 1790) era un general francés y un escritor de temas militares. Participó en la guerra de los Siete Años en Alemania, y entabló buenas relaciones con Federico de Prusia. Publicó su "Essai général de tactique" que fue traducido a varias lenguas y preconizó la idea de un ejército "nacional".

(2) Y por supuesto un muro de bayonetas también.

(3) Parece ser que a los cuadros de Waterloo se les dio la orden de no abrir fuego, probablemente por las posibles bajas por fuego amigo en otros cuadros cercanos o como señala A.Barbero (ver fuentes), para que no se perdiera la solidez y firmeza de los soldados en los cuadros. También hay testimonios de soldados de la KGL conforme sí se abrió fuego en algunos cuadros. La formación aconsejable para los cuadros para que no se produjera lo anterior (bajas por fuego amigo) era formar los cuadros en damero en diagonal unos con otros, estampa que podía quedar muy bien en los libros de táctica militar pero que se antoja harto complicada en su aplicación en el propio campo de batalla y más con un enemigo que avanzaba estrepitosamente con toda su reserva de caballería para la acción.


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Fuentes:

- NAPOLEON' S ART OF WAR - Albert A. Nofi, revista Strategy &Tactics, núm. 75, Jul-Aug 1979
- https://en.wikipedia.org/wiki/Jacques_Antoine_Hippolyte,_Comte_de_Guibert
- https://www.youtube.com/watch?v=XXWob8GTIvw (Conferencia A. Barbero sobre Waterloo)

Imágenes:

- By G. Engelmann, engraver - Frontispice des « Oeuvres dramatiques de Guibert », Impr. Paul Renouard, 1825, Public Domain, ttps://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=12163224
-  Imperial Bayonets - George Nafziger, Greenhill Books, 1995

jueves, 12 de mayo de 2016

El "Arte de la Guerra" de Napoleón (I), por Albert A. Nofi.

Allá por el lejano 1979 apareció en la revista Strategy&Tactics un artículo sobre el "Arte de la Guerra de Napoleón" (Napoleon's Art of War) cuyo autor, el americano Albert A. Nofi (Nueva York, 1944), ha publicado varios libros sobre historia militar al tiempo que también ha publicado varios títulos en el campo de los wargames de tablero. El artículo es bastante recomendable por la definición y concreción de la estrategia y táctica belica de la época napoleónica. Para mi gusto faltado más ejemplos de militares de la época (austricos, rusos, prusianos, etc) que no fueran únicamente Napoleón o Wellington únicamente los ejemplos a seguir, sobretodo en el capítulo dedicado a la Estrategia aliada. 

Debido a la extensión del artículo os lo proporcionamos en dos entregas, la primera de las cuales, la de hoy, describe muy sintétizadamente la estrategia de Napoleón y la de sus enemigos.


LA ESTRATEGIA o el Corazón de la Victoria

Pierre-Joseph Bourcet
Un audaz pensamiento estratégico era raro de ver en la edad pre-Revolucionaria. Sólo unos pocos generales podían pensar y obrar de manera creativa: la brillante marcha de Marlborough desde Holanda por el Danubio hasta Baviera en 1704; el magistral uso por Federico de las líneas interiores en la defensa de Prusia en 1757-1762, y el notable desplazamiento de las fuerzas de Washington desde Nueva York a Yorktown en 1781 fueron todas operaciones estratégicas inusualmente audaces e innovadoras. Sin embargo, fueron tan audaces como raras. El conservadurismo inherente de aquel tiempo, la naturaleza limitada de la guerra, el carácter mismo de todos los ejércitos tendían a desalentar la estrategia agresiva. Pero las condiciones estaban cambiando. Pensadores evolucionados como Bourcet1 estaban cuestionando la práctica actual de la guerra. Otros hombres propusieron cambios de gran envergadura en la constitución de los ejércitos. Y la Revolución eliminó de un solo golpe el conservadurismo de la época y de la guerra limitada. De la agitación de los primeros años de la República emergió el primer estratega científico: Napoleón.

