miércoles, 22 de junio de 2016

Recreación napoleónica Burgos 2016. Byron ad portas!


Placa conmemorativa en la Pl. del Rey San Fernando
Desplazamos a nuestro corresponsal Byron con el amigo Jordi a tierras burgalesas para seguir en directo la recreación napoleónica que con el título "Wellington ad Portas" se organizaba este año en dicha ciudad. Los actos consisitieron en unas conferencias el viernes y diferentes actos de recreación de las tropas francesas, británicas y aliadas que participaron en el asedio al castillo en el año 1812 el sábado y domingo. Llegamos el mismo viernes en tren justo a tiempo para el primer acto:


Viernes dia 10. Conferencia

Asistimos a la conferencia que se impartió en la Sala Polisón del Teatro Principal de Burgos. Los ponentes eran Oleg Sokolov, Charles Esdaile y Francisco Etxeberría Gabilondo, presentados y moderados por Cristina Borreguero Beltrán. Entre los asistentes algún ilustre como Gonzalo Serrats Urrecha, de cuya obra sobre el General Álava ya tratamos en su momento en este blog.

La primera conferencia, mejor diríamos la lectura en castellano de su ponencia por parte del Sr. Sokolov, que al parecer sólo se expresaba en ruso y francés y que se limitó a leer pacientemente durante todo el rato, versaba sobre "Los planes del mando ruso y francés y el comienzo de la guerra de 1812 en Rusia." Las líneas principales ya eran conocidas, aunque Sokolov dio algún detalle interesante, a saber los movimientos rusos de movilización de sus tropas en la frontera con Polonia ya en el año 1811, así como el mapa de la disposición estratégica y reacciones de las tropas francesas en caso de invasión de las tropas rusas en Polonia, más concretamente en Varsovia, con un movimiento envolvente por el norte del país para cortar las líneas de suministro rusas. Algunos pequeños fallos en la megafonía  que no impidieron que el Sr. Sokolov acabara su intervención a plena voz. 


Intervención de F. Etxeberría, en la sala Polisón. Diario de Burgos.

La segunda conferencia del Sr. Esdaile versó sobre: "La fortaleza de Burgos: un proyecto de exploración". Una intervención correcta ayudado por un powerpoint que reproducía en lineas generales su ponencia, aunque creo que dejó un poco descolocada a parte de la audiencia (al menos a mí), recordando que en cierto episodio bélico las pocas bajas españolas que había habido (¿?) y el sacrificio de los soldados ingleses en al asedio de Burgos y el poco reconocimiento que dicho gesto había tenido en la ciudad. Promoción de última hora de su aplicación para iPhone sobre el asedio de Burgos (los que tenemos Android parece que nos tendremos que aguantar de momento) y de su libro "Burgos in the Peninsular War, 1808-1814", publicado el año pasado por Palgrave Macmillan UK.



Teatro Principal de Burgos, escenario de la conferencia.


La última conferencia y la más llamativa no tanto por el tema: "Enfermedad y muerte en la Guerra de Independencia", que lo era, sinó por la presteza y agilidad con el que lo comentó el ponente, el Sr. Etxeberría.  A pesar de ir contra reloj, como suele suceder desgraciadamente con las exposiciones que van en último lugar, supo captar la atención de la sala, describiendo las diferentes heridas producto de las balas de mosquete y el impacto de las bayonetas, los enterramientos en fosas comunes y así como las señales de las diferentes lesiones en los restos de los cuerpos encontrados.

La experiencia en mi opinión fue positiva, aunque en el caso de un ponente con el dilatado historial de Sokolov, un lujo el tenerlo, quizás con la ayuda de un traductor hubiera ayudado a una mejor comprensión del tema y de la intervención en sí. Creo que la ocasión lo merecía.


Sábado dia 11. Castillo, desfile y recreación.

Sobre las 9:00 h de la mañana pudimos acceder a las inmediaciones del castillo donde había una serie de campamentos, piezas de artillería y en su interior unas pocas unidades de caballería.









El sábado a las 12:00 h se realizó un desfile por algunas de las céntricas calles de Burgos que acabó en la Plaza del Rey San Fernando.



    




Finalmente sobre las 19:30 horas, como rezaba el programa de actos, una recreación del ataque inicial de Wellington el 19 de septiembre de 1812, en una llanura en la colina de San Miguel. Gran asistencia de público que para ser el primer año no está nada mal, aunque se echaron en falta unas gradas para poder ver un poco más en detalle las evoluciones, ya que la extensión del terreno, similar a un campo de futbol y con una suave pendiente hacía prácticamente imposible distinguir las evoluciones sobretodo en los extremos del campo.




 




Os dejamos con unas instantáneas del Diario de Burgos que hacen más justicia y dan más detalle de la recreación.






No asistimos a la recreación del domingo ni al desfile final, por lo que no os podemos dar detalles de los mismos. Para acabar, felicitar a los organizadores, colaboradores e instituciones que hicieron posible el evento y desear que para años venideros una más nutrida asistencia y que se consolide la recreación de Burgos dentro del "circuito" napoleónico anual, tanto nacional como internacional.



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Fuentes:

Imágenes:

- Diario de Burgos, sábado 11 de junio y domingo 12 de junio.

viernes, 17 de junio de 2016

"Waterloo. La creatividad destructiva", por Alessandro Barbero (y II)


Waterloo. La creatividad destructiva (cont.)

Y entonces esta infantería avanza, 15,000 hombres, todos en filas regulares, con el mosquete a la espalda, que avanzan contra el enemigo. El enemigo dispara, dispara con los cañones porque están lejos porque los mosquetes de esta época -que han sustituido a los arcabuces- han perfeccionado a los arcabuces, los mosquetes disparan a un centenar de metros, más lejos prácticamente no sirven. Para buena parte de ellos, la marcha hacia el enemigo de estos soldados van hacia adelante y de tanto en tanto llega una bala de cañón que vuela en medio de ellos, no explota, porque aun no se han inventado las granadas explosivas o son muy raras. Normalmente la bala de cañón es una bola que vuela a la altura de un hombre y que si impacta en una fila de hombres puede derribar al primero, al segundo, al tercero, al cuarto a veces al quinto tal vez y todos avanzan esperando no ser ellos a los que derribe la bala. Pero los generales saben que no es así. Es necesario saber que el 1% moriran seguro, si va mal, el 5%, y si va muy mal el 10%. No importa. Tengamos presente la expresión carne de cañón: esto quiere decir la carne de cañón, quiere decir que los generales saben que perderán una parte de sus hombres, pero no importa. Todo el ejército ha sido construido para que los hombres sepan que han de avanzar hacia delante, que el honor lo impone, si son verdaderos hombres es lo que hay que hacer, en cualquier caso si desertan serán castigados. Por eso no han sido adiestrados de otra manera que no sea la de avanzar hacia adelante. 


Tropas francesas alineadas. (Waterloo, 1970)


Éste ataque de Napoleón podría haber acabado la batalla de Waterloo y, en efecto, la línea inglesa enfrente de ellos ya se estaba tambaleando viéndoles a avanzar, cuando sucede una cosa. Wellington tenía una única reserva en la zona, una división de caballería, un millar de jinetes de caballería ligera. La envía hacia allí. Esta colina pequeña que impide que los franceses vean lo que sucede más allá . Avanzan todos en fila, entreviendo apenas la infantería inglesa enfrente de ellos que está retrocediendo, apenas llegan a la cima de la colina, de golpe ven enfrente que se les abalanzan un millar de jinetes con los sables desenvainados que están viniendo contra ellos. No están cargando al galope como se ve en los cuadros porque el terreno era irregular, los ingleses estaban saliendo de una pendiente  y comúnmente no se cargaba nunca al galope porque los caballos después de pocos minutos al galope no podían más y el mayor peligro era que los caballos al final, desfondados, resultaran inútiles. Estaban avanzando casi al paso, según dicen los testimonios, y todavía la infantería francesa que marchaba hacia delante bajo el fuego, viendo morir a la gente cuando llegaban las balas de los cañones, en los últimos cien metros también bajo las balas de los mosquetes, en medio del humo, y que todavía marchaban hacia adelante porque su adiestramiento la forzaba a avanzar hacia adelante, los tambores tocaban y en ese momento tocaban excesivamente, la gente había aprendido a avanzar con un paso cadencioso marchaba hacia adelante, en masa, todos juntos, con el compañero de aquí y de allá, otro detrás y otro delante, y los oficiales que gritaban: “¡Viva el Emperador! ¡El Emperador recompensará al que llegue el primero a la línea enemiga!”.

Toda esta gente que ha marchado hacia adelante, que siente la victoria ya en las manos, viendo llegar sobre ellos esta marea de gente a caballo, con los sables desenvainados, de golpe, le entra el pánico y comienza a retroceder después a huir desesperadamente. Toda esta masa de infantería, 15.000 hombres, huye del peligro y perseguida por la caballería inglesa que obviamente sablea y abate. Y de, como decir, como si para Napoleón fuera necesario en ese momento acordarse de que la racionalidad no lo es todo, que los ejércitos no son engranajes. Los ejércitos están de siempre compuestos de seres humanos que tienen emociones, pasiones. El adiestramiento los hace olvidar pero después en el momento de la batalla por supuesto que la gente de pronto se da cuenta de lo que está sucediendo, se dan cuenta de que están arriesgando la piel, entonces aparece todo aquello que el adiestramiento te ha hecho olvidar y te das cuenta del pánico.

 
La cabalgada de los Scots Greys, inmortalizada en multitud de medios. (Waterloo, 1970)


Y así Napoleón vuelve a estar en el punto de partida. Su ofensiva ha sido frenada. No se viene abajo. Aún tiene tiempo. Aún no hay rastro de los prusianos, aún tiene muchas fuerzas intactas, aún su famosa reserva de 37 batallones, preparada, en el centro. Se trata por tanto de encontrar otro punto débil en la formación enemiga. 