Napoleón guió sus campañas con algunos principios sorprendentemente simples:

• La destrucción de los ejércitos enemigos es el principal de los objetivos.
• Toda fuerza posible debe ser dirigida hacia la consecución del objetivo.
• Mover siempre para el efecto, siempre tratar de confundir al enemigo y alcanzar el máximo grado de sorpresa.
• Esforzarse por romper las líneas enemigas de comunicaciones, el suministro y las líneas de retirada, volviéndolo así indefenso.
• Tratar de asegurar las propias líneas de comunicación, suministro y retirada con el fin de evitar la sorpresa.

Estos principios, de manera similar a los "Principios de la Guerra" de cualquier texto militar elemental podían ser transgredidos en alguna ocasión, pero siempre para servir a un objetivo político más alto. Así en 1800 condujo a sus ejércitos hacia Italia, en lugar de Alemania, donde se concentraban las principales fuerzas de la Coalición. Porque el corazón de la Coalición era Austria y Austria podría ser derrotada en Italia más decisivamente que en Alemania. Una clave para la estrategia de Napoleón, por tanto, era la flexibilidad. Esta, y su notable capacidad de trabajo.


Inteligencia. Napoleón hizo enormes esfuerzos para enterarse de toda la información posible concerniente a la situación militar. Antes de una campaña leía decenas de libros sobre el enemigo: militares, políticos, geográficos, incluso históricos, legales y religiosos. Se hicieron todos los esfuerzos para procurar una información precisa. En 1811, por ejemplo, ¡se las arregló para hurtar de San Petersburgo las láminas de los atlas militares oficiales de Rusia!. Su información era a menudo tan buena que en ocasiones sabía más sobre la fuerza y ​​la situación de las fuerzas enemigas que sus propios generales.

La información recogida -ya fuera de espionaje, reconocimiento, prisioneros, u obras de referencia- era analizada por dos gabinetes por separado en el Cuartel General Imperial, antes de ser examinada por el propio Emperador. Su preocupación por la precisión de la información dio a Napoleón una enorme ventaja hasta prácticamente el final de las guerras. Sus enemigos nunca se acercaron a la eficacia de su servicio de inteligencia.

 
La aproximación. Los ejércitos de Napoleón rara vez marchaban por una sola ruta. Más bien, se asignaba a cada uno de los cuerpos una línea separada de marcha, teniendo cuidado de que todos los cuerpos avanzaban en líneas paralelas estando a un dia de marcha uno de los otros. Como cada cuerpo era esencialmente un ejército en miniatura, que se esperaba que fuera capaz de luchar contra una acción considerable durante algún tiempo si se encontraba con el enemigo. Mientras lo hacía, el resto del ejército podría marchar a en su apoyo. A medida que avanzaba el ejército, una pantalla de caballería ligera se movía por delante del mismo y alrededor de sus flancos, para reunir información y negarsela al enemigo. Cualquiera que fuera el cuerpo que contactase primero con el enemigo se convertía automáticamente en la vanguardia, encargado de concentrar la atención del enemigo. A medida que los otros cuerpos llegaban, por lo general en unas pocas horas, se incorporaban a la acción, desarrollándose una batalla a gran escala. El último cuerpo en llegar formaría la masa de maniobra y la reserva, mientras que la caballería de bloqueo se reconcentraba para formar una reserva del ejército de caballería.

El principio de cuerpos de ejército independientes, en el que todos tenían fuerzas similares, no estando a más de un día de marcha uno de otro. El primer cuerpo de ejército que contactaba con el enemigo lo contenía en el campo de batalla hasta que los demás cuerpos podían hacer una maniobra de rebase utilizando una pantalla protectora de caballería.