Manda que avance su caballería a ver qué es lo que puede hacer. Y de pronto los ingleses formados en la cresta abandonan sus cañones porque será imposible pensar de defender si la caballería entra en acción y cada uno de los batallones forman en cuadro que es la formación que hablábamos primero que de cada lado sea una selva de mosquetes y bayonetas que permiten resistir a la caballería. La bayoneta es el motivo por el que ya no se usa la pica como se usaba en el siglo XVI, porque al mismo tiempo el hombre que dispara tiene también una larga punta de lanza que le permite mantener a distancia a la caballería enemiga. Se forman estos cuadros y esta fase de la batalla de Waterloo es una de las fases más surrealistas. Porque los franceses tienen otra vez la impresión de haber vencido: su caballería ha tomado los cañones ingleses, la infantería inglesa está allí: inglesa, alemana, holandesa, está allí detrás, inmovilizada, en cuadros. Todos los generales ingleses están dentro de los cuadros, Wellington está dentro de uno de los cuadros. Si los 500-700 hombres que hay alrededor se espantaran, si huyeran todos los coraceros franceses, él incluido, se perderían. No se pueden dar ya órdenes. Pero la caballería no ataca los cuadros. Porque el cuadro es una formación pensada adrede para que la caballería no la pueda atacar; no porque el jinete no quiera, los jinetes querrían, los oficiales querrían, pero son los caballos los que no quieren. Los caballos no van contra un muro de puntas de acero. No van contra los cuadros. Muchas descripciones son clarísimas: los coraceros llegaban veloces, aminoraban y después los mismos caballos espumeando se frenaban a pocos metros de las puntas de las bayonetas, Y van adelante durante un tiempo del medio dia hacer este juego medieval los coraceros están allí, en medio de los cuadros. Wellington dice “será el momento en que la caballería enemiga paseaba entre nosotros como si hubiera sido la nuestra”. 

Los cuadros no disparan, porque una de las cosas que enseñan los oficiales es a no disparar cuando están en cuadro. Porque si se dispara se crea desorden, no harán nada porque con tanto miedo dispararan alto y si los coraceros enemigos se ven disparados tomarán coraje y cualquier cosa puede suceder. Por eso los infantes de los cuadros no disparan. Los coraceros no pueden entrar dentro y esperan a ver. Hay infinitos pequeños duelos, jugados entre los oficiales ingleses que buscan tener en pie, agarrados a sus hombres, diciendo: “nada de pánico. Permanece firme, porque si permaneces firme es el único modo de salvarse. Si alguno comienza a huir, estamos acabados”. Y los oficiales de los coraceros franceses que se desplazan entre los cuadros para ver cualquier cuadro, los de la milicia, si comienza a entrarle el miedo, porque si se ve que entra el miedo, que comienzan a oscilar las bayonetas, entonces se desplaza un escuadrón de coraceros con aspecto feroz y quién sabe si comenzaran a escapar. Y aquí el papel de los oficiales es decisivo.

Y este es el otro aspecto en el que me voy a detener un momento antes de continuar con el relato de esta batalla. Los oficiales. Los oficiales de este ejército ¿quienes son? Habiamos dicho que el ejército inglés y el francés eran muy diferentes. Un ejército de profesionales del antiguo régimen, como el inglés, un ejército de conscriptos, moderno podríamos decir nosotros, el de Napoleón. Tambien con los oficiales sucedia lo mismo. En el antiguo régimen, ¿cómo se llegaba a oficial? Convenía a ser posible ser noble, y si no ser recomendado y con buenas relaciones, y después ¿qué? de una manera del todo privada se iba, se presentaba uno a un coronel y éste decía: “Bien, hay un puesto , te cojo en mi regimiento”. Cuando ciertos gobiernos del antiguo régimen, si tienen una corte en la que el coronel tenía que pagar para coger en su regimiento a jóvenes de buena familia, ciertos gobiernos han pensado podemos pagar nosotros y como consecuencia en Inglaterra, el gobierno de Su Majestad ha comenzado a vender puestos de oficial en los regimientos y los nobles los compraban y tambien los hijos del rico industrial, del rico negociante, pero para muchos nobles estaba muy bien. El Duque de Wellington había seguido esta secuencia: se convirtió en coronel sin haber combatido en una batalla. Simplemente comprando un puesto de subteniente muy jóven, después de teniente seis meses, de capitán tres años después. Él era de buena familia, con buenas relaciones, mucho dinero. De este modo se hacían los oficiales en el ejército inglés.
 
Entonces se comprende que si la masa de soldados está formada por desesperados que se han enrolado porque no tenían trabajo y los oficiales son gente de la buena sociedad que han comprado su empleo, no hay comunicación posible que no sea el lenguaje de dar órdenes y el de obedecer. Comenzamos a comprender porqué el ejército inglés ha sido el último de entre los europeos que ha abolido los castigos corporales. En el ejército de Napoleón, un conscripto no podía ser atado a cuatro estacas y golpeado. En el ejército inglés, sí. Y esto se producía regularmente.


Ataque de los cuadros ingleses.(Waterloo, 1970)


Abro un paréntesis. Poco antes de Waterloo hay testimonios belgas, de autoridades locales belgas que se dirigen a los generales ingleses, diciendo: “Por favor, detengan estos castigos corporales sobre sus soldados porque la gente se escandaliza un poco”. Porque en el Continente no se emplean más. ¿En el ejército frances? En el ejército francés que era un ejército moderno, salido de la Revolución, la gran mayoría de los oficiales eran soldados que habían sido promocionados porque habían demostrado valor, bravura, competencia y habían sido promocionados. Mirad, no se podía haber imaginado una diferencia mayor. De una parte un ejército que refleja exactamente la estructura privilegiada, ferozmente privilegiada y jerárquica, del mundo antiguo, del antiguo régimen, de la otra un ejército que refleja los valores nuevos, la igualdad, la movilidad social. Cada soldado se decía: “tengo el bastón de Mariscal”. Poquísimos se convertían en mariscales de Francia, pero muchos se convertían en oficiales. La estadística dice que poco menos de 3/4 partes de los oficiales que han servido bajo Napoleón comenzaron como soldados simples. Como simples soldados quería decir.

Después de todo, ¿porqué digo esto? En mi opinión son tantas las consideraciones que vengo haciendo en esta conferencia, por ejemplo: qué consolador sería para la historia que reflejara que el ejército moderno hubiera sido el que ganara en Waterloo. Pero esto no es así. El ejército arcaico que reflejaba un mundo superado es el que ha ganado. El ejército francés ha sido derrotado. Y, ¿en qué situación? Con aquellos cuadros de gente que debía ser tenida en el puño de sus oficiales le hace preguntarse a uno si no era mejor el sistema inglés por el que los soldados veían al oficial como a un señor, a un gentilhombre, un hombre que naturalmente tenía el derecho de mandar y que tenía también el derecho de suministrar 300 latigazos si alguno se pasaba de la raya. La disciplina de hierro ha permitido a los cuadros ingleses permanecer firmes en aquella situación, mientras muchos testimonios decían que el ejército de Napoleón en Waterloo era un bellísimo ejército, constituido todo por veteranos, gente muy motivada, pero al mismo tiempo indisciplinada, caótica, desobediente, preocupada, gente que sospechaba de los oficiales que fueran unos traidores, un ejército en el que se daban las discusiones políticas, quién estaba en secreto con los Borbones, en realidad. Los soldados no respetaban a sus oficiales como hubieran debido respetarlos.

El hecho es que la caballería francesa no consigue atacar a los cuadros y se malogra en esta actividad, en estas tentativas continuas de los pequeños combates, a veces les disparan, se estancan, los caballos se estancan, finalmente no es así como Napoleón atravesará las lineas. Y mientras a Napoleón se pregunta en qué parte atacará con su gran reserva ha visto que la situación aún está clara, y mientras Wellington resiste pensando si llegarán finalmente los prusianos. Porque Wellington sabe que pende de un hilo, porque por ahora está resistiendo, pero no tiene claro cuanto tiempo podrá resistir, cuando los prusianos en un cierto momento, llegan. En cierto punto aparecen las primeras columnas prusianas, sobre el flanco del ejército de Napoleón. Y una de las paradojas es que Wellington no se da cuenta. Porque él esperaba que estuvieran más próximos, que vinieran a rellenar el hueco que tenía en su formación. Los prusianos han llegado por otro camino y han aparecido justo en la retaguardia de Napoleón. Una cosa enormemente útil, por otro lado, porque amenazan tomar el flanco y la espalda de Napoleón. Y cuando Napoleón se da cuenta ya están muy próximos, es una zona forestal, de bosques. Emergen del bosque y se dan cuenta los generales prusianos que dicen: “No hemos visto a los centinelas franceses porque vigilaban la otra parte, y hemos continuado avanzado adelante”.

Cuando Napoleón se da cuenta, no puede hacer otra cosa que tomar parte de sus reservas y enviarla a enfrentarse a los prusianos. Tenía habíamos dicho 37 batallones, una masa suficiente para superar el frente de Wellington, aún en este momento. Pero ahora están los prusianos avanzando. Por ello toma el 6º Cuerpo de ejército de Mouton, 15 batallones, y lo manda a enfrentarse a los prusianos. Él mientras tanto continua comprobando el terreno, a probar de hacer caer las posiciones más avanzadas de los ingleses, para hacer espacio y lanzar finalmente la carga final. Los prusianos avanzan, y los 15 batallones franceses son insuficientes. Son buenos, son los mejores, los prusianos son conscriptos frescos, que no obstante combaten bien, han sufrido muchas pérdidas, pero están animados por un odio fanático contra los franceses, y están avanzando de todos modos. Los 15 batallones franceses están avanzando lentamente hasta una gran poblado llamado Plancenoit que está prácticamente en la retaguardia de la formación francesa. Y allí se atrincheran y desde allí van a actuar. Y en un cierto momento vienen a decirle a Napoleón, cuidado que Plancenoit está cayendo. Los cañones prusianos están tan avanzados que sus proyectiles impactan en la zona donde Napoleón está observando el frente. 


Las tropas prusianas aparecen en la retaguardia y flanco de los franceses. (Waterloo, 1970)

¿Y qué está pasando en el frente de Wellington? Está yendo bien, los franceses conquistan las posiciones, hay una gran granja fortificada, La Haye Sainte, en el centro del formación y los franceses la están conquistando. Si la toman tienen el espacio abierto, allí se podrá lanzar la gran carga de la reserva y hundir el frente de Wellington. Pero los prusianos están llegando. Napoleón aún tenía reservas. Tenía 37 batallones, de los cuales ya ha usado 15. Le quedan 22, la Guardia. Toma los peores, la Joven Guardia, 8 batallones, y los manda a Plancenoit. Y la Joven Guardia llega, reconquista Plancenoit, desaloja a los prusianos y se mantiene firme. Mientras tanto los franceses conquistan la granja en el centro de la formación y de pronto tienen enfrente las posiciones enemigas ya a la vista, han conquistado la cresta, los ingleses están detrás, a la vista. Preparados para el esfuerzo final. 

Mientras tanto los prusianos están insistiendo, obstinadamente, a costa de pérdidas terribles. Wellington aún no sabe que están combatiendo allí, consulta su reloj y se pregunta porqué no llegan, malditos prusianos! Todavía ellos están combatiendo allí, durante horas, muy lejos detrás de la formación de Napoleón. También la Jóven Guardia se consume en esta hoguera, en este poblado que ya está en ruinas, quemado. Los prusianos ya están saliendo fuera de este poblado.