Este sistema de aproximación dio Napoleón una importante ventaja sobre sus oponentes. Marchando rápidamente por líneas paralelas, bien cubierto por su caballería, Napoleón podía concentrar un ejército considerable frente al -o detrás- del enemigo casi antes de que fuera consciente de su movimiento. Así, en la campaña de Ulm de 1805, maniobró algunas de sus 200.000 tropas unos 180 grados alrededor del enemigo antes de que sus oponentes estuvieran medio concentrados. Y durante la campaña de Waterloo de 1815, concentró 125.000 hombres con 366 cañones en un área de aproximadamente 140 millas2 de profundidad por 170 millas de ancho, en no una, sino 20 millas de amplitud en menos de ocho días, sin despertar las sospechas ni de Wellington ni de Blücher, bajo cuyas colectivas narices se produjo la maniobra. Este tipo de rápida maniobra de sorpresa a menudo era suficiente para asegurar la victoria con poca lucha. Por supuesto, las formas en que el ejército podían concentrarse variaban. Napoleón tenía dos estrategias favoritas: la posición central y la aproximación indirecta.



Estrategia de posición central en la campaña de 1815.
La estrategia de la posición central. Esto era ideal para situaciones en las que había dos considerables ejércitos enemigos en la misma área general. La idea era evitar una reunión de éstos, de modo que cada uno pudiera enfrentado y derrotado por separado. Para lograr esto, Napoleón trataba de ocupar una posición entre ellos. A continuación, se concentraba la mayor parte de sus fuerzas en el ejército que parecía el más peligroso, y se entablaba una batalla decisiva. Mientras tanto, las fuerzas más pequeñas, tal vez una o dos cuerpos, cubrían el frente del segundo ejército enemigo, entablando una batalla si era necesario para fijarlo en su lugar. Cuando la primera fuerza enemiga había sido derrotada, Napoleón enviaría para perseguirla un cuerpo o dos desde el campo de batalla, mientras cambiando rápidamente la orientación del ejército se dirigiría para el apoyo de las fuerzas de cobertura. Una segunda batalla, una segunda victoria y la campaña habría terminado. La técnica era peligrosa. En última instancia, fue fatal, porque en la Campaña de Waterloo, las fuerzas enviadas en la persecución de los prusianos no cumplieron con su deber, lo que permitió a los prusianos acudir en ayuda de Wellington.




La estrategia de la aproximación indirecta. Esta era, con mucho, la estrategia más sofisticada. Tan compleja, y probablemente mucho más peligrosa que la posición central que era, sin embargo, con frecuencia mucho más decisiva. Cuando se enfrentaba a un enemigo superior, fuera por número o por posición, uno o dos cuerpos se separaban y se desplegaban en su frente para fijarlo en su lugar. Entonces, detrás de una pantalla de caballería densa, Napoleón tomaría la mayor parte de sus fuerzas en una gran marcha, rápida, cubierto de manera óptima por un bosque, una montaña, un río o un pueblo -el "la cortina de maniobra" alrededor del flanco del enemigo. Destacando un cuerpo más o menos para evitar los refuerzos de apoyo al enemigo, entonces Napoleón caería por su retaguardia, cortando sus líneas de comunicación y retirada mientras lo hacía. Ahora podía librar una batalla en condiciones mucho más favorables para sí mismo. Y los resultados eran susceptibles de ser trascendentales. Por supuesto, la aproximación indirecta dividía el ejército frente al enemigo, y las columnas en marcha eran muy vulnerables durante gran parte de la operación. Por otra parte, si el enemigo se daba cuenta de la maniobra -como Bennigsen hizo gracias a una orden capturada de un correo francés en Eylau- podía escapar. Sólo la audacia de la ejecución, la rápida marcha y el uso efectivo de la caballería permitía que esta estrategia tuviera éxito.

Ninguna de estas estrategias excluía a la otra. De hecho, Napoleón a menudo hacía uso de ellas en combinación. En la Campaña de Ulm, utilizó una aproximación indirecta para colocarse en una posición central entre los ejércitos austriacos y rusos. Le siguió la victoria. Por supuesto, un simple victoria -una victoria "ordinaria"- no era lo que Napoleón perseguía. Lo que buscaba era la destrucción total del enemigo.