La lucha de franceses y prusianos en Plancenoit


Napoleón hace una cosa que no hubiera debido hacer. 37 batallones en el inicio, 15 ya utilizados, más 8 de la Jóven Guardia… Ya ha utilizado 23, le quedan 14. Mejor dicho 13, porque uno lo mantiene en la retaguardia, con su tesoro, su carroza y sus caballos… Porque no se sabe nunca… 13. ¿Cuantos puede sacrificar para aún frenar a los prusianos?: 2... Con muchísima voluntad, dos de los mejores, los granaderos-cazadores de la Vieja Guardia, los mejores soldados del mundo. Un millar de hombres, en total, no tiene más. Dentro de Plancenoit habrán unos 18.000 prusianos. Los dos batallones de la Vieja Guardia son mandados a Plancenoit, cargan a la bayoneta, arrollan a todo lo que se encuentran por delante, reconquistan el poblado, logran poner en fuga a los prusianos con una violencia tal que su comandante tiene que impedir que degollen a los prisioneros, como ya habían comenzado a hacer. Por otra parte los prusianos bayonetaban a menudo a los heridos franceses. Tal era el fuerte odio que las largas guerras napoleónicas habían provocado entre prusianos y franceses.

Por lo tanto la ofensiva prusiana, de nuevo en el punto de partida. Son las 7 de la tarde, han tenido pérdidas terribles y no han logrado desalojar a los franceses de este maldito poblado. Pero a Napoleón sólo le restan 11 batallones para el ataque final. Había calculado de hacerlo con 37, mirad pues, le quedan 11. Adelanta sus cañones para disparar las últimas municiones contra las filas de los cuadros ingleses y entonces todos los testimonios del lado inglés dicen: “ha sido el momento más aterrador, porque los cañones franceses se acercaban a 300 metros y tiraban con metralla”. Es el momento en que en torno a Wellington han caído uno detrás de otro sus edecanes, sus amigos, él permanede ileso milagrosamente. Dirá después: “el dedo de Dios ha estado sobre mi”. Porque a su alrededor todos han sido muertos o heridos. Es el momento en que algunos de los batallones del ejército de Wellington comienzan de verdad a derrumbarse. Porque cuando te llegan los cañones a 300 metros, y comienzan a disparar metralla ni tan siquiera la disciplina impartida con el bastón puede mantener firmes a los hombres. Tras lo cual los cañones franceses agotan su munición. Conviene mandar dentro a la reserva, a la Guardia. Y Napoleón envía a la Guardia, que es lo que le queda. Los 11 batallones que le quedan. La Guardia avanza, los prusianos han vuelto a atacar en Plancenoit, Napoleon aún a los mantiene allí. Pero el ataque final contra Wellington que tendría que haberse hecho con más de 30 batallones, se realiza con un tercio de las fuerzas que había previsto utilizar.

Y en este punto, este ataque, a pesar de la fama mundial de la Guardia, a pesar que estos soldados sean los mejores del mundo, pero tienen delante un adversario digno de ellos, este ataque, lo saben todos, fracasa. El último ataque de la Vieja Guardia, fracasa. La Guardia avanza, ellos también en formación cerrada, como les han enseñado, con el mosquete a la espalda, avanza bajo el fuego, bajo el fuego de los cañones. Wellington envía hacia adelante todo lo que tiene, toda la infantería inglesa que le queda, porque infantería holandesa alemana, están casi agotados, no es momento para enviarles adelante. Manda adelante todos los ingleses que le quedan, que son verdaderos soldados, soldados veteranos y estos con su fuego, frenan a los franceses. Sus oficiales decían: “debíamos avanzar y parecía, literalmente, como esta masa se desmenuzaba golpeada por el viento.

Avanzaban hasta donde pudieron, pero no pueden hacer más. Aún aguantan un poco, obstinadamente, y después qué podían hacer: comienzan a retroceder. Y en todo el ejército francés, cuando se da cuenta que la Guardia retrocede se decide que, en general, estaba bien, pero todo era inútil y mañana será otro día, se vuelve a casa. El entero ejército francés viendo fallar este ataque, decide que es inútil continuar, considerándolo bien. Querían mucho al Emperador, pero no se puede pretender demasiado del hombre. El entero ejército francés comienza a retirarse: es una retirada relativamente ordenada, está claro, casi ningún regimiento pierde sus banderas, sus águilas. Pero poco a poco se van rompiendo porque mucha gente por su cuenta se dice: “yo por mi parte ya he acabado, vuelvo a casa”. Dos o tres días después, en Francia queda más o menos la mitad del ejército. No tiene más. No son todos muertos, heridos o prisioneros, muchísimos se han vuelto a sus casas.

Y esta es la batalla de Waterloo. Después de lo cual, ¿qué es lo que sucede? Sucede que se comienzan a escribir las memorias, y allí sí que se ejercita la creatividad. Napoleón escribe unas extraordinarias memorias, que como fuente histórica son completamente inútiles, ya que miente descaradamente, en todos los aspectos, y dice: “No es en absoluto culpa mia, yo he dado las órdenes a Grouchy, el comandante del ala derecha, de unírseme en Waterloo. Si él hubiera venido hubieramos cogido entre dos a los prusianos y les hubieramos exterminado”. En realidad si uno estudia, como hacen los historiadores, como lo he hecho también yo sobre los mapas y calcula las distancias y el tiempo, las órdenes de Napoleón eran irrealizables. Su fuerza del ala derecha no hubiera podido nunca llegar a tiempo al campo de Waterloo. Pero él ha escrito esto y esta es una de las versiones que ha pasado a la historia.

La historiografia inglesa que es absolutamente dominante en este ámbito y que consigue hacer pasar esta batalla como la victoria inglesa, haciendo olvidar que habían holandeses, belgas prusianos, etc. La historiografía inglesa dice no obstante, nosotros nos mantuvimos firmes, la infantería inglesa es la mejor del mundo, los franceses vinieron, los ingleses les esperaron, los franceses ya se sabe son gente continental, emotiva, latinos, ruidosos, indisciplinados, la infantería inglesa la mejor del mundo se mantuvo firme, inmóvil, en silencio, y los han rechazado con su fuego superior. Y los ingleses han vencido la batalla. El problema que estos autores ingleses han tardado en darse cuenta, que durante horas y horas durante la jornada, los prusianos, muy lejos de ellos, detrás de las líneas de Napoleón, desde el lado de los ingleses no les veían, no sabían que estaban, por horas y horas los prusianos lo han logrado, sacrificando a millares de hombres, y han obtenido un resultado decisivo. Han consumido las reservas de Napoleon. Si los prusianos no hubieran llegado, y Napoleón hubiera podido atacar con 30 batallones, y no con 11, habría sin duda hundido la línea de Wellington, y la batalla de Waterloo se hubiera definido de otro modo.

Un hecho es que la historiografía alemana ha perdido la guerra de los historiadores. En el siglo XIX ha intentado escribir libros donde se decía eramos nosotros los que habíamos ganado, después ya sabemos que el siglo XX ha sido como ha sido. La historiografía militar alemana considerando todas las cosas ha perdido toda razón de ser y, oficialmente, todos saben, yo mismo, yo mismo hubiera contado la de los ingleses. Y es difícil huir de los estereotipos. Yo mismo hubiera dicho el ejército inglés, los cuadros, y los cuadros, la mayor parte estaban hechos de jóvenes holandeses, belgas, alemanes, reclutados entre la milicia, en el último momento, y que sus oficiales nóbles han sabido mantener firmes y que no huyeran, pero delante de ellos siempre están los ingleses.

Esta es la batalla de Waterloo. Yo he querido no tanto contar la batalla sinó también tratar de dar algunos apuntes de cómo estaban formados estos ejércitos, y sobre como reflejaban las contradicciones de la sociedad de la época. La contradicción absoluta más clara de todas, no me puedo olvidar de ella, pero la digo una vez más, el hecho que el país que por un lado estaba haciendo la Revolución Industrial, Inglaterra, tuviera un ejército tan arcaico, que reflejaba valores ya superados. Creo que esto es una lección a sacar de todo ello, no sé bien cuál será, pero en todo caso no la encontraremos creo esta tarde.





Revisión trad.: Antonio Moya Batalla

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Fuentes:

- https://www.youtube.com/watch?v=XXWob8GTIvw

Imágenes:

- © Mosfilm / Dino de Laurentiis Cinematografica - Waterloo film (1970)

- By Adolf Northern (November 6, 1828 - May 28, 1876) - http://www.lessing-photo.com/dispimg.asp?i=26030464+&cr=1&cl=1, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4955408

lunes, 13 de junio de 2016

"Waterloo. La creatividad destructiva", por Alessandro Barbero (I)

Hablar de una conferencia que versara sobre la batalla de Waterloo no tendría nada de especial por las fechas en que nos encontramos y por el hecho de ser de por sí una de las batallas más estudiadas (sinó la que más) de la historia militar. En cambio la charla que nos presentó Alesandro Barbero en el año 2009 con el título "Creatività distruttrice 3. Waterloo", nos abre todo un abanico de cuestiones que buscan explicar, más allá del lógico punto de vista militar, quién formaba esos ejércitos, cómo luchaban, como eran mandados y todo ello enmarcado en una época que presagiaba el ocaso de las monarquías absolutistas europeas y el nacimiento de la Europa moderna. Aparte de autor de varios ensayos históricos sobre la época medieval, Barbero es el autor del conocido libro "La battaglia. Storia di Waterloo", traducido a varios idiomas, entre ellos el castellano, y que me parece indispensable como una novedosa y pedagógica aproximación a la batalla con el mérito de haber sido escrito por un autor que no era de ninguno de los países participantes en la contienda. Os dejamos con la traducción íntegra de la conferencia que también podeis encontrar en Youtube, en el original en italiano.


Waterloo. La creatividad destructiva

Buenas tardes,

A. Barbero
A continuación, estamos aquí para esta tercera conferencia que a través de la famosa batalla busca explicar no tanto cómo funcionaban la estrategia y tácticas militares sino también el enorme esfuerzo que los gobiernos y las sociedades hacían para formar los ejércitos y las flotas. La batalla de la que hablaremos esta tarde es una batalla famosísima aunque probablemente no nos pongamos de acuerdo como pronunciar el nombre: yo me inclino a llamarla “Vaterlo” como está escrito que tampoco es tan diferente de cómo lo pronuncian los flamencos. La última batalla de Napoleón. Es la batalla que pone fin a los 100 días, a la breve esperanza de Napoleón de retornar al poder, después de su derrota del 1814 y después de su exilio en la isla de Elba. Estamos en 1815, en marzo. Napoleón ha escapado de la isla de Elba, ha vuelto a Francia. Con poquísimas fuerzas y ha sucedido una especie de milagro. Ha sucedido que gran parte del país y casi todo el ejército lo ha aclamado como el legítimo soberano de Francia. El rey de Francia, Luis XVIII, el Borbón puesto en el trono por las potencias aliadas, huye. Napoleón llega a Paris y retoma el poder, pone en pie rápidamente su estado, su gobierno imperial, con el tiempo para aprobar una nueva Constitución en la que promete espacios de parlamentarismo liberal en vez de un gobierno monárquico, casi absoluto, como el que ha practicado en el pasado.

Escribe a todos los soberanos europeos para decirles que él quiere la paz. Ha vuelto pero no quiere nada. Se contenta con la Francia con las fronteras redimensionadas en el Congreso de Viena, no tiene ninguna reivindicación, quiere solamente reinar pacíficamente. Pero no le creen. Sus cartas, algunos ni no las abren, al Rey de Inglaterra el Primer Ministro no le permite abrirla y la hace devolver aún sellada. E inmediatamente las potencias que en los años precedentes estaban coaligadas contra él, vuelven a concertar un pacto de alianza para invadir Francia y atrapar a Napoleón de una vez por todas.

Entonces esta es, por una vez, una guerra defensiva, una de las poquísimas guerras defensivas que Napoleón combate en el transcurso de su carrera. Las potencias coaligadas contra él son prácticamente toda Europa. Hay cuatro grandes ejércitos que se preparan para invadir Francia. Uno, muy cercano, el que ya tienen los ingleses que están en Bélgica y en Holanda, al que se unen contingentes belgas, holandeses y de varios estados alemanes al mando del duque de Wellington. El prusiano, Prusia es la principal potencia alemana, que está preparado cerca del Rin, el austriaco que está más lejano, o el ruso que aún está más lejano, como se entiende.

Uno de esos ejércitos es más débil que el que puede llegar a armar Napoleón, pero ya dos son más fuertes, y los cuatro juntos ya no habrá historia. Napoleón decide que la única cosa que se puede hacer es actuar y actuar rápidamente: los rusos están muy, muy lejos, los austriacos también; hay dos ejércitos que ya están preparados en la frontera con Francia, están esperando que lleguen los otros para iniciar la invasión. Están a punto el ejército inglés, holandés y alemán al mando de Wellington y el prusiano al mando de Blücher. Estos dos ejércitos están acantonados, como se decía entonces, en todo el territorio de Bélgica. Bélgica y Holanda forman una única monarquía bajo la casa de Orange en aquel momento, aliada de la Coalición. Están en países amigos. Están acantonados como se hacía entonces, en una época en que casi no existían las casernas o, sin embargo, se utilizaban poquísimo. Y para mantener un ejército, se colocaban a los soldados en las casas del campesinado y los oficiales en casa de los burgueses y nobles, y era una obligación ciudadana hospedar y mantener a esta gente. Esto significa naturalmente, como se entiende, que todo el ejército estaba disperso por todo el territorio de Bélgica. Porque en cada una de las villas se encontraban una compañía de soldados, en el mejor de los casos. Son casi 100.000 hombres del ejército de Wellington y más de 100.000 del ejército prusiano que están dispersos de una esquina a otra de Bélgica. Napoleón más o menos ha podido reunir unos 100.000 hombres, la Armée du Nord. 

 
Alessandro Barbero en la conferencia.


Es seguro que si se enfrenta a uno de estos dos ejércitos lo aniquilará sin esfuerzo; debe impedir que puedan reaccionar, que puedan juntarse, enfrentarse a los dos juntos en el campo de batalla. En consecuencia, Napoleón decide actuar muy rápidamente y entrar en Bélgica antes que el enemigo se dé cuenta y arrollar con todo lo que se encuentre por delante.

Hacia la mitad de junio de 1815, Napoleón sella las fronteras de Francia, no permite que salga ningún turista, carruaje, carta o periódico, y en pocos días el ejército francés marcha hacia la frontera y la noche del 15 de junio entra en Bélgica. La noticia llega rápidamente a los comandantes inglés y prusiano y es una noticia espantosa, ya que sus ejércitos aún están dispersos, desunidos y los franceses ya están allí. Pero son todos profesionales y saben cómo reaccionar. Muy rápidamente, sea el inglés o el prusiano, comienzan a reunir sus fuerzas dispersas lo más cercano posible a la frontera para tratar de dar batalla a Napoleón e impedirle invadir Bélgica, de conquistar Bruselas, que sería hay que entenderlo, desde el punto de vista de la propaganda una cosa muy desagradable para la Coalición si la guerra comenzara con Napoleón que conquista, captura una de las capitales de los soberanos enemigos. Se procura dar batalla lo más pronto posible. Napoleón avanza sin saber bien que se encontrará primero de frente con fuerzas por la parte derecha donde se espera a los prusianos y sobre la izquierda donde se espera a los ingleses. Tiene una fuerte reserva con la Guardia Imperial para enviarla del lado donde lo necesite. El 16 de junio se combate, porque los prusianos han dejado una parte de sus fuerzas y le bloquean la carretera. Entonces Napoleón con su ala derecha y con toda la reserva que coloca de ese lado se enfrenta a los prusianos en una batalla que es la batalla de Ligny, que es la última victoria de Napoleón. Napoleón efectivamente derrota a los prusianos, muy duramente, los pone en fuga. Después de lo cual, se dirige hacia la otra parte, donde el Duque de Wellington a reunido rápidamente todo lo que ha podido encontrar de su ejército anglo-holandés y alemán, un ejército donde se hablan cuatro idiomas y ha tratado de detener la izquierda de Napoleón. Ha sido un encuentro en una pequeña batalla que se llama de Quatre Bras. Los ingleses se han mantenido pero por la noche se enteran que por su flanco Napoleón ha derrotado a los prusianos y que está avanzando. En consecuencia, el Duque de Wellington no puede hacer otra cosa que retirarse también él en dirección a Bruselas. Durante todo el día 17 el ejército inglés se retira por la única gran carretera hacia Bruselas y el ejército de Napoleón le sigue. Los prusianos se están retirando, han sido batidos y Napoleón está convencido de que no los verá más. Ha mandado una parte de su ala derecha para seguirlos. Pero no se preocupa, y con el ala izquierda y la reserva sigue a los ingleses.

¿Por qué se retiran los ingleses en realidad? El ejército inglés, yo digo siempre inglés, he de hacer siempre un esfuerzo para recordar que solamente un tercio de aquella fuerza eran ingleses y el resto eran holandeses, belgas, alemanes, el mando era inglés. El ejército de Wellington tiene más o menos el tamaño del de Napoleón, son cerca de 70.000 hombres por bando los cuales se persiguen por la carretera pavimentada que va a Bruselas.

Y entonces, ¿por qué se retira uno de los ejércitos sin dar batalla y el otro, el de los franceses lo sigue, sin ninguna miedo, buscando la batalla, buscando el encuentro decisivo? Si uno mira el número de hombres era más o menos el mismo. Napoleón tenía más cañones: tenía unos 250 cañones contra unos 150 de Wellington. Y esto por un motivo muy preciso. Napoleón era un viejo subteniente de artillería, que había dado sus primeros pasos en la artillería y que sabía muy bien cuanto cuentan los cañones y que a menudo siempre le daba por tener más cañones que el contrario. Él siempre iba pertrechado de cañones. Porque las cosas son así, los ejércitos son como los han hecho los gobiernos: los gobiernos los han hecho en base a la idea que se tenía sobre cómo ha de ser un ejército y en base al dinero que tenían que gastarse en ellos. El dinero era un problema muy grande: por ejemplo la caballería de Napoleón en estos días, estos días de Waterloo es más débil de lo habitual, porque no ha tenido suficiente dinero para comprar buenos caballos. Sus famosos coraceros están montados en gran parte en caballos de baja calidad, porque no había fondos, para encontrar, para comprar caballos adecuados.

Pero entonces, ¿porque el ejército inglés se retira, sólo porque tiene menos cañones? En realidad, no. Pensemos un momento como estaban compuestos estos ejércitos. ¿Cómo se montaban los ejércitos de aquella época, quien era el que prestaba servicio? Nos encontramos después de la Revolución francesa, naturalmente. Nos encontramos con posterioridad a todo el antiguo Régimen que ha sido batido en toda Europa menos en Inglaterra, recordemos, porque Inglaterra, que desde un cierto punto de vista es el país más moderno del mundo en aquella época, Inglaterra está haciendo la Revolución industrial en aquel momento. Pero desde otro punto de vista Inglaterra, es el país más arcaico de Europa, el único donde no había llegado la Revolución francesa y aún un país de antiguo Régimen. Su ejército es un ejército de antiguo Régimen, como aquel del viejo rey, el Rey Sol. Está hecho de mercenarios en la práctica. Esta hecho de gente que hace del soldado su profesión. No son mercenarios extranjeros. Son súbditos británicos, pero que hacen del soldado su profesión. Que se enrolan, que firman un contrato que obliga a servir por un gran número de años a cambio de una paga muy baja y de condiciones de vida muy duras y de una disciplina durísima mantenida con el bastón o la fusta. Como en todo el mundo del antiguo Régimen hacer de soldado no es una profesión prestigiosa, es la profesión que hacen los últimos, los desocupados, que hacen los trabajadores, que se enrolan, campesinos en años de mala cosecha, O que hacen los aprendices cuando cierra la fábrica y se quedan desocupados. Estos son los soldados. El Duque de Wellington que era de una familia importantísima, noble y uno de los jefes del partido conservador dice un día amablemente que su ejército estaba formado de la “escoria de la tierra”.

Pero en Francia se ha producido la Revolución Francesa. El ejército francés es una cosa muy diferente. El ejército francés es fruto de la idea que todos no son súbditos sinó ciudadanos y como consecuencia deben prestar servicio para defender la nación cuando la nación lo requiere. Es por eso que el ejército francés está basado en la conscripción. Si un soldado inglés es un pobre que se ha enrolado, voluntariamente, aunque estuviera desocupado y se muriera de hambre y que presta servicio toda la vida, un soldado francés es un conscripto de leva. En el bien entendido que aún no existen las levas en masa del ejército y de la Primera Guerra Mundial. La leva se efectuaba diciendo: “Todos pueden ser llamados a servir”, pero al Emperador le bastan 80.000 hombres al año. Entonces estando los jóvenes de leva, siendo 300.000, uno de cada tres prestará servicio.