La situación de los cuerpos de ejército franceses el 4 de octubre de 1805, a punto de caer sobre la retaguardia austriaca en la ciudad de Ulm, aislándola del resto del ejército austriaco, como ejemplo de aproximación indirecta. Excelente mapa interactivo publicado por la Universidad de Oregón en http://pages.uoregon.edu/dracobly/napoleon/


Persecución estratégica. Esta era una de las metas más deseadas de Napoleón. Pero sólo lo logró en raras ocasiones. En Italia en 1796-1797 y después de Jena-Auerstadt en 1806 fue capaz de acosar al enemigo tan completamente como para abarcar su total destrucción. La caballería se mantenía en los talones del enemigo en retirada durante días y días. En 1806, la práctica totalidad de Prusia fue invadida en dos semanas, grandes fortalezas se entregaban a grupos de caballería3, tan impresionante fue el avance. En unas pocas semanas más, los franceses se encontraban ante Varsovia. Tan abrumadora victoria nunca volvería a ocurrir. El problema era que para efectuar un adecuado seguimiento strategico el enemigo tenía que ser destruido en una o dos batallas decisivas, y las propias fuerzas tenían que permanecer lo suficientemente intactas como para poder emprender de inmediato una serie de largas y fatigosas marchas. Tales situaciones se produjeron en raras ocasiones. Pero siempre la idea de tales persecuciones quedó en el fondo de la mente de Napoleón.


"Rendition du general Blucher aux environs de Lubeck, 7 novembre 1806", por Alphonse Lalauze. Tras las batallas de Jena-Auerstadt, los prusianos se retiraron hacia Magdeburgo y Prenzlau. Blucher huyó hacia el oeste, perseguido por Bernadotte, Murat y Soult, y rindiéndose finalmente cerca de la frontera danesa.

 
Estrategia aliada. A excepción de Wellington, el generalato aliado en el nivel estratégico era pésimo. Wellington. sin embargo, tenía el suficiente talento en estrategias defensivas, capaz de efectuar una retirada -una de las verdaderas trazas de grandeza militar4- e incluso podría llevar a cabo una aproximación indirecta por su cuenta, en ocasiones. Parece haber tenido sin embargo poca consideración por la mayoría de sus colegas, al menos en el ámbito de la estrategia. La mejor que los aliados podían hacer era empujar a los ejércitos en el dirección general del enemigo5. Bennigsen, para estar seguro. hizo desarrollar una especie de aproximación indirecta a principios de la campaña de 1807, pero esto fue probablemente un accidente afortunado. Para los aliados, el punto más alto de la planificación estratégica fue el avance concéntrico. Esencialmente, esto era una maniobra masiva de acorralamientro: los ejércitos avanzarían simultáneamente hacia el enemigo -Napoleón- desde todas las direcciones posibles. El avance concéntrico es una estrategia a menudo producida por generales ineptos. Contra rivales de su nivel podía funcionar. Pero contra cualquier persona con algo de talento, simplemente ofrece la oportunidad de derrotar a cada ejército que avance por separado, mediante el uso de la propia posición de interiores. Napoleón trató de hacer sólo eso, en 1815, cuando se puso en marcha la Campaña de Waterloo. El que fuera derrotado no tuvo nada que ver con la estrategia aliada, pero mucho que ver con sus propias y menguantes fuerzas.

La gente aprende mucho más de la derrota que de la victoria. Napoleón había sido victorioso demasiadas veces. Sus enemigos comenzaron a discernir el patrón de su pensamiento. A pesar de que todavía podía producir algo inusual, se convirtió en algo predecible. Durante la campaña de Leipzig de 1813 los aliados fueron capaces varias veces de adivinar sus intenciones. El resultado fue la monumental derrota. Sin embargo, el propio Napoleón había dicho una vez: "Tenemos un corto tiempo para hacer la guerra."

Para 1813 había estado en él por menos durante dos décadas. Su tiempo había pasado6.


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(1) Pierre-Joseph Bourcet (1700 - 1780) era un táctico francés, general, jefe de Estado Mayor, cartografo y teórico militar. Actuó de Jefe de estado mayor en la Guerra de Sucesión Austriaca y en la Guerra de los Siete Años. Experto en la guerra de montaña, en ingeniería y en fortificaciones. Partidario de la instrucción de los oficiales, del mantenimiento de un estado mayor permanente y abogó también por la dispersión en la marcha de los ejércitos en columnas separadas por carreteras paralelas, permitiendo una rápida concentración para el ataque y la defensa y formando tres columnas en cada columna de marcha y pudiendo desplegarse en el campo de batalla más rápidamente.

(2) 1 milla = 1.609,344 metros. En el ejemplo citado, unos 225 km por 275 km, con un pasillo de unos 30 km de ancho.

(3) Nofi hace alusión a hechos como la rendición de Stettin, donde una tropa de caballería comandada por Lasalle consiguió la rendición de toda una fortaleza mediante una treta dirigida a sus defensores, y consiguiendo la rendición de la plaza, pese a lo exiguo de su destacamento, hecho que pasó a los anales de la historia militar francesa.

(4) Me temo que Nofi no tiene en cuenta el ejemplo de la retirada de los ejércitos rusos durante la campaña de 1812, que la mayoría de escritos elogian por su buen orden, sin ceder material bélico al enemigo y condicionándole su marcha con la práctica de "tierra quemada" que dejaron tras de si; como también la retirada de Wellington hacia Torres Vedras en Portugal, de similar manera.

(5) La campaña de 1809 con el Archiduque Carlos y la campaña de 1813 en Alemania, con el plan Trachtenberg, que siguieron los ejércitos aliados creo que no está de acuerdo con dicha teoría. Doctores tiene la Iglesia.

(6) Estimo que al Emperador aún le quedaba "mecha" para rato como demostró en 1813 y 1814 (con los míticos "6 dias de gloria"), por no hablar de los Cien Días, al menos en el plano estratégico en este último caso. Lo que verdaderamente se quedó en 1813 fue la supremacia como tal del ejército francés, la Grande Armée, frente a los ejércitos coaligados, de resultas -todo hay que decirlo también- de una más que desastrosa campaña en Rusia en 1812.


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Fuentes:

- https://en.wikipedia.org/wiki/Pierre-Joseph_Bourcet
- NAPOLEON' S ART OF WAR - Albert A. Nofi, revista Strategy &Tactics, núm. 75, Jul-Aug 1979
- https://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_L%C3%BCbeck

Imagenes:

- By E. Maignien; P. Aressy? - http://www.bibliotheque-dauphinoise.com/pierre-joseph_de_bourcet.html taken from L'ingénieur militaire Bourcet et sa famille, E.
Maignien, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=43084255
- By Ipankonin - Self-made. Vectorized from raster image Flags from, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3322777
- "Técnicas bélicas de la época napoleónica 1792-1815" - Robert B. Bruce et al., Ed. Libsa, Madrid, 2008
- http://pages.uoregon.edu/dracobly/napoleon/
- http://www.askart.com/photos2/2014/OST20130609_77091/88.jpg

lunes, 2 de mayo de 2016

Miniatura. La carga de los mamelucos. 2 de mayo de 1808

El 2 de mayo es una fecha mítica en la historia de nuestro pais y los momentos que se dieron  durante aquel cruento y sangriento día han sido fuente de inspiración de variados artistas en diversos ámbitos, tanto en el campo de las letras como en el de la pintura o escultura, y ha pasado a engrosar el imaginario colectivo como símbolo de resistencia desesperada frente al invasor.


La carga de los mamelucos, por Francisco de Goya


Pocos pintores inmortalizaron la carga de los jinetes mamelucos, siendo Goya el más conocido. La unidad de caballería de los jinetes mamelucos fue reclutada por Napoleón de entre los jinetes que lucharon contra él en la famosa campaña de Egipto, los asignó posteriormente a su propia Guardia Imperial -en concreto la Vieja Guardia- y los mantuvo en ella hasta el final de su reinado. Conservaron su atuendo arábigo y sus armas, dándoles una decidida apariencia románticamente oriental. Sus filas estaban compuestas por mamelucos originarios, griegos y coptos de las tierras limítrofes aunque posteriormente se admitieron de otras nacionalidades. Lucharon con gran bravura en Austerlitz, con una carga de caballería que fue uno de los momentos culminantes de la jornada y asimismo en la campaña de Polonia de 1807.