¿Y como se hacía para saber quién tenía que prestar servicio?: se sorteaba. Por tanto este era un sistema que era extremadamente difuso y aún el sistema con el que serán reclutados los soldados del Risorgimento, por ejemplo. El ejército piamontés que combate en Custozza y Novara en el 1848-49, era reclutado así. En teoría todos eran conscriptos pero como no se necesitaban a todos, se sortearán. En cada país los jóvenes de 18 años un buen día son convocados por el Síndico, van al municipio y delante del Síndico hay una urna y cada uno saca un número. Los que sacan un número bajo han de ir a hacer de soldado. Pero habían muchos modos de eludirlo: si uno tenía mucho dinero podía pagar a un sustituto, por ejemplo. para que fuera en su lugar. Porque al fin y al cabo habían sobretodo muchos pobres, trabajadores y desempleados que tenían que hacer de soldado. Sin embargo el principio se ve que era radicalmente diferente. El principio era: el Estado tiene el derecho de llamarte y de hacer de ti un conscripto.


Los conscriptos franceses


Cuando Napoleón cayó en el 1814 y había vuelto el antiguo Régimen, los nuevos reyes que habían retomado el poder, los príncipes alemanes, el príncipe de Orange que se ha convertido en rey de los Países Bajos, el mismo Luis XVIII ha vuelto a Paris, se han encontrado con una situación política embarazosa. Porque la conscripción obligatoria era el legado más odiado de la Revolución. Todos habían prometido abolirla. Pero era un gran pecado abolir un recurso así. Abolir una ley que le permitía al rey disponer de todos los hombres que le servían simplemente echándolo a suertes. Estos soberanos tratan de poner en pie los ejércitos: estoy hablando de los príncipes alemanes, del rey de Holanda, que forman gran parte del ejército de Wellington, se preguntan como podía ser que el ejército se esté retirando delante del de Napoleón. Estos soberanos, al final, llegan a un compromiso. La leva, la conscripción no podemos hacerla, porque políticamente será un suicidio. Reconstruiremos un ejército de profesionales, de mercenarios. De gente que se enrola de por vida porque no sabe cómo vivir, un pequeño núcleo porque es caro. Y después haremos una especie de conscripción atenuada, la milicia. La idea de la milicia es un gran éxito en Europa ya en años precedentes, en siglo XVIII. La idea que los ciudadanos deben prestar el servicio. Un poco como la Guardia Nacional americana para los que conocen esta cosa, que aún hoy existe. No es propio de la leva, son repartidos y se quedan en casa. La gente que forma parte de este reparto puede llevar una vida normal, simplemente unas semanas al año se reúnen para adiestrarse un poco y después cuando se produce la guerra deben prestar servicio. Los nuevos soberanos puestos en sus tronos por el Congreso de Viena forman ejércitos basados en el principio de la milicia. Se sortea a suficiente poca gente y nadie tiene un miedo especial porque si sale sorteado para la milicia no tendrá que dejar el trabajo, la tienda, la familia, el campo… bastará que tú hagas unas pocas semanas de adiestramiento al año.

Este era el principio por el que estos nuevos regimientos de milicianos holandeses, alemanes, han sido apenas reunidos y puestos en pie cuando llega la noticia que Napoleón ha invadido Bélgica. Y como consecuencia a todos se les dice: “es verdad que habíamos dicho que se había de prestar servicio en caso de emergencia, pero aquí está la emergencia”. Y por tanto el ejército de Wellington es un ejército que está compuesto por una buena mitad de unidades reclutadas de este modo. La diferencia de calidad es enorme. Un batallón inglés compuesto de de soldados endurecidos, bien alimentados, bebedores de cerveza y grandes comedores y que hacen la profesión con un fortísimo sentido del honor y de la disciplina es una cosa. Un batallón de milicia holandesa o alemana, apenas reclutado, sorteando a unos trabajadores que no se enteran de nada es una cosa radicalmente diferente.

Enfrente tenemos a un ejército francés compuesto totalmente de conscriptos, pero son conscriptos que ya tienen experiencia. Napoleón no llega a tiempo de llamar a los conscriptos del año 15, tiene a todo su ejército formado por conscriptos del 14, del 13, que ya han combatido. Wellington simplemente sabe que a pesar que su ejército está compuesto de 70.000 hombres exactamente como el francés, si probase a cerrarle el camino, probablemente sería vencido. Por tanto, retrocede. Retrocede y, durante todo el día y la noche del día 17 desesperadamente manda correos a los generales prusianos que están retrocediendo, lejanos, hacia el este, para transmitirles como se encuentran las cosas: “habéis sido derrotados pero no podemos fracasar de nuevo, podemos juntarnos y hacer alguna cosa” para tratar de ayudarlo. Por toda la noche del 17 se intercambian correos entre los generales ingleses y prusianos, que se escriben entre sí en francés, que es la única lengua internacional que todos conocen, y los prusianos le dicen: “Lo podemos hacer. Tenemos aún tropas frescas, tropas que no han tomado parte en el desastre, te las mandaremos. Si tú te plantas para dar batalla delante de Bruselas, antes de Bruselas, nosotros te mandaremos refuerzos”.

También los generales prusianos discuten acaloradamente porque había quien decía: “no nos importa Bruselas, los ingleses, Wellington, nosotros hemos encajado una dura derrota y no arriesguemos lo poco que nos queda.” Pero al final, prevalece la opinión que dice: “No. Es más importante que nos detengamos también nosotros y le echemos una mano”.

En consecuencia el Duque de Wellington, la noche del día 17 tiene la garantía de los prusianos que, si él se planta y da la batalla, ellos trataran de ayudarlo. Y esto puede cambiar completamente las cosas, evidentemente. Por eso decide correr este riesgo. Si se retirase dejando atrás Bruselas, la perdería y la prensa inglesa se lo comería vivo, evidentemente. Por ello decide entablar batalla. Ha encontrado una buena posición. El lleva tiempo en Bélgica, ha hecho un recorrido a caballo, ha recordado el lugar, los caminos, la carretera ha visto que sobre la carretera de Bruselas hay una posición muy fuerte, una larga cresta, una especie de pequeña y larga colina muy baja, pero que es suficiente para colocarse detrás para no ser casi visto por el enemigo, con unas granjas que pueden ser fortificadas, bien robustas. Tiempo atrás ya había dicho en un apunte: “si alguna vez tuviera que dar batalla para defender Bruselas el sitio adecuado es este”. Es cercano a una población que se llama Waterloo. Decide detenerse allí.

Napoleón, que lo está siguiendo, llega también por la noche, y se da cuenta que el enemigo no va a retirarse porque ve una serie de fuegos ingleses al fondo y ve que han tomado posiciones a lo largo de esta cresta. Por tanto, Napoleón sabe que al día siguiente habrá una batalla, y dirá después en sus memorias: “Ninguna batalla me habrá nunca parecido tan fácil”. Porque él estaba convencido que ya no vería más a los prusianos y sabía que el ejército de Wellington por sí sólo no era posible, no era suficiente para detenerlo. Napoleón por la noche duerme poco, y duerme poco porque entre otras cosas se preocupa por si los ingleses cambian de idea y se retiran. Tan cierto que en sus memorias dice que: “hasta cierto punto salí, no conseguía dormir, salí solo con un edecán, se acercó a primera línea para controlar, para ver si al fondo se seguían viendo los fuegos de los ingleses parecía que el horizonte quemara, como un inmenso incendio, y en ese momento me tranquilicé.” Quería decir que aún estaban allí que no se habían marchado. Es verdad que el sirviente de Napoleón que también había escrito sus memorias, dijo que “cuando llovía por la noche el Emperador nunca salía de casa”. Pero confirma que no dormía bien, se despertaba, se levantaba, se acercaba a la ventana, se cortaba las uñas, y esperaba”.

A la mañana siguiente está bien claro. Los ingleses están aún allí y se preparan para dar batalla. Así se entiende cual es la situación: si no llegaban los prusianos, las probabilidades son todas a favor de Napoleón. Si los prusianos llegan, de golpe su enemigo se convierte en el doble y en ese momento las cosas cambian decisivamente. Napoleón está convencido que los prusianos no llegarán. Wellington… espera que mantengan su promesa y vengan.

Así Napoleón prepara la batalla con calma. De hecho siempre ha sido su principio, no debe haber prisa. Se ve como van las cosas, se empieza a entablar combate en toda la línea mandando hacia delante pequeñas escuadras de tiradores que toman contacto con el enemigo, se intenta comprender bien como está desplegado el enemigo y luego, cuando se ve cual es el punto débil del enemigo, él se lanza con las reservas. Por eso Napoleón tiene una gran reserva, todo el cuerpo de la Guardia más otro cuerpo de ejército, el 6º, son 37 batallones, un tercio de su ejército, digamos. Entenderan luego porqué les digo estas cifras… El resto lo desplega, y poco a poco envía a los tiradores para tomar contacto, esperando a ver donde conviene dar el golpe decisivo: si atacar primero con el ala derecha o con la izquierda según donde aparezca el punto débil del enemigo, lo piensa un poco y entonces, de pronto, decide, inexplicablemente, con un golpe de mirada que es el producto de tantos años de oficio, él siempre lo ha hecho muy bien, Napoleón decide atacar sobre su ala derecha. Y nosotros sabemos, como parecía saber él que no podía ver casi nada por la cresta que cubría al enemigo, nosotros sabemos que, en ese punto, Wellington era más débil. Porque de aquel lado, Wellington esperaba que llegaran los prusianos y había colocado sus fuerza más débiles, las que habían luchado dos días antes, las brigadas más debilitadas, convencido que llegarían pronto los prusianos para rellenar el hueco. Napoleón decide atacar allí.

En consecuencia el cuerpo armado que había desplegado allí, el Primer cuerpo que ha desplegado allí, ordena que avance: 15.000 hombres, 1 cuerpo de ejército, 4 divisiones, 8 brigadas, 16 regimientos, 32 batallones, son cosas que quiero decir, estas son las cosas que aprendemos de la historia militar. Un cuerpo de ejército que ataca. ¿Qué es lo que quiere decir?

Quiere decir 15.000 hombres, organizados rígidamente, que van hacia delante, como se hacía entonces. Como lo hemos visto tantas veces en las películas ambientadas en el siglo XVII o justo en la época de Napoleón. Habíamos visto toda esta gente, toda esta infantería que avanza toda en fila, una fila detrás de otra, con un paso mesurado, con los tambores que tocan el paso, con el mosquete al hombro, y va adelante hacia el enemigo. El enemigo en cierto punto comienza a disparar, la gente comienza a caer y todavía van siempre hacia adelante. Así, a la descubierta, todos en pie, todos en fila y todos al mismo paso mesurado. Creo que todos hemos visto en películas del género y nos hemos preguntado como era posible que se combatiera así. Y si lo hacían, ¿por qué luchaban en verdad así? . Esta es una cosa sobre la que vale la pena reflexionar.





Porque esta es la esencia de las batallas de la época napoleónica. Estos ejércitos se habían hecho para combatir así. Como se había hecho siempre. No sé. Creo que como muchas otras veces el otro dia por la tarde oí como explicaban la batalla de Campaldino. La batalla de Campaldino fue una batalla medieval y se daba el hecho que la infantería del Medioevo no podía hacer gran cosa contra la caballería acorazada. Podía permanecer firme, tras un muro de escudos, con la lanza, plantada en el terreno, esperando resistir si los caballeros los acometieran. Tenía un rol esencialmente pasivo. Las armas de fuego lo cambiaron todo. Y hemos oído hablar de Lepanto o mencionado que la infantería embarcada en las galeras era la infantería europea del Renacimiento, armada en parte de arcabuces en parte de picas, acorazada aún, con el yelmo, la coraza, una infantería extraordinariamente eficiente. ¿Qué había cambiado?

Había cambiado que el arcabuz había dado por primera vez a la infantería la capacidad de agredir al enemigo, de hacerle daño. De poderse mover, de golpearlo a distancia. El arco, las flechas, la ballesta quedaron obsoletas, no tenían la misma valia. El arcabuz cambia las cosas. A partir del Renacimiento los comandantes europeos saben que esta es el arma decisiva. El arma por otro lado que vencerá en las guerras coloniales. Y teniendo las armas de fuego, ¿Porque subsiste la pica aún? Subsiste la pica porque la única cosa que no pueden hacer, tampoco ellos, es que los soldados armados con arcabuces resistan un ataque si la caballería los acomete. Si los ataca la caballería la única cosa que puede detenerlos es una masa de infantes con largas picas que pueden detener la carga de la caballería. Por eso en el siglo XV, en el siglo XVI, los ejércitos europeos están todos formados por piqueros y arcabuceros, que salen juntos al campo de batalla, ¿porqué cuento todo esto? Volveremos sobre el campo de Waterloo, está claro.

Cuento esto porque los comandantes militares europeos del siglo XV, del siglo XVI, comienzan a reflexionar como se puede tener el uso más eficiente posible de estas dos armas combinadas. Los piqueros por supuesto tienen que estar todos juntos en masa porque allí estará su fuerza. Una enorme masa de hombres, de los que se desprenden como erizos, una gran cantidad de picas. ¿Y a los arcabuceros? Los colocaremos por fuera de la masa, obviamente, y pero hemos de organizarlos un poco. Al principio se piensa en colocar a los arcabuceros como las dos mangas de un vestido. Mandamos fuera una manga de arcabuceros, que estén fuera de la masa, todos alineados, con la posibilidad de disparar… si las cosas van mal vuelven a la masa de las picas. Pero enseguida los militares europeos acuerdan que para optimizar el uso de las armas de fuego, esta extraordinaria invención occidental que está dando la supremacía a los occidentales en el mundo, para optimizarlos es necesario que los arcabuceros trabajen todos a la vez. Nunca más cada uno por su cuenta que carga y dispara cuando quiera. El oficial que debe decir, valorar, cual es el momento justo, porque cien, dos cientos, quinientos arcabuceros que disparan todos juntos en un solo instante tienen un fuego enormemente eficaz respecto al que si lo hicieran desordenados . Y entonces se comienza a razonar y es increíble cuantas consecuencias tiene esta intuición inicial sobre la creatividad de los militares, porque se comienza a decir: “Muy bien. Entonces se despliegan en fila. ¿Cuántas filas? Si los colocamos en diez filas, pero entonces los del fondo no podrán disparar, tendrán que ser menos…" Cuatro, se dice al final, cuatro es el ideal, pero luego se dice, no mejor se dice tres solamente, los ingleses en un momento dado dicen sólo dos, y se razona y se rompen la cabeza para decidir cuál será el modo mejor para alinearlos. Pero sobretodo deben enseñarles a disparar todos a la vez.

Y entonces se comienza a reflexionar tanto en el Renacimiento que poco a poco pasa a la época del Iluminismo, de la época de la razón, de la época del Enciclopedismo, de la época que se piensa que el mundo es en el fondo una máquina, un engranaje, todo se puede explicar de este modo. Y entonces vemos al militar, al intelectual culto, que dice: “Bien, para recargar un arcabuz, cuantos movimientos se necesitan?". Hay manuales que describen 60 movimientos diversos, que debe llevar a cabo el arcabucero para recargar, disparar y estar presto para volver a recargar. Y en este punto el paso inmediato: “Enseñemos a estos arcabuceros a hacer todos estos movimientos a la vez”. Cada uno debe, para mejorar, hacer una secuencia precisa de movimientos. Y de golpe, una compañía de arcabuceros, se convertirá en un engranaje. Y un ejército hecho de tantas compañías se convertirá en un maravilloso mecanismo que funciona como una maquina a las órdenes de su comandante. Como se ve, es una ilusión. Es una ilusión que no tiene en cuenta varios factores: el factor humano, el miedo, el caos… pero es una ilusión profundamente arraigada en la cultura europea del siglo XVI en adelante. La ilusión que los hombres pueden ser tratados como máquinas. Todos sabemos que eran todos miserables mercenarios, pobres, analfabetos, en consecuencia, está claro que su comandante debe tener el empuje para que sean un engranaje a punto. Y no solamente disparando, si no también lo deben hacer todos juntos y además moverse. A marchar todos juntos. A los soldados les enseñaremos en primer lugar a colocarse en fila, y luego a marchar al paso, uno, dos, uno, dos. No se lo inventaron los romanos aunque en los tebeos de Asterix lo hagan. En realidad es una invención europea de esta época, que refleja este sueño de los generales de tener estos ejércitos que pueden ser dirigidos como mecanismos.

Entonces se inventa el concepto del adiestramiento. Al soldado se le debe enseñar a realizar toda una serie de movimientos aunque no deba saber que los está haciendo: cuando oiga la voz del comandante, ha de hacer el movimiento. Y el resultado en este punto será la perfección: durante todo el siglo XVII se busca esta perfección de los ejércitos personalizados, donde los hombres se muevan como máquinas. Y aún en la época de Napoleón, gran parte de esto permanece. En realidad como sabemos aún hoy es una idea que permanece que los soldados han de marchar uno, dos, uno, dos, porque esto crea la disciplina, la organización que es una cosa que aún hoy de algún modo los ejércitos llevan dentro, Pero en aquella época era el mejor modo de hacerlos combatir, no dejar nada a la improvisación. Dejar que el genio del comandante pueda utilizar al ejército como un instrumento sin voluntad, a su disposición. Y entonces, las masas que manda Napoleón al ataque contra la línea de Wellington, en el punto más débil, que él milagrosamente ha adivinado, allí, detrás de la cresta, son una masas que avanzan de este modo.




Avanzan de este modo que han sido adiestrados estos soldados, a avanzar así, a obedecer ciegamente a las órdenes de sus oficiales. Los oficiales también han de estar adiestrados, deben conocer todas las órdenes, las órdenes justas. ¿Qué órdenes debo dar si mis soldados que están todos en fila deben formar de repente en cuadro para defenderse de la caballería y tener la capacidad de disponer los mosquetes para que disparen a todas partes? . Debo conocer las órdenes precisas… si fallo los soldados comenzaran a hacer movimientos sin sentido y será el caos. Tambien aquí, el esfuerzo, la ilusión, de poder transformar la guerra en una actividad enteramente racional. Estamos verdaderamente al final del Iluminismo europeo, en el vértice del Iluminismo europeo. 





Seguirá en la 2ª parte.


Revisión trad.: Antonio Moya Batalla
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Fuentes:

- https://www.youtube.com/watch?v=XXWob8GTIvw 

Imágenes:

- De Shadowgate - Flickr: Conferenza di Alessandro Barbero 04, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=13074466
- http://www.collectorsprints.com/12337/antiqueprint/thefrenchconscripts
- Prod. Gran Écran - Waterloo

jueves, 9 de junio de 2016

La artillería francesa en Mont Saint Jean - Por Patrick Maes, presidente de la A.B.N.


A menos de 10 días de la celebración del 201º centenario de la batalla de Waterloo, os traemos esta entrada sobre un artículo traducido de Patrick Maes, presidente de la Association Belge Napoléonienne, que podeis encontrar en la pagina web de Gustave Martinez (en francés), relacionada al final de la entrada. El artículo trata sobre el comportamiento de la artillería francesa en Waterloo y cuestiona tanto su ubicación como su mala preparación por parte de Napoleón. Creo que se podrían hacer varias puntualizaciones en las teorías que nos plantea el artículo, pero si sois unos apasionados de la batalla es de recomendar su lectura.


La artillería francesa en Mont Saint-Jean

Antoine Drouot

Todos sabemos de la importancia de la artillería en las campañas napoleónicas; esta artillería que fue considerada como la mejor del mundo, había, desde 1809, alcanzado sus más altas cotas bajo el mando de un comandante como Antoine Drouot. Sin embargo, en junio de 1815 esta arma estaba en las antípodas de su reputación. En este artículo vamos a analizar las causas de este fracaso, que se mostró de manera evidente en la tarde del 18 de junio.  También vamos a rebatir algunas afirmaciones fantasiosas de la época con el único propósito de excusar al principal responsable del desastre. Para ello, hemos tomado como base tres obras de referencia escritas por tres conocidos autores del panorama napoleónico, a saber:

- "Historia del Imperio" por Thiers, publicado por Lheureux y Co. en 1865.
- "La guerra napoleónica - batallas", Coronel Camon, Librería CHAPELOT and Co., 1910.
- "1815-Waterloo", H. Houssaye, Perrin et Cie, 1913.

Para completar nuestro análisis, también hemos consultado: "Las memorias de Napoleón", 2ª edición, Libros Bossange y Dufour, 1830 y el registro de órdenes y la correspondencia del General Soult.


La gran batería - El terreno

Si les parece bien, vamos a empezar con una cita de Thiers, cuyo trabajo es omnipresente en el de los otros dos historiadores a los que hacemos referencia. Si Thiers ignora casi todo de la táctica militar, el hecho de haber podido reunirse y frecuentar a varios de los participantes en la campaña de Bélgica da a su historia una dimensión significativa gracias a los testimonios recogidos. Contra un enemigo como Wellington y con tropas famosas en la defensa de una posición escogida, es evidente que sólo el uso intensivo de la artillería podría conducir a un resultado positivo. Ahora bien, la lectura los muchos testimonios de la batalla del 18 de junio de 1815, y después de la revisión de los informes, hay razones para cuestionar la eficacia de la preparación de la artillería.

¿Qué nos dice Thiers al respecto?

1) - A las 11:30 h, Napoleón dió la señal, y de nuestro lado respondieron 120 cañones.
2) - Napoleón había acumulado 80 piezas a su derecha, a saber: las baterías de 12 de Erlon, Reille, Lobau, así como un cierto número de piezas de la Guardia.
3) - Muchas balas francesas, tomando la trayectoria de la gran calzada de Bruselas, cayeron en el centro del ejército británico.