La web de Celtiberia.net nos detalla en un análisis del cuadro algunas de las evoluciones de los mamelucos en aquella jornada:

"Históricamente se conoce la orden  por la que Murat  indica al general Grouchy, jefe de la Caballería de la Guardia, que mueva sus escuadrones desde su acuartelamiento en el Buen Retiro (precisamente la orden que le llevó Marbot) hacia el Palacio Real, donde se había producido el primer brote de rebeldía. Por ello, Grouchy, dirige sus tropas a través de la Carrera de San Jerónimo  y la calle de Alcalá (calles ambas, para los que no conozcan Madrid, que desembocan casi paralelamente en la Puerta del Sol). En cabeza iban los mamelucos, seguidos por los dragones de la Emperatriz, los cazadores a caballo y, por último, la artillería montada. Durante el trayecto las tropas fueron hostigadas desde casas y portales.  Los primeros en llegar a la Puerta del Sol fueron los mamelucos que, al encontrarse enfrente una multitud hostil que les impedía el paso, trataron de girar a la derecha para embocar la calle de Alcalá, mucho más ancha, buscando una posible retirada estratégica o poder desplegarse en espera de la llegada del resto de las tropas,  y justo ahí en la unión de la calle de con la plaza es donde se desarrolla la acción que pintó Goya. Por eso aparece solo un dragón, ya que el resto estaba aún llegando por la Carrera de San Jerónimo." (1)


Lucha en las calles entre madrileños y mamelucos.

Parte de la refriega en la calle de Alcalá.



El inicio de la inmediata represión posterior se presentó en forma de Orden del día, el mismo dia 2, en la que los franceses claramente no querían que de ninguna manera se les fuera la situación de las manos. Como enuncia Gonzalo Serrats en su libro: "Era el comienzo del duro resistir, del sangriento combatir, del triste perder, del insano mal comer, del emocionado adiós, del esperanzado retorno ...". El mismo Serrats nos facilita el draconiano documento, dirigido a los soldados y difundido posteriomente por la capital y el país:   


ORDEN DEL DIA


"Soldados: la población de madrid se ha sublevado, y ha llegado hasta el asesinato. Sé que los buenos españoles han gemido de estos desórdenes; estoy muy lejos de mezclarlos con aquellos miserables que no desean más que el crimen y el pillage, pero la sangre francesa ha sido derramada; clama por la venganza: en conseqüencia, mando lo siguiente:
 

  • Art I: El General Gouchi convocará esta noche la comision militar
  • Art II: todos los que han sido presos en el alboroto y con las armas en la mano, seran arcabuceados*
  • Art III: la junta de estado va a hacer desarmar a los vecinos de madrid. Todos los habitantes y estantes, quienes despues de la ejecucion de esta orden se hallaren armados o conservasen armas sin una permision especial, serán arcabuceados.
  • Art IV: toda reunión de mas de ocho personas será considerada como una junta sediciosa y deshecha por la fusilería.
  • Art V: todo lugar en donde sea asesinado un francés será quemado
  • Art VI: los amos quedarán responsables de sus criados; los gefes de talleres, obradores y demás de sus oficiales, los padres y madres de sus hijos y lo ministros de los conventos religiosos.
  • Art VII: los autores, vendedores y distribuidores de liberlos Impresos o manuscritos, provocando a la sedición serán considerados como unos agentes de la inglaterra y arcabuceados.
Dado en nuestro quartel general de Madrid a 2 de mayo de 1808
Firmado Juachinm [Murat] por mandado de S A I y R

El gefe del estado mayor general Belliard"

"El documento fue impreso por el jefe del Estado Mayor general Belliard, por mandato de su alteza imperial y real (S.A.I y R.), y está firmado por Joachim. ¡El ciudadano Joachim! sin duda una costumbre francesa y revolucionaria, nada al uso en los escritos españoles. Aún así Joaquín, el mariscal Murat, era cuñado de Napoleón y bajo sus aparentes y desordenados rizos se escondía una fulgurante carrera militar (2)".