Pero si examinamos cuidadosamente un mapa de la batalla, las afirmaciones de Thiers parecen cuando menos extrañas. Según él, el ejército inglés tuvo que ser destruido después de dos horas de preparación. Pero apenas fue dañado.

Vamos a ver, lo dice el Coronel Camon, mucho más competente que Thiers en el nivel táctico, sobre el mismo tema:

1) El fuego de la Gran Batería comienza alrededor de las 13:30h y tiene una duración de media hora.
2) La Gran Batería de 80 piezas está a unos 1.500 metros1 de la línea inglesa. El alcance de los cañones de 12 era de 1.800 metros y los de 8 de 1500 m2 . Los cañones de 12, que constituían el grueso de la batería, podían batir con dureza la línea inglesa a una profundidad de 300 metros.

Por lo tanto ignora la historia de Thiers.

Camon todavía nos dice que Wellington retiró su artillería para protegerla el fuego francés, mientras que su infantería se protegía del otro lado de las crestas del terreno. Por lo tanto la artillería podía maniobrar perfectamente en la llanura. En resumen, según el Coronel Camon, los resultados de la preparación de la artillería de la Gran Batería resultan en "mucho ruido y pocas nueces" y "poco efecto". Estas observaciones iniciales son poco favorables para el alto mando francés puesto que afirma:

a) La excesiva brevedad en la preparación de la artillería.
b) La ineficacia a nivel de la distancia de tiro.

El coronel Camon aún nos dice que era imposible tratar de llevar hacia adelante la Gran Batería a fin de mejorar su tiro, debido a que las pocas baterías que habían tratado de cruzar el valle se habían hundido en el fango o habían sido sableadas por la caballería inglesa. Si estas baterías en realidad habían sido reducidas por la caballería enemiga, la culpa recae principalmente en el mando francés. La pérdida de estas piezas pone de manifiesto la primera prueba de una mala conducción de la batalla, mala conducta que causará una falta de conexión total entre las tres armas: la artillería, la caballería y la infantería.

Cualquier movimiento hacia delante de la artillería siempre debe ser protegido, ya sea por la infantería, o por la caballería, y, si es posible, por ambos. Después de Thiers y Camon, ahora veremos qué elementos pone Houssaye a nuestra disposición. Pero en primer lugar, prestemos atención al terreno a partir del mapa de Craan y, antes de tratar de comprender las maniobras de artillería sobre el campo de batalla, veamos cuales habrían sido los resultados con una preparación de artillería más larga en una posición más adecuada.


Mapa de Craan del que ya comentamos en su momento3


La Gran Batería fue emplazada en la llanura llamada "La Belle Alliance", que discurre en la dirección de Smohain (punto A en el plano de Craan).

Houssaye dice:  "Hacia adelante y a la derecha de la Belle Alliance". Esta meseta, a 1.500 metros del centro inglés, estuvo enfrentada al ala derecha francesa formada por las cuatro divisiones de Drouet d'Erlon. Sigamos examinando el mapa de Craan sin tener en cuenta otros datos.

Delante de esta meseta, a mitad de camino entre La Belle Alliance y La Haye Sainte, se extiende a ambos lados de la carretera una segunda meseta que es paralela a la primera. Esta segunda llanura, con vistas a La Haye Sainte, a derecha e izquierda de la carretera de Bruselas, se encuentra a 800 metros del centro de Wellington (punto B en el plano de Craan).


Zonas de las llanuras A y B. La versión que consultamos del mapa de Craan difiere en la numeración.

La Gran Batería instalada en esta posición, fácilmente podría haber pulverizado las líneas defensivas de Wellington y haber reducido a escombros Mont-Saint-Jean. Sin la cobertura de dicho lugar, la posición avanzada británica de La Haye Sainte, y las defensas del camino de Ohain se hubieran vuelto rápidamente insostenibles.

La pregunta es si hubiera sido posible o no acceder a esta segunda meseta que llamamos "de La Haye Sainte o llanura B". Houssaye dice que hubiera sido imposible pensar en descender hacia el pequeño valle mesetas por el exterior de mesetas y caminos. Admitámoslo.

Pero hubiera sido posible maniobrar en las mesetas y haber utilizado la carretera asfaltada de Bruselas que corta después La Belle Alliance hasta la llanura de La Haye Sainte, donde no había riesgo que las piezas permanecieran hundidas en una depresión. Una vez en posición, la Gran Batería, o una segunda masa de artillería, podría haberse beneficiado de la retirada de la artillería anglo-holandesa. Esta segunda masa, moviéndose bajo la protección de la Gran Batería, podría ahora ser desplegada en la meseta de La Haye Sainte, a derecha e izquierda de la carretera. Es cierto que tal movimiento entrañaba ciertos peligros: pero la violencia del fuego no había impedido el despliegue de Sénarmont en Friedland ni el de d'Aboville, Boulard, o Davout en Wagram; despliegues que fueron realizados con un éxito total.

En resumen, la maniobra consistía en un desplazamiento de 500 metros, desplazamiento que no se produjo. Una cuestión obsesiva que martillea sin descanso las mentes de los seguidores de la campaña de 1815:




¿Por qué?"

¿Por qué Napoleón no pensó en ganar la batalla con la mejor artillería en el mundo, admirable en el vigor, la precisión y el heroísmo? ¿Por qué Napoleón olvidó sus inicios como oficial de artillería en Toulon? ¿Porqué, en lugar de perder el tiempo en una teatral puesta en escena teatral del ejército, Napoleón no se preocupó de una preparación mejor de la artillería?

 
Representación de las posiciones francesas y La Haye Sainte en el centro en el film Waterloo (1970). La gran Batería estaba situada más a la derecha.

El tiempo ahorrado pudo ser aprovechado para ocupar la meseta de La Haye Sainte con infantería y flanquearla con la caballería. Por lo tanto, el desplazamiento hacia adelante de una masa de artillería sólo se habría encontrado con la normal oposición de las baterías enemigas.

Napoleón tenía 266 piezas contra las 174 que tenía Wellington. Así que si 80 piezas no eran suficientes para la Gran Batería, no hubiera habido ningún problema para Napoleón en duplicar su número mientras mantenía una reserva. Una vez las 80 piezas hubieran estado a la altura de la Belle Alliance, las otras 80 podrían avanzar sobre la colina por encima de La Haye Sainte, a derecha e izquierda de la calzada, donde Napoleón hubiera podido aplastar al enemigo. Dependía de él iniciar la preparación de artillería desde las 10 horas. Napoleón dijo en Santa Elena que, el 18 de junio, después de su desayuno a las 8 horas, inmediatamente después, alrededor de las 9 de la mañana, "los oficiales de artillería, que habían recorrido la llanura, anunciaron que la artillería podía maniobrar, aunque con algunas dificultades que, dentro de la una hora, habrían disminuido".

Habiendo justificado Napoleón sus actos en St. Helena, podemos, sobre la base de este testimonio, poner en tela de juicio todas las legendarias afirmaciones concernientes al terreno; afirmaciones destinadas unicamente a disculpar las numerosas faltas producidas durante día. Sin embargo, continuemos con nuestro análisis.

Supongamos la entrada en acción de la artillería a las 10 horas. A las 13 horas, después de tres horas de fuego intenso, similar al producido en Friedland o Wagram y, mucho antes de que Bülow hubiera presentado un solo hombre hacia Chapelle-Saint-Lambert, el ejército británico habría sido desorganizado totalmente y, Erlon, Lobau y la Guardia, subiendo por las laderas de la meseta de Mont-Saint-Jean, lo habrían dislocado fácilmente con una carga. Por lo tanto, Napoleón descuidó tanto la acción del cañón como la maniobra, olvidando sus palabras de La Riboisière sobre el campo de batalla de Wagram "En Eylau, vuestra artillería me sostuvo poderosamente, hoy ganará la batalla". No es que su memoria se hubiera desvanecido, pero si que lo había hecho su orgullo.


Wellington es un mal general... 

"Wellington es un mal general y sus soldados, malos soldados ..." dijo Napoleón en Le Caillou después del almuerzo del 18 de junio por la mañana, cuando el Mariscal Ney y el general Reille le habían señalado que los ingleses eran inexpugnables cuando se trataba de mantener una posición. Entonces, ¿qué maniobras de artillería necesitaba cuando solo sus pensamiento, sus sueños y su ilusión eran suficientes para transformarlo todo. Aparte de su concepto personal, nada lo toca. Ciertamente, Wellington había albergado su infantería y las reservas detrás de las crestas del terreno. Es cierto que con el desplazamiento hacia delante de la artillería, descuidamos los serios obstáculos que el general inglés había acumulado en la parte frontal, principalmente Goumont [Hougoumont].


Representación de las posiciones francesas y Goumont a la izquierda en el film Waterloo (1970).

Admitamos que no hemos presentado más que un esquema de la maniobra de la artillería, y vayamos más adelante en nuestro pensamiento.


Tres llanuras estratégicas - Posiciones

Si examinamos la dirección de Rossomme a Braine-l'Alleud, vemos que la gran llanura oblicua se extiende desde la carretera de Bruselas justo en el extremo derecho inglés. El camino de Genappe corta allí en línea recta (punto C en el plan Craan). Por tanto, esta llanura era fácilmente asequible. Otro elemento, al que no se hace mención en ninguna parte, es que las baterías de Reille o las de Kellerman hubieran encontrado la menor dificultad en maniobrar. La cresta en cuestión discurre aquí por Goumont y se sumerge en la espesura de sus bosquecillos a 300 metros.


Llanura C, posición aproximada


Disponiendo allí sus baterías y extendiéndolas hasta la bifurcación de la carretera de Nivelles a Mont-Saint-Jean, la artillería francesa podría tomar de enfilada una parte del camino de Ohain y los pliegues del terreno donde Wellington albergaba sus reservas. Las piezas de 12, con un alcance de 1.800 metros, podrían fulminarlas a la altura de la calzada de Bruselas.

La maniobra completa de la artillería se deriva de la posición de esta llanura, la que llamaremos "la llanura del camino de Genappe" o "llanura C". Si las condiciones climáticas no permitían maniobrar en el fondo del terreno, al menos tenía que usar las crestas; la artillería se podía dividir en tres masas:

- La primera, como ya se encontraba, a la altura de la Belle Alliance (A), con el objetivo de forzar a la artillería de Wellington a retirarse.

- La segunda, aprovechandose de esta retirada, desplazarse unos 500 metros sobre la segunda llanura, delante de la Haye-Sainte (B).

- La tercera, al mismo tiempo, para aplastar Goumont bajo fuego y silenciar la artillería del ala derecha inglesa (C).


Las tres llanuras A, B y C en el mapa de Craan.


Ambas baterías dominando Goumont y La Haye Sainte podrían tomar de enfilada todos los desniveles del terrenos y pulverizar al ejército de Wellington, en tres horas de fuego sostenido. Por lo tanto, una parte de la infantería francesa podría ser lanzada con los tiradores sobre las crestas de las llanuras; mientras que el resto, formado en columnas de asalto en el intervalo o en los flancos de las baterías podría proporcionar una protección eficaz contra cualquier ataque enemigo y pasar a la ofensiva en el momento adecuado. Los cuerpos de caballería podrían completar la defensa de las masas de artillería. Ante tal despliegue, qué decisión podría tomar Wellington, si no es la de una retirada en desorden y esto es, mucho antes de la llegada de los prusianos?

Con 174 piezas contra los 266 francesas, superiormente servidas, su derrota era segura. No admitiendo la derrota sin luchar, y para ganar al menos el tiempo y el espacio en una retirada, Wellington se vio obligado a intentar un ataque. Por ello, debía salir de sus líneas, descender hacia los pequeños valles y remontar las laderas al asalto del ejército francés. Era la batalla al revés y el final del plan ingles. Frente a una contraofensiva, la artillería francesa hubiera podido disparar la metralla.

En resumen, el aspecto de la batalla podría cambiar completamente sólo con la preparación adecuada de la artillería. En menos de cuatro horas, las anglo-holandeses hubieran sido destruidos, el golpe podía haber sido dado por las tropas de Erlon y de la Guardia. Pero entonces. para obtener tal resultado, hacía falta maniobrar, tomarse la molestia de estudiar el terreno y de poner en juego los elementos de la victoria; tantas cosas que Napoleón consideró innecesarias. Es en esta etapa de nuestro análisis, es esencial recordar las posiciones de 18 de junio 1815 y no tomar en consideración las leyendas.

Para ello, tomamos como referencia el coronel Camon, que nos dice que la Gran Batería estaba a unos 1.500 metros de la línea inglesa. Así que no puede haber ninguna duda de que estaba bien posicionada en la llanura de la Belle Alliance (A). Thiers, escribió que la Gran Batería, discurriendo por el pequeño valle entre los dos ejércitos, enviaba sus proyectiles sobre la parte posterior de la llanura y que cayeron en el centro del ejército británico. Obviamente Thiers nunca se molestó en visitar los campos de batalla. Napoleón, en sus "Memorias", habla de 10 divisiones de artillería emplazadas "en la izquierda apoyada en la calzada de Charleroi, en los montículos más allá de la Belle-Alliance y enfrente de la división de la izquierda del I Cuerpo." Esta explicación encaja bien con las de Camon y Houssaye. La cresta dominante de la llanura de La Belle Alliance (A) está más allá de la granja y enfrente del camino de Papelotte donde estaban situadas las 4 divisiones del I Cuerpo.

¿Qué quiere decir Thiers con su "pequeño valle entre los dos ejércitos"? Vamos a tratar de explicar este embrollo.

Leyendo la historia de Thiers, que se imagina que las tropas francesas parten de la primera llanura (A) para hacer frente a las crestas del camino de Ohain, tenían que descender a un pequeño valle y remontar un pendiente. Al menos eso es lo que este tipo de narrativa legendaria, que el tiempo contribuye a hacer pasar por creíble e incrustado en la memoria popular, tiende a hacernos creer. Pero esto es un gran error. Entre la llanura de La Belle Alliance y el camino de Ohain, el terreno afecta la misma forma que en la llanura de Mont-Saint-Jean, a saber ondulaciones y desniveles sucesivos del terreno. Las tropas de Erlon, las divisiones de Foy y Bachelu y toda la caballería francesa estaban situadas en una hondonada antes de una meseta y se quedan en un nueva hondonada que se encuentra en las laderas al pie de la carretera de Ohain. Esta segunda llanura, orientada al igual que la primera, es la de la de Belle-Alliance. Esta se acentúa especialmente a la izquierda de la carretera Bruselas y se redondea en forma de semicírculo. A partir de ahí se extiende hacia Goumont, el semicírculo dominando claramente La Haye Sainte, que se encuentra a unos 1.000 metros de la Belle-Alliance.

La situación está pues muy clara, tanto a la derecha como a la izquierda de la carretera de Charleroi a Bruselas. A partir de la Belle-Aliance, las tropas francesas tenían que recorrer cerca de 500 metros para encontrarse sobre la cresta de la segunda llanura, 1.000 metros para alcanzar la Haye-Sainte, y 1.500 metros para abordar la cresta del camino de Ohain defendido por los ingleses. La situación es menos simple e ingenua que la que presenta Thiers, pero tiene el mérito de ser clara y de dar a entender la batalla. Porque, si ambas posiciones habían sido separadas sólo por el "pequeño valle" de Thiers, no se explica, que después del fuego de la Gran Batería, porque un solo soldado inglés haya permanecido en pié, desde el camino de Ohain hasta Mont-Saint-Jean.



Las maniobras de la artillería. Comentarios

Tres críticas pueden verterse en este punto:

1. La inmensa mayoría de los autores mencionan que los bombardeos transformaron el campo de batalla. En cuanto a la hondonada de Ohain, situado entre las calzadas de Charleroi y Nivelles, el hecho es cierto hasta cierto punto. La realización de la Butte du Lion exigió 32.000 metros cúbicos de tierra, pero estas tierras fueron tomadas del lado inglés, y si estos trabajos eliminaron los setos, la carretera y el sablonnière, no tomaron un terrón de tierra en el lado por donde discurrían las llanuras objeto de nuestro análisis, es decir, el conjunto B, a 400 ó 500 metros antes de la Haye Sainte y la llanura C a la izquierda de Goumont.

2. Podría decirse que el relieve de las llanuras B y C es menos acentuado que el de la llanura A donde se encontraba emplazada la Gran Batería. Como resultado, también estaban por debajo unos pocos metros en comparación con las baterías inglesas del camino de Ohain.

Lo admitimos. Pero si para atacar una posición siempre hay que disponer de las alturas para aplastar al enemigo y no arriesgar nada, cualquier ataque sería imposible. Sénarmont había arriesgado mucho en Friedland. La gran ventaja de las llanuras B y C, es que estaban más cercanas a las reservas británicas que las de la Belle-Alliance, en torno al medio kilómetro. Entonces, las baterías emplazadas en estos lugares no hubieran visto condenadas a un inútil "fracaso": habrían aplastado al enemigo.

3. Para la instalación sobre la segunda llanura, puede argumentarse que no existía ningún camino, y que toda maniobra era imposible. Sin embargo, para llegar allí, los franceses tenían la gran calzada de Bruselas. Se trataba luego sólo de un esfuerzo de 200 ó 300 metros para la pieza más alejada de este camino, y sobre una llanura, no en una hondonada. Entonces, Wellington hizo maniobrar sus piezas sobre la llanura inglesa, Blücher hizo acercar sus canones en los baches del arroyo de Lasne. Abundando más, Houssaye habla de ambas baterías que acompañaban al I Cuerpo. Estas baterías habían sido sableadas por los jinetes ingleses que, después de haber cortado las cintas de los enganches, voltearon las piezas en los barrancos, pero no está probado de ninguna manera que hubieran sido atravesadas en el terreno.

Por otra parte, Houssaye dice que Ney había instalado una batería en una loma cerca de La Haye Sainte, y 2 piezas de 8 se adelantaron con los cuadros de la Vieja Guardia. Por lo tanto, un desplazamiento de 500 metros era posible para una masa de artillería. Sirviéndose de la carretera de Bruselas y del camino de Goumont, Napoleón pudo aprovechar la superioridad numérica de su artillería. Pero en este caso, como para la infantería y la caballería, era importante no despreciar la maniobra.

Aquí termina nuestro análisis.

Sabemos que con el "si" y las suposiciones es fácil de reescribir la historia. Lejos de nosotros la idea y menos aún las de incomodar a nadie. Nuestros comentarios se basan exclusivamente en elementos comparativos tales como Jena, Friedland o Wagram, muchas combates donde la artillería desempeñó un papel determinante en el resultado de la batalla, a pesar de las dificultades del terreno. La Campaña de Francia también podría citarse como un ejemplo en el uso "rentable" de la artillería.

El plan de la campaña de Napoleón en 1815 se presenta como uno de los mejores después de la de Austerlitz; pero, nos guste o no, nos vemos obligados a reconocer que la batalla de Mont-Saint-Jean es la más incoherente, la más deshilvanada y la más lamentable de todas las guerras del Imperio.

Pero entonces, Mont-Saint-Jean es el punto de partida de la leyenda napoleónica, y tan a menudo la memoria popular sólo conserva los gestos épicos, aunque hayan sido inútiles. Esta misma leyenda, servido por los historiadores, sobre todo, ansiosos por mantener el espíritu nacional durante las horas oscuras de la historia de Francia, finalmente distorsionó por completo la realidad de los hechos. Lo que es más difícil que conseguir es una idea objetiva a través de una literatura o, enteramente dedicado al emperador, o notablemente hostil al Imperio, o principalmente centrada en las suposiciones. La historia debe ser estudiada objetivamente. Y si descubrimos que no coincide con la imaginería de Epinal y con la que han descrito los cantores de la leyenda, no hay que olvidar que la historia la escriben los hombres de carne y hueso; hombres que tienen sus limitaciones, sus debilidades. Admitir esto no oculta todo lo que han hecho ellos, más bien al contrario, se mejora aún más su prestigio y aumenta toda la obra que nos han dejado.

El 18 de junio de 1815, como a lo largo de toda la campaña de Bélgica, el soldado, ya fuera infante, jinete o artillero, fue fiel a sí mismo e hizo honor a sus banderas, y esto no es ninguna leyenda.

¿Puede decirse lo mismo del alto mando? Este es otro debate ...!



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(1) Realmente la exactitud del mapa de Craan es de remarcar ya que la herramienta de Regla de Google Earth nos da unas distancias bastante similares en su mapa. Lo que nos permite comprobar que hay una sustancial diferencia de los 1500 m que se cogen de referencia en el estudio de P. Maes hasta la teórica posición de la Gran Batería, con una diferencia aproximada de casi 300 m.


(2)  En cualquier caso, para estos calibres y distancias siempre estaremos hablando de alcances máximos, por lo que el alcance efectivo era considerablemente menor, en ocasiones apenas un poco superior a la mitad del alcance máximo. (http://www.napoleonguide.com/artillery_ranges.htm)

(3) http://byroncillo.blogspot.com.es/2015/04/el-mapa-de-waterloo-de-wb-craan-de-1816.html



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Fuentes:

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Imágenes:

- https://commons.wikimedia.org/wiki/File:General_Antoine_Drouot.jpg#/media/File:General_Antoine_Drouot.jpg
- © Mosfilm / Dino de Laurentiis Cinematografica - Waterloo film (1970)