EL DIORAMA

El núm. 7 de la calle de Alcalá en Google Maps
Lo primero fue buscar una casa de una de las dos vias (Jerónimo o calle de Alcalá) que pudiera servir de fondo a los jinetes. Escogí la fachada del edificio con frente al núm. 7 de la calle de Alcalá, que creo que actualmente es la sede de una entidad bancaria. Ignoro si en la época ya estaba construido pero me pareció con la suficiente antigüedad al menos por el detalle de la forja de las rejas de las ventanas. Lo siguiente fue añadirle una farola anclada a la pared y aunque las busquedas fueron constantes por Internet no encontré ningún modelo apropiado de principios del s. XIX, por lo que la improvisé a partir de grabados de la época.  El suelo de losas o adoquines es inventado, quizás  demasiado regular para lo que teóricamente se construía en la época.

El kit de jinetes mamelucos es de Italeri, una casa italiana que es de las pocas que fabrica figuras en plástico/resina de la época napoleónica, a escala 1:32. La ventaja que tienen es que no son excesivamente caras comparadas con las de otras marcas, aunque por ello también es de notar la calidad media tirando a baja y la poca variedad en las posturas, lo que hace que las figuras salgan repetidas de a dos, tanto en jinetes como en caballos.




En cuanto a los "revoltosos" españoles, patriotas que dirían los escritores del XIX, de hecho lo fueron, no tenía figuras a esta escala y desconozco que alguna marca las produzca o haya producido. Así que cogí unos ingleses del 95th, los míticos Rifles que acompañaron a Moore y lucharon en Waterloo, y los transformé en madrileños con atuendos más o menos de la época, con masilla y más voluntariedad que acierto.


Muestra de algunos de los atuendos de los jinetes mamelucos, por André Jouineau.
 
La escena lo hice hace tiempo y de hecho esperaba la fecha para poder colgarla en el blog, pero lo prolongado de la espera ha provocado la presencia de polvo, inesperadamente revelado por las instantáneas. No es de las escenas para "colgar en la pinacoteca" ya que el fondo no está pulido del todo: el "almohadillado" de la fachada es bastante basto, fruto de la poca experiencia y una deficiente construcción y la composición de las figuras en la base tiene incorrecciones, en parte por la poca variedad de las posiciones de las figuras, aunque vista en perspectiva pueda transmitir el movimiento que quise que reflejara desde el principio. Algún cántaro roto por el suelo y restos de prendas, y bolsas, algo de desorden en la refriega que se hubiera visto aumentado por algún cuerpo inánime en el suelo, aunque quizás hubieran sido demasiadas figuras en una base tan pequeña. Acrílicos de Vallejo, con algún color ocasional de Enamel y Citadel. 




















(*) En el documento Murat emplea la palabra "arcabucear", como vieja herencia del idioma, para denominar el ajusticiamiento con arma de fuego por parte del batallón de ejecución.(2)


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Fuentes:

(1) - Comentarios sobre el cuadro "La Carga de los Mamelucos", de Goya, por Alevín, en http://www.celtiberia.net/es/biblioteca/?id=3430
(2) - "El general Álava y Wellington: de Trafalgar a Waterloo", Gonzalo Serrats Urrecha, FEHME, 2015
(3) - "On Guards. Napoleon's Imperial Guard", Andy Nunez, Revista Against the Odds, Vol.1, nº 4, 2003

Imágenes

- De Francisco de Goya - Museo del Prado, Madrid, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=6342190
- "Officers and Soldiers of the French Imperial Guard. 3. Cavalry 1804-1815" - André Jouineau, Histoire&Collections, 2